Barroquismo y La Mancha. Literatura y teatro. Cervantes mirando a la luna, canta y se inspira con enfebrecida pulsión de creatividad. Duelos y quebrantos, adarga antigua, rocín flaco, galgo corredor. Don Miguel no se cree él mismo lo que le está pasando. Y se le aparecen como por encantamiento, el ama y Sansón Carrasco, los duques, la condesa de Trifaldi, es decir la dueña Dolorida, y, por supuesto, don Quijote caballero y su fiel Sancho, rústico y simplón. En procesión de abanicos y velos negros, por mor de Clavijo, Antonomasia y Malambruno haciendo de las suyas, envíanle al famoso Clavileño el Alígero, para desbarbar a las dueñas encantadas.

Irina Kouberskaya, escoge el capítulo de El vuelo de Clavileño de la 2ª parte de El Quijote para hacernos una lectura totalmente barroca, de fantasía, y poética, respetuosa, pero libre, descubriéndonos con ojos teatrales la posibilidad intrínseca de crear sobre lo mágico, de no tomarlo como un capítulo más, sino una verdadera recreación de los sentidos y los sentimientos, de la relación cada vez más indisoluble de escudero y caballero, de complementarse en vivencias, necesidad de no limitar ni ensoñación ni realidad.

El elenco, perfectamente coordinado, entre la metáfora y la hipérbole, se mueven al unísono en un equilibrado compendio teatral de movimiento, voces, entrega, pasión, juego teatral. Y tanto don Quijote, Miguel Pérez-Muñoz, como Sancho Panza, grandísimo José Luis Sanz, recrean la mítica pareja a imagen y semejanza de nuestras ilustres ideas preconcebidas icónicas haciéndonos aún más valedores de estos personajes que forman parte de nuestra propia idiosincrasia.

Nunca defraudan los montajes de Irina Kouberskaya, porque lee los textos buscando lo escondido, lo insospechado, lo intrínseco, lo visceral, y le da una vuelta de arte y belleza llenos de esplendor para solaz de nuestras ávidas mentes de espectador.

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