Después de 9 temporadas representándose con indudable éxito la comedia de Jordi Galcerán, Burundanga, uno tiene que observar con detenimiento cuáles son las claves de esa atracción para que el público siga asistiendo e, incluso, vuelvan a verla obviando el factor sorpresa.

Quizás, la primera de ellas sea, lógicamente, el humor con la que está escrita. La frescura en una situación que podría ser difícil por mencionar un tema un tanto tabú como puede ser el de la banda terrorista ETA. Pero no podemos quedarnos en esa superficialidad aunque la trama sea compleja. Lo cierto es que los personajes, siendo realistas, están modosamente exagerados, un tanto inocentes, en definitiva, percibimos que son buenas personas, buena gente pertenezcan a donde sea.

Otra posible lectura de la buena acogida de la obra se saque de la necesidad de conocer a las personas, a los amigos, a las parejas. Surgen las dudas cuando nos entregamos casi de forma insólita a convivir con quien nos emociona en ese momento. ¿Sabremos todo de él o ella? ¿No ocultará nada? De ahí el brebaje mágico que se emplea en la función para usar burundanga, esta vez con el “fin didáctico” de saber con quién nos la jugamos en la futura convivencia.

Otro tema que subyace es el de la amistad. La necesidad de apoyarse en los demás, hacerles caso o no en los consejos, muchas veces mal dados, en tener el suficiente sentido común como para no ir a ciegas, y saber si en tiempos o momentos de crisis podemos contar con ciertas personas. Ahí entra el escucharse a sí mismo o dejarse llevar por cualquiera.

Y, por último, aunque bien podría extractarse alguna más cosa, la verdad necesaria, la transparencia, aunque esa verdad no sea del todo auténtica o no haya que llevarla a rajatabla, a los límites de poder herir a personas de índole diversa.

Todo ello, aderezado con el buen hacer de una dirección impecable de Gabriel Olivares, y un elenco ajustado como un guante a la personalización de las dos parejas protagonistas, con un acertadísimo Eloy Arenas, más las ganas de olvidarse de problemas, de tragedias cotidianas, de la seriedad impuesta por tantas necedades que se ven, se escuchan y se digieren en las sobremesas de los medios de comunicación, hacen que esta comedia siga siendo referencia en los escenarios madrileños y de España entera.

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