“Mira. Mírame, Mira.” Dice el Macho impune de sus ideas. Sí, míralo, de traje y corbata, no verás la sangre que cubre su camisa, su pecho, sus manos, sus pensamientos, sus ideas, sus actos, su sonrisa irónica y amarga.

Lo peor del caso, lo terrible de la noticia, el horror de la sociedad, es que es una especie que no se extingue. Al contrario, pareciera que florecieran. Por más visibilidad que les demos, ahí están agazapados y prepotentes, enjaulados en su concupiscencia, para desbordarse de semen y de golpes, de ira y criminalidad.

Demasiados. Siempre serán demasiados, aunque haya uno solo. Pero es que, encima, suelen ir en manada, en piara más bien, y ni siquiera se ocultan bajo capirotes de vergüenza.

Belén Santa-Olalla y Rodrigo de la Calva, que entregan esta dramaturgia de Macho, crónica de identidad perdida, con toda la crueldad, la realidad, las palabras y los silencios ejecutantes de muñecas rotas, y el propio Rodrigo de la Calva que lo interpreta  dentro de un cuadrilátero fluorescente que nos ciega, con un féretro también lampírido que en vez de iluminar oscurece las falsas declaraciones de indeseables, energúmenos que llenan los cementerios de mujeres sin mostrar pudor, pues piensan que la hembra les pertenece y por eso las ponen bajo tierra.

Remueve, claro que remueve este montaje. Por eso ese silencio de horror en los espectadores. Por eso retumban los nombres reales de víctimas que perdieron sus gritos y sus lágrimas en un descampado, en una nave vacía, en un portal, en un coche, en la propia cocina, ante la mirada ausente de una sociedad que se horroriza demasiadas veces, demasiado a menudo, más de lo que nadie quisiera.

Almizcle de sangre y heces el tema, el teatro no puede abstraerse de estas noticias, de estos resquiescat in pace, y entre teatro documento, monólogos o danza macabra llegado el caso, afrontar que “la revolución será feminista o no será”, que los micro machismos aún son aceptados, que a ciertos personajes masculinos les cuesta entender que los roles de género son solo estereotipos que hay que ir dejando de lado.

Monólogo de la compañía Stroke114, necesario, crudo, real, inmediato, desgarrado, que quiere poner trasluz a lo que, un día sí y otro también, está pasando.

Bitnami