Si Plauto levantara la cabeza, se echaría a reír inmediatamente y se pondría a cantar, porque sería, entonces, un hombre de su tiempo. Si era capaz de arrastrar una piedra de molino, ¿por qué no iba a ser capaz de idear, diseñar, escribir y montar una obra con la estética circense, los personajes vestidos de payasos, la banda musical participando de la trama, enredando el enredo, provocando la hilaridad, cantando a voz en grito y gritando con la exageración del desesperado comediante? Y aunque la comedia no es exactamente de Plauto, en él está basado este libreto ingenioso e imaginativo.

La sala ríe y aplaude, brillan los maquillajes y sorprende el vestuario. Los intérpretes gozan y quieren que los espectadores disfrutemos con ellos. Ahí hay un ejército de cómicos, encabezados por Carlos Latre, sacando su bagaje, no solo de humorista e imitador, sino de cantante, de histrión, de payaso, de comediante, de inteligente esclavo que quiere la libertad y la consigue (de salir del subsuelo al principio, acaba yéndose por el aire). El cielo, la gloria y la libertad le esperan.

Se unen a él un buen nutrido de profesionales bajo la batuta en la dirección musical de Xavier Mestres y el encaje de todas las piezas de Daniel Anglès.

Golfus de Roma, no es solo un espectáculo musical. Es también colorido, es implicación del público, es voluptuosidad y picardía, es la locura creativa de unos orates con sentido. Hay de todo, menos silencio. Menos tristeza, ya lo cantan al principio. Vuelve la comedia desde tiempos latinos a La Latina. Solo les ha faltado hablar en latín, pero sería demasiado exagerado. También Plauto introdujo canciones y danza. Mantiene, este Golfus de Roma, la complejidad argumental de varios hilos a los que hay que seguir sin perder el hilo redundante. La utilización del lenguaje es coloquial, con sus peculiaridades pseudobscenas, y sus guiños groseros, sus chistes a la actualidad o a otros personajes populares, y el equívoco.

Cortesanas, soldados narcisos, viejos verdes, esclavos divertidos, enamorados pipiolos, señoras de carácter, payasos torpes, músicos divinos. El fin es hacer pasar un rato jovial al público.

Recursos metateatrales o metacircenses, con variedad de números musicales y de ingenio acústico, diálogos chispeantes, voces potentes y bien impostadas, el escenario lleno de alegría, comicidad y espectáculo vivo.

Bitnami