Lo que cantábamos los niños hace años y, por lo que he podido comprobar, siguen cantando, porque se siguen sabiendo las letras, las músicas, los juegos. Se abre el mundo de nuestra infancia.

¡Qué gusto presenciar una función infantil con el patio de butacas lleno de voces, de griterío inocente, de inquietos niños que no pierden ripio y atienden con esmero!

Que los personajes conductores sean dos ratones es lo de menos. La cuestión que interesa es el colorido, el ritmo frenético, la participación espontánea, el juego. Y lo bueno es que no hay nostalgia, ni antiguos recuerdos, hay ganas de pasárselo bien, como si estuviéramos en el recreo.

Tampoco es una recopilación folklórica, ni un museo de viejas canciones, ni una vuelta al pasado caduco, rancio y estrecho de otros tiempos. Por eso son Ratonautas, el futuro con el recuerdo.

La compañía Sin Fin se mete a los jovencísimos espectadores en el sombrero. No hay un hilo conductor ni falta que hace, es alegría y libertad en medio de ello, es magia y sorpresa, es risa y concierto.

Rosi Tejera con Carlos Hidalgo, nos traen las canciones tan populares como “El corro de la patata”, “El señor don Gato”, “Debajo un botón”,… con otras de su cuño y ringorrango dándolas ritmo de jazz, de rock, de rap, de balada o de tango, llegado el caso.

Quizás debieran incidir un poco más en los valores que estamos inculcando. Los derechos de los niños, la solidaridad, la libertad, la justicia, la ecología,… pero lo importante es que lo hacen jugando, dándoles a ellos, a los espectadores, el valor de considerarlos importantes, nuestros próximos ciudadanos que, esperemos, sean sensatos. Mientras tanto, que disfruten cantando y bailando, viendo y haciendo teatro.

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