El mundo infantil es un mundo de colores, de fantasía, de alegría, de despreocupaciones y de vivir día a día. Sin embargo, esas experiencias que los niños y niñas viven se van forjando en función de lo que ven, de lo que sienten, de lo que les llega, de lo que les enseñamos, de lo que interacciona con ellos.

Por eso en Emitocolors, de Eva Bedmar, hay de todo eso. Hay explosión de colores, hay cuentos, hay canciones, hay bailes, hay sonrisas. Pero también conciencia. Conciencia de la diversidad, de sentirse distinto o diferente, también atención a la tristeza, y cuidado con la violencia, con los enfados, con la tolerancia, con el amor por la naturaleza, porque de ellos será el mundo cuando crezcan un día.

Los colores son una excusa para plantearnos en forma de espectáculo rítmico y ágil los valores de la pureza y su exclusividad. Al final todos dependemos de alguien o de algo, y nadie es mejor que nadie. También buscar un lugar, el sitio en el que nos encontremos a gusto, en el que seamos admitidos no porque lo somos o de dónde venimos, sino por nosotros mismos. De la misma manera, admitir que no somos perfectos, que podemos equivocarnos, que podemos tener momentos malos, y tristezas, impulsos de mal humor, soledad, necesidad de que nos quieran, necesidad de querer a otros y desear vivir en un mundo no contaminado, ni por los plásticos ni por los humos, ni por las personas.

Espectáculo de emoción y color (Emoticolors) donde Manu Medina firma una dirección cargada de sentimiento y humor, habitual en él, que transpira vida. La música de Momo Cortés, David G. Bonacho, Diego Miranda y Nacho Bonacho, tocando todos los palos, es magnífica. Balada, blues, sevillana, rock,… en una fiesta única. Los audiovisuales también están presentes y el contacto con el público menudo tan necesario para que se sientan identificados y partícipes.

Eva Bedmar, también interpretando, junto con Cristo Barbuzano, Eduart Mediterrani y Rosi Tejera o Aida de la Cruz conforman un elenco bien compenetrado, deseosos de agradar y divertir, creyentes de lo que promulgan, hacen que pasemos una hora de estupendo teatro y se vayan forjando conciencias, buenas personas y amantes del teatro. Tarambanas, no casquivanos; tarambanas, no ligeros ni alocados, aunque sí alegres y festivos; tarambanas, no irreflexivos, sino profesionales y currantes;  tarambanas, botarates, tarabillas, parlanchines, bohemios, enredadores, revoltosos, chisgarabís,… que no dejen de cantarnos y bailarnos en este escenario y en otros donde nos lo vayamos encontrando.

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