Jódete y crece

Jódete y crece

Tanta veces oigo comentarios sobre las nuevas generaciones…, que no tiene aliciente por nada, que no leen, que están desinteresados por la política y más por la economía, que se mueven en un mundo de inestabilidad emocional inaudita, que si simplemente transgreden la norma para divertirse, que si no tiene expectativas, que solo piensan en el sexo y en la bebida, que en qué manos vamos a dejar esta sociedad de consumismo y desarraigo.

Sin embargo, otras muchas tantas veces veo y constato que hay jóvenes que luchan precisamente por cambiar esa concepción de la vida fácil y se plantean retos y quieren producir, crear, que están concienciados con que no se puede continuar por la senda del todo vale y que me lo den todo hecho. Al contrario, saben lo que quieren y pretenden conseguirlo, aunque no se vengan abajo a la primera de cambio, o cambien el protocolo de actuación, o no se atengan a lo comúnmente establecido.

En Jódete y crece, de Juan Pablo Cuevas, se nos plantean muchas de estas cuestiones. Esos jóvenes que, sin negar su derecho a divertirse, deben enfrentarse a noes en la búsqueda del empleo, a negaciones en el reconocimiento de sus valías y valores, a noes en los créditos, incluso a noes en sus relaciones personales. Y así, van cambiando de parecer, denotan inseguridad en algunos momentos, y aunque no buscan acomodo sí quieren bienestar como es lo lógico, y van encontrando puertas cerradas y desestructuran sus hábitos pareciendo, a veces, que no saben lo que quieren.

En este texto se habla, se dialoga, se duda, se emocionan, descubren, viven, sienten y padecen. Es decir, se joden y crecen, porque nadie les va a sacar las castañas del fuego ni ellos quieren. Quieren hacerse valer y si, además, tienen sexo, y locura, e ilusiones, entonces es cuando demuestran que no son eso, parias que viven de la sopa boba de los padres.

Alejandra Martínez de Miguel lo dirige con una escenografía explícita de una cama, que puede ser símbolo no solo de amores de pareja y triangulares, sino de espacio de soledad donde uno piensa en voz alta lo que le preocupa, símbolo también de los sueños que pretenden.

Lo interpretan muy solventemente el propio Juan Pablo Cuevas, junto con Bárbara Valderrama y Manel Hernández, los tres con la frescura necesaria, con diálogos ágiles y monólogos más que sobresalientes, donde nos implican a los espectadores para que tomemos conciencia de que la realidad también puede ser teatral, cómica, dramática, cercana y desafiante.

Carmina Burana

Carmina Burana

Cantos de goliardo, poemas de amor, de erotismo, de sensualidad, de exultante composición musical, de grandiosa puesta en escena, de luces y sombras, de imágenes oníricas y simbolismo, de agua, infierno, aire, de ninfas, de prosaica naturaleza,…

Montaje desgarrado y poético, tremendo en sus voces y en su ejecución musical, amable y despótico, suavidad y violencia. Hay elegancia expresiva en todos los lenguajes utilizados. Mientras la ópera de Carl Orff se va haciendo viva, necesaria para los oídos, las escenas se suceden entre mito, edad media y actualidad en los iconos utilizados, y la voz del coro, de la soprano, del contratenor, de los barítonos, se nos cuelan en el corazón ante el asombro de tan admirable espectáculo de La Fura dels Baus, que no deja indiferente porque es una constante sorpresa.

Carmina Burana, los textos, presentan un variado abanico de temas y formas de composición. Hay poemas satíricos, amorosos, de taberna, mezclados con la llamada a la religión, citas bíblicas, e incitación a vivir al margen de reglas, libres y despreocupados, errantes y mendicantes de buen vino, sexo y monedas.

Carmina Burana de Carl Orff, es una cantata compuesta entre 1935 y 1936 en la que destacan la percusión y la repetición de melodías que para nada se hacen monótonas, al contrario, se nos hacen amoldables al oído y con el ritmo variado y las voces perfectamente coordinadas nos llegan al sentimiento interno a través de la venas.

Carmina Burana de La Fura dels Baus, es espectáculo en su totalidad. Orquesta en directo, espacio que también “invade” el patio de butacas, la luna sufriente, el cambio climático con el deshielo, cascadas de agua que refrescan a las ninfas, tabernas y asados humanos, el fuego del infierno y el agua roja de uva y sangre, corazones palpitantes, carmín para los labios, los fuegos artificiales y el carpe diem, vive el momento y disfruta de todos los sentidos.

Y eso es lo que hacemos, disfrutar con todos los sentidos de un montaje novedoso, deseando más, queriendo que empiece de nuevo para no perdernos detalles que en una sola visión nos pasan desapercibidos.  “Ven, ven, amigo mío, ardientemente te ansío; ardientemente te ansío, ven, ven, amigo mío”.

