¿Han visto ustedes alguna vez un agujero suficientemente grande, abierto, espacioso, natural, y que además esté bien limpio, aséptico, se respire aire libre y fresco, y esté iluminado por focos, las estrellas y una luna creciente?

Yo sí. Lo comprobé anoche. Entrar en ese agujero es como salir al exterior en esas ventanas que, durante el confinamiento, nos incitaron a salir a aplaudir y a comprobar que había más gente en nuestra misma situación y no estábamos solos (ni locos). Esta noche entro en The Hole y salgo al mismo tiempo.  Hay una magia ambiental, las estrellas, las nubes, los pinos, al fondo la catedral de la Almudena, el Palacio Real, el perfil del horizonte de Madrid que nos dice que la ciudad está viva. El suave viento sigue el ritmo de las músicas, los bailes, las canciones. El silencio no se esconde, porque somos nosotros los que nos quedamos mudos, excepto por el asombro, las risas, las exclamaciones, y las peticiones en voz baja a los atentos ayudantes que nos traerán cervezas y refrigerios.

The Hole no es un agujero, es un cráter, un volcán, una boca pidiendo besos, el hueco de una mano que quiere abrazarnos, el solaz espacio donde pensamos en otras oquedades que nos traerán placer, diversión, humedad, intimismo para compartir, la abertura de un nuevo espectáculo renovado, siempre un poco irreverente, cómico y arriesgado por sus números acrobáticos, de buenas voces canoras, de pájaros humanos que bailan en el aire solo sujetos por un tela que los hace girar desafiando a la ley de la gravedad y a la gravedad de lo que hemos pasado.

La gente, el público, está entregada. No es para menos. Llevábamos meses esperando salir del agujero y, ahora que podemos, nos metemos en este otro The Hole más agradable y dicharachero, cultural y de entretenimiento, de esparcimiento y placer, de jarana y, por qué no, de cachondeo.

La encargada de hacer de hilo conductor, de maestra de ceremonias, es Cristina Medina (otros días serán Álex O’dogherty o Manu Badenes. Y la actriz, versátil y menuda, canta, baila, vuela, cuenta chistes, mete mano (o no), en un montaje de semi cabaret, medio circense, mitad musical, parte acrobático, trocito monólogos, enteramente cómica, totalmente saltimbanqui, histriónica, bufa,… artista, resumiendo.

La relación, supuestamente amorosa, es lo de menos. Es una cuestión de agujeros. Porque ese agujero podría ser una ratonera, una gatera, un socavón, un hormiguero, un hoyo, una boca como dijimos en el tercer párrafo,… imagínense lo que más gusten. The Hole es espectáculo, y pongan la tilde donde quieran, que ahí tendremos otro agujero. La cuestión es, salgan para entrar en el agujero.

También puede interesarte

Bitnami