Nadie abandona su hogar por gusto. A no ser que le hayan ofrecido un buen empleo, una mejora social, un mejor posicionamiento en su poder adquisitivo, o que quiera cambiar de aires porque su solvencia económica se lo permita. Pero aquí hablamos de gente necesitada. De búsqueda de nuevas posibilidades. De huida de situaciones límites. De necesidad de desaparecer para no ser encontrados. De precariedad económica, política, social, personal.

Las ilusiones puestas cuando uno se marcha a un lugar desconocido son infinitas. Los sueños no tienen fronteras. Sin embargo, la realidad, después, estalla contra la acera. Y no vale de nada lo que nos hayan contando otros que hicieron el viaje anteriormente.

En Kebab, de Gianina Carbunariu, se nos presenta la cruenta realidad de tres rumanos en Irlanda. Podrían ser marroquíes en Francia, o ucranios en Italia, o armenios en España, o ecuatorianos, o senegaleses,… En este momento da igual la procedencia y el destino. Cierto es que alguno consigue arraigar, mejorar, estabilizarse,… quizás después de muchos años de estancia en esa tierra inhóspita y fría. Pero una gran mayoría tendrán que subsistir a base de trabajo duro, de ilegalidad, de no tener credenciales, de trabajos vejatorios, de explotación sutil o descarada. Unos lo harán limpiando casas y mierdas, otros, quizás, trapicheando, otros cuantos prostituyéndose y muchos empleándose en trabajos de doce o catorce horas en hostelería, construcción, mensajería,… Lo peor, como ocurre en Kebab, es que sean tus propios compatriotas los que intenten sacar beneficio del desfavorecimiento en el que se encuentra el que migra. Y el caso es que no hay lágrimas. Hay golpes, hay abatimiento, hay violencia, hay desilusión, hay miedo, pero cualquier cosa, antes de volver a casa, a esa casa antigua que no es hogar, que es cárcel del alma. 

Daniel Ibáñez, Eva Rubio y Pablo Sevilla ponen en pie a tres de estos personajes. Dirigidos por Gabriel Fuentes, y sin escatimar crudeza, nos traen este texto de la autora rumana que pretende mostrar la tristeza, la desilusión, las dificultades, la soledad y la necesidad de apoyo, y los sueños, siempre los sueños, el recuerdo de la infancia, la ilusión porque todo sea de distinta manera.

Lo malo es que en esos sueños nos veamos como un Kebab al que van arrancando capas de carne y entrañas.

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