“En mi niñez, cuando se acercaban las fechas navideñas, encontraba un estado de impaciencia especial. Pero no por lo que significaban esas fechas para mí, sino porque sabía que una de esas tardes mi padre regresaría del trabajo con una enorme caja llena de sorpresas. Un festín rodeado de virutas de madera, que servían para enfadar a mi madre después de esparcirlas por toda la casa.”

El protagonista, el empleado, sentía una especial satisfacción personal, que colmaba su orgullo, observando como la familia recibía el regalo navideño. De alguna forma, su experiencia como empleado era lo suficientemente satisfactoria como para dar por bueno el esfuerzo realizado en el trabajo. 

Tal vez muchos de los lectores no tengan este recuerdo -cosas de la edad- incluso otros sean ahora los que llevan esa cesta navideña a sus casas y son los protagonistas de la sorpresa familiar. En todo caso, podemos analizar si actualmente es recibida de la misma forma que hace unas décadas: ¿Tienen sentido este tipo de regalos hoy en día?

No cabe duda de que este tipo de acciones, llevadas a cabo por parte de la empresa,se enmarcan en la conocida “Experiencia del empleado” (Employee Experience), concepto y práctica que ha tomado un importante protagonismo en la gestión de las organizaciones en estos momentos.

Y cuando hablamos de la experiencia del empleado, estamos hablando de las vivencias de las personas en el transcurso de su viaje en la empresa, que definen su estado de ánimo, su implicación y su respuesta positiva ante el estímulo profesional de pertenecer a una determinada compañía. Y debe tratarse de algo duradero, no son acciones o vivencias puntuales, sino la acumulación de sensaciones a lo largo de un tiempo que conforman la sensación positiva o negativa de esa vivencia.

“La experiencia del empleado son las emociones, los sentimientos, las frustraciones o las alegrías que tiene cualquier empleado en su vida profesional.”

La mayoría de los expertos y estudios realizados sobre las preferencias de los empleados en las empresas indican que aspectos como el tiempo libre, la conciliación, el tener un trabajo significativo y protagonista en la organización y la posibilidad de trabajar desde casa tienen un protagonismo alto.

Estamos en una sociedad que se transforma y vive de forma rápida, tal vez demasiado, que consume cualquier tipo de producto o contenido casi compulsivamente. Pero si analizamos las preferencias de los empleados, vemos que en realidad lo que más se aprecia es el tiempo y la posibilidad de disfrutar del mismo con su familia o sus amigos/as.

Lógicamente la antaño esperada cesta de Navidad tiene en estos momentos poco calado en la vida de las personas, se consume y olvida en unos días. Se ofrecen productos que ya casi todo el mundo puede comprar de forma fácil si lo desea. Se trata de una experiencia caducada por la evolución misma de la sociedad.

Tenemos pues, desde la empresa, la oportunidad de contribuir en estas fechas a que se haga realidad ese deseo mayoritario, haciendo que la “Experiencia de Empleado” sea satisfactoria, diferente e implique a sus seres queridos.Y la mejor manera para hacer esto es regalar a los empleados verdaderas experiencias, desde una pequeña escapada a la posibilidad de disfrutar de un espectáculo, un concierto o un musical que podrá conservar en su memoria mucho más que los productos de una cesta de Navidad.

Está en tus manos proporcionar a tus empleados otros retos que le saquen de su zona de confort, que generen una experiencia emocionante y duradera en el tiempo, algo fundamental en la construcción de una buena “Experiencia del Empleado”.

Y tal vez de esta forma empezaremos a ver el gasto de la pesada cesta de navidad, como una inversión en la vida de tus empleados, en el disfrute de su tiempo libre, en ese pequeño empujoncito para que tenga un recuerdo bonito de estas fechas. Un recuerdo que no solo sea el de las virutas de madera esparcidas por toda la casa.

¡Atrévete a innovar!

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