Por los pelos

Por los pelos

Puede que usted haya sido testigo de un crimen y lo llamen a declarar en cualquier momento. O que sea seleccionado como parte integrante de un jurado popular para determinar la culpabilidad o inocencia de ciertos acusados o sospechosos. Puede, simplemente, que le gusten las historias de misterio, las novelas de suspense donde hay asesinatos y un investigador que de forma sorprendente da con el asesino. Puede, aún más sencillamente, que le guste el teatro, más concretamente la comedia, y quiera ser partícipe, al menos indirectamente, de uno de esos montajes.

Pues en Por los pelos de Paul Pörtner tendrá de todo eso. Usted puede ser investigador, colaborador con la policía, jurado que dictamine su veredicto,… pero ¡ojo!, que también lo pueden declarar sospechoso e, incluso, Usted puede ser el asesino (¿recuerdan la comedia de Alfonso Paso?)

Con un guion suficientemente solvente como para ser la comedia más representada de la historia de Estados Unidos, eso dicen, pero, a la par, con los flecos abiertos para que los actores puedan improvisar en función de las opiniones, preguntas y comentarios de los espectadores, hilan esta comedia de Cluedo, este argumento tipo Agatha Christie humorístico, este texto de misterio, adaptado y versionado por Santiago Sánchez, donde nada es lo que parece, donde todos ocultan algo y donde cualquier personaje puede ser el asesino. Eso dependerá del público que vaya esa tarde. Bien pensado. Así nadie puede desvelar el final.

El elenco, encabezados por Juan Gea, como inspector, que también resulta sospechoso, no por cómo lo interpreta sino porque ya vemos motivos hasta en sus gestos, pasando por su ayudante, y las cuatro almas cándidas que, aunque no tienen perfecta cara de asesinos psicópatas, harán que con sus acciones y palabras, nos estemos preguntando quién ha sido o, incluso, si hasta habrá víctima. Carles Castillo, Marta Chiner, Rafa Alarcón, Lola Moltó y Carles Montoliu, que se integran con el público o se enfrentan a él. Y eso los hace cercanos y como consecuencia querramos perdonarles la condena. Tan solo no me agradaron ciertas alusiones políticas que no venían al caso, aunque el personaje se preste a ello. Hay que cuidar ciertas formas, pues los espectadores somos muy variados y alguien puede sentirse ofendido. Al fin y al cabo, lo que queremos es diversión, cultura, entretenimiento, ingenio, tolerancia, libertad. Y una buena comedia para pasar un rato y reírnos.

Nada

Nada

Vivimos en un mundo adolescente de descreimiento. Antes, en mis tiempos, se llamaba pasotismo. Luego se les llamó generación “ni-ni”. Siempre ha habido y habrá inconformismo con la sociedad que les toca vivir a nuestros jóvenes. Decepción, desvalimiento, desencanto,…

Falta motivación y estímulo. Si hay una idea extendida de que después de la vida no hay “nada”, ahora se nos plantea con este montaje que antes de la muerte tampoco hay ni somos “nada”.

Nada, basada en un texto de Janner Teller, donde nada tiene significado. Todo es inútil, la nada impera entre nosotros. Eso proclama un líder estudiantil que deja de ser estudiante para subirse a un árbol. Sus amigos no saben si admirarlo o denigrarlo. Pero lo provocan. Quieren hacerle caer de ese árbol y que se contradiga. Para ello se meten en una espiral inconsciente que cada vez va a más en lo trágico y grotesco y aún así, para el osado joven que ve las cosas de distinta manera todas esas acciones, iconos, símbolos, gestos, situaciones desmedidas,… no tienen significado. Todo es nada.

Sus compañeros no podrán soportar esa osadía. Da igual lo que opine el resto del mundo. Su amigo los ha cuestionado. Y así, la tragedia se acrecienta y todo lo que hagan no servirá para nada más que para constatar unos hechos aciagos.

La Compañía Ultramarinos de Lucas ha trabajado con las opiniones e improvisaciones de estos jóvenes actuales. Aplican la técnica teatral, la interpretación emotiva, el lenguaje escénico y nos traen una representación cargada de ritmo y sentimientos, entre el texto expositivo y la narración realista, entre los personajes creíbles y las situaciones desmedidas.

Dirige Jorge Padín, que también actúa junto con Marta Hurtado, Juam de Lucas y Juan Berzal, todos con la fuerza suficiente para afrontar este texto con el que se nos plantea no solo el hecho de la existencia anodina o no que llevan los adolescentes, sino el de una sociedad que vive a expensas del que dirán, del comercio, de la especulación artística o personal, de la comunicación, del aislamiento, del tanto tienes tanto vales, del de los retos sin sentido, de lo que tiene significado o no, de todo y de nada, al mismo tiempo.

