De aburrida no tiene nada. Pero nada de nada. Desde el principio es un imán que nos atrapa. Amable, sí. Familiar, sí. Divertida, mucho. Se funde en la emoción con una sonrisa encima. Y además, es educativa, pero no se asusten, porque nos enseña con alegría como cuando la lluvia cae después de una sequía. Se disfruta. Está nuestra historia barroca en ella. Nuestros orígenes de la comedia del arte y de la comedia nueva. El entretenimiento de aquellos días que llega hasta nuestros días (ídem). Se mezcla lo actual con lo que sucedía. Se extrae la esencia más pura y viva de nuestros cómicos, del único espectáculo (el teatro) que se mantiene y perdura después de siglos de andadura. Nos agita.

Carreta y manta, porque en aquella época ni carreteras había. Carreta de Tespis, carreta de cómico de la legua, carreta cálida y humana. Y manta que protege del frío y de la lluvia, de la intemperie, o de las coles y berzas que lanzaban si la comedia no era del agrado del respetable público que a ver la función acudía. Pero no es el caso. Lo pasamos pipa. Hay hasta una rifa. Hay canciones. Hay simpatía. Hay conjunción de arte y comedia. Hay compañía. La Sin fin.

18 años ya, quién lo diría. Rosi Tejera con Pacheco, dejan de ser ñaque, para ser gangarilla, o cambaleo o bojiganga, garnacha, farándula,… en definitiva, Compañía, si nos incluimos nosotros, los espectadores que somos uno más de la familia.

Nos ofrecen más que un entremés, más que una loa, más que unas jácaras, más que mojigangas, es una pieza teatral con toda la filosofía de los sueños hechos realidad en el escenario fascinador que ocuparan Arlequín y Colombina. Pero aquí con flauta mágica, con zapateado y con mucha alegría.

Paca López, desde la dirección, nos ofrece un rico y jugoso juego de maravilla escénica. Y con una escenografía sencilla, pero funcional y tremendamente acogedora, un pozo y una carreta, montan un tablao, una plaza de pueblo, un balcón, un atardecer para pasar una velada teatral al más puro estilo de la comedia antigua.

Rosi Tejera, Manuel Maté “PACHECO”, Carlos Hidalgo, Raúl Balbuena, Alba Bonal, Ángel Jodra (voz del pozo en off, ya decía yo que me sonaba su profunda voz de aguas límpidas), se deslizan sobre este paisaje escrito con acierto por Ángel Solo, que nos lleva, sin que lo notemos, a Lope de Rueda y Tirso de Molina, a Lope de Vega y Cervantes, a Guillem de Castro y Francisco Rojas Zorilla.

Necesaria esta comedia. Constatación de que aunque sea una obra familiar la calidad despierta y las dudas se disipan. Vayan a verla allá donde ellos nos digan.

Carreta y manta

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