Que las mujeres en el siglo XVII escribiesen, era como pensar que estaban endemoniadas. Más o menos lo que, lamentablemente, hoy en día mucha gente sigue pensando. ¡Mujeres atrevidas que se atreven a emular a los hombres! Es incomprensible.

Aunque lo que es sí es incomprensible es que tuvieran el valor de hacerlo. Que se atrevieran a quitarse el sombrero, que se atrevieran a acceder a cátedras, que empuñaran el intelecto para utilizarlo como arma, para dar luz a las tinieblas, para iluminar un panorama demasiado tendente al patriarcado y al machismo, por supuesto. Y estoy hablando de todos los tiempos. Incluso de los actuales.

Pero, Ángela de Azevedo, portuguesa que escribió en castellano, siguiendo las normas del teatro Barroco español, se atrevió y lo hizo con denuedo. Solo se conocen tres obras de ella, entre ellas, “El muerto disimulado”, enredo, lenguaje retórico, el exceso, disfraces de mujer a hombre y, lo que es más insólito, de hombre a mujer y un muerto que no está muerto. Equívocos y situaciones hilarantes, pero todo ello aderezado con la visión actual de Laura Garmo y Nacho León, que nos lo traen ahora, que le ponen nota musical, que le ponen humor y actualidad, ritmo, cariño, sentimiento.

Y acercamiento. Complicidad con el espectador que ve la comedia con los ojos del cuadro técnico. Es decir, nos explican, nos hacen partícipes, nos convertimos en colaboradores de la trama, prestidigitadores del argumento que aceptan lo que está pasando porque nos lo estamos creyendo.

Para ello contribuyen muy mucho los seis intérpretes, Víctor Antona, Rodrigo Casillas, Manuel de la Flor, Lidia Guillem, María Herrero y Montse Simón, que le ponen entusiasmo, apaciguan los demonios de la autoría de Azevedo, y se convierten en los mejores gestores de sus personajes que defienden con espadas invisibles, con sonidos radiofónicos, con el verso bien pronunciado y moviendo tres bancos con soltura y desparpajo para crear ambientes claramente imaginados.

¿Endemoniadas? Valor es lo que demuestran Laura Garmo y Nacho León al mostrarnos por primera vez este texto desconocido del barroco a la altura de Tirso, de Calderón, al destapar a quien estaba escondida, a caminar a su lado, a rescatarla del desconocimiento, porque ni siquiera era olvido, al hablarnos con este lenguaje teatral y poético, porque el teatro bien hecho siempre será bien recibido y nosotros queremos conocerlo. Y disfrutarlo.

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