El coronel no tiene quien le escriba

El coronel no tiene quien le escriba

Hay amargura en este montaje. Hay derrota, pero no desilusión. El coronel sigue esperando el sueldo que ha solicitado, simplemente porque le corresponde. No quiere que le regalen nada. Solo pide justicia. Como tantos grandes personajes de la literatura y de la historia. Como don Quijote, como Antígona, como la Laurencia de Fuenteovejuna; y como en otra obra teatral, el coronel seguirá “esperando a Godot” en forma de reconocimiento económico.

Él no es un artista al que se le pueda considerar peligroso. Solamente cumplió con su deber y no se lo pagan. Los artistas trabajan con las emociones y el coronel y su esposa lo que tienen es hambre.

Sí trabajan con las emociones, Imanol Arias y Cristina de Inza que con la ternura de su desvalimiento, en su pequeño reducto rural, siguen esperando la confirmación a través de un correo que no llega.

Nos hacen respirar hondo, cosa que la esposa no puede hacer por su asma, y los silencios del coronel calan como frío en el cuerpo.

En este montaje versionado por Natalia Grueso sobre la gran pequeña novela de Gabriel García Márquez, está la literatura de Gabo. Está implícita la poesía, aunque no se vea. Está la ternura, está el cariño que se tienen entre ellos y el cariño que ha puesto Carlos Saura al dirigirlos, sabio en estas lides. Está la emoción de Cien años de soledad y el escarnio, está el destino que ha empezado a olvidarse de ellos, están los sueños, porque los sueños, de momento, siguen siendo gratis.

En El coronel no tiene quien le escriba hay miseria. La de los protagonistas y la de los personajes circundantes que saben de la precariedad de los primeros y casi quedan indiferentes hasta la desidia. El coronel y su esposa no pueden seguir el mismo ritmo que ellos. Están solos.

Pero Imanol y Cristina no. Nos ganan con el corazón, con la ingenuidad y con el desasosiego por el que están pasando. Y nos quedamos mudos ante las palabras finales, la palabra última que cierra este montaje. Y entonces, la recompensa que le llega al coronel es el aplauso grande, sincero, entrañable.

Shock. El cóndor y el puma

Shock. El cóndor y el puma

Un Shock nos produce este montaje. Tremendo. Desgarrador, real, impresionante. Unos hechos acaecidos no hace tanto tiempo. Un tiempo no muy lejano. Yo los recuerdo. Recuerdo y hay imágenes para recordarlo. Hay sentimientos todavía a flor de herida. Hay testimonios, hay experiencias, vivencias, desapariciones que nunca debieran haber sucedido. Y, lo peor de todo, es que puede seguir sucediendo, sigue pasando, sigue existiendo ese nivel de intolerancia, esa violencia, ese miedo, esa persecución, esos fantasmas que se ciernen sobre los pensamientos. Los pensamientos de aquellos que no pensamos como ellos.

Ellos, los prebostes de la economía y la política. Los que se creen que pueden decidir cómo gobernar un país, a quién poner o quitar, los que siguen pensando que estás conmigo o estás contra mí.

La palabra Libertad les da miedo. No es el subterfugio de los comunistas, los obreros, la igualdad de clases, el derecho a la dignidad,… no, es el temor a la libertad. Si somos libres, podemos pensar y, lo que es peor, actuar, equilibrar la balanza, ser más justos y solidarios, más humanos, estar menos sometidos, y eso, no lo quieren ellos.

En Shock, el cóndor y el puma se relatan unos aciagos hechos que aún colean, creando otros, reviviendo un extremismo no permisivo porque les impedirá crecer en sus cuentas bancarias y en su poder omnímodo de manejarnos a su antojo.

Andrés Lima dirige un gran testimonio. Con textos de Albert Boronat, Juan Cavestany, Juan Mayorga y el propio Lima, nos presenta un trepidante hecho histórico. Partiendo de una teoría, “neoliberalista” que da miedo de por sí, nos lleva al pasado de un golpe de estado en Chile, de una represión inhumana de desaparecidos y muertos, de torturados y falsos estados de bienestar y prosperidad, como un mundial de fútbol, de encuentros entre mandatarios sin escrúpulos, de una operación urdida entre estados para tenerlo todo bajo control, El cóndor y el puma, agazapados esperando su presa para dejarnos exhaustos y que tengamos miedo de protestar y de que no pensemos solos. Que no seamos libres de sentimientos.

El elenco, Ernesto Alterio, Ramón Barea, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa y Juan Vinuesa, se dejan la piel, el alma, el espíritu, utilizan todas sus armas interpretativas para salir y entrar de situaciones y personajes, para hacernos temblar de pánico, de emoción, de credibilidad, de denuncia, de deseo porque nunca se repitan estos desmanes de unos pocos. Luchemos para la libertad, la memoria, el conocimiento. “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”. No más Shock, ni físicos ni psicológicos. Que el teatro también sirva para eso.

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