Debajo del agua todo va como a cámara lenta. Los movimientos se ralentizan y el peso pierde su gravedad. Es un elemento que nos relaja, nos refresca, nos ayuda a aislarnos del mundanal ruido ambiental. Y buceando hay quien no se atreve a abrir los ojos. Y los que los abren quisieran volverlos a cerrar. No ver lo que se acumula en forma de microplásticos que ya ocupan la extensión de un continente más, sumergido, que flota, que se traga, que erosiona, que contamina, que nos insulta, que da terror, que quiebra nuestro sistema ecológico y natural.

A través de personajes como Bob Esponja, el cangrejo Sebastián de La Sirenita, Nemo, Shark Tale, se puede llegar a la población infantil y, por ende, a sus padres para tocar la campana de alarma sobre la situación del mar. Cada vez más oscura y fea, cada vez más pantanosa y lodazal.

Eva Redondo realiza la dramaturgia partiendo de la supuesta muerte de Bob Esponja y el debacle que puede ocasionar. También el creador del personaje, Stephen Hillenburg, tocado por la terrible enfermedad de ELA, parece que se hubiera contaminado de la gran cantidad de residuos tóxicos de océanos y mares que se encuentran sin parar.

En su montaje se denuncian varias situaciones, lo mediático y la publicidad de un personaje, que aunque ficticio, puede influenciar. La barbaridad de consumo inútil, la sociedad banal. La necesidad de poner remedio o acabaremos mal.

La propia Eva Redondo dirige e interpreta este peculiar montaje con sensibilidad. Le hacen caso y enlazan unas escenas con otras, con expresión corporal, con sabor a sal, con olas refrescantes que tocan nuestras orillas, Guillermo Serrano, Miriam Correa y Ángel Perabá.

No quieren soledad. No quieren que sea un grito ahogado en el silencio de una balsa náufraga en el mar. Le es fácil flotar, sí, pero si no se hace nada, podemos hundirnos en olas gigantes cargadas de metralla en forma de plexiglás. No está lejos ese futuro y nos lamentaremos cuando digamos: no pudimos hacer más.

Afortunadamente siempre el teatro da la voz de alarma, hace sonar la bocina avisando de que vienen Kraken, Morgawr o Leviatán. Pero no como tales monstruos marinos, sino como galalita, baquelita o resina acetal.

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