Somos fanáticos de la comedia. Aunque también nos guste el drama. Sin embargo, una buena tragedia tampoco está mal de vez en cuando. Pues bien, sabiendo todo esto, los productores de El Terrat, deciden aunarlo todo y servirnos una tragedia cómica dramática.

Y con un guion, escrito por Enric Cambray e Israel Solà, que va ganando poco a poco en ritmo, en frenesí, en locura escénica, se levanta en el escenario una guerrilla de relaciones humanas, de falsedades verdaderas, o viceversa, de máscaras sin goma, de pasión por el espectáculo, de risas incontenibles, de emoción contenida, de rencillas que se olvidan, de asperezas suaves.

Romeo y Julieta es la excusa. Bueno, no. Es el objetivo. Es el texto menos ideal para reivindicar la fuerza de unos actores que triunfan por su vis cómica e, incluso, cantando con guitarras de juguete, o haciendo la niña de Shrek, o el tiranosaurus rex, pero que quieren ser tenidos en cuenta como verdaderos intérpretes dramáticos o, al menos, todo terreno.

Y por un escenario que pareciera montañoso, (por las dificultades que se presentan), tiene todo el equipo que usar sus cuatro por cuatro, léase: comicidad, drama, baile, concordancia afectiva.

Ese elenco magistral y maravilloso donde todos destacan, y todos, y todas, y todes, brillan, no como estrellas, sino como meteoritos que, al final, se estrellan para solaz de los espectadores que nos reímos a mandíbula batiente a pesar de mascarillas que nos tapan la boca.

Ellos y ellas y elles son Silvia Abril, David Fernández, Fermí Fernández, Oriol Grau, Mònica Pérez, Jordi Ríos y Mònica Macfer. Imposible mencionar a unos por encima de otros porque, simplemente, mantienen sus personajes con ahínco, como si fuera la vez primera, con la ilusión de verse rodeados de amigos de siempre, aguantando el tipo, a pesar de las situaciones hilarantes que se producen, de las acciones no tan absurdas, de la complejidad de montar una comedia sobre un drama que antes fue tragedia. Pareciera que la destrozan, la tragedia de Shakespeare pero, en vez de eso, la rehacen, la recomponen, la desbaratan sin truncarla, la embellecen a su manera.

Además nos dejan el prurito de pensar, ¿tanto cambiamos en 20 años? ¿Somos capaces de cumplir una promesa por amistad después del tiempo? ¿Nos mostramos tal cual somos en todas las situaciones aunque estas sean adversas? ¿Cómo se llega al teatro de La Latina? Cuestiones que nos haremos con alborozo y regocijo y satisfacción de la “dragicomedia”.

Sin duda, será El éxito de la temporada.

El éxito de la temporada

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