Sí, Alguien voló sobre el nido del cuco, y lo hizo planeando suave. Podía haber ido al este o al oeste, como los gansos del cuento, pero lo hizo sobre el nido del cuco, porque hay dentro de ese alguien algo que no encaja. La falta de libertad. Y el protagonista, huyendo de que lo encarcelen, consigue hacer libres a los pobres pacientes “dementes” que están sometidos por la excesiva sensatez de la enfermera Ratched. Sensatez traducida en represión. McMurphy vendrá, no a desestabilizar el sistema, sino a abrir los ojos y la mente de otros, sacándolos del miedo, haciéndolos fuertes, creyendo en sí mismos.

Dos de los que consiguen ser libres, hallan la muerte. Pero el tercero, el jefe indio vuela sobre el nido del cuco también y, por fin, se hace grande. Y los que quedan serán conscientes de la grandeza y la posibilidad de volar, ya todo será diferente.

Confieso que me atraía ver cómo se llevaba a escena esta gran historia. Dale Wasserman, el creador de El hombre de la Mancha, adaptó la novela de Ken Kesey, que luego se convertiría en éxito cinematográfico.

Hoy nos la presentan un grupo de estupendos actores españoles, a las órdenes de Mónica Vic. Todos los aspectos están cuidados con detalle. Hay blancura aséptica, pero también suficientes dosis de electricidad y luces, representación de sistema nervioso, cinturones que sujetan y oprimen, shock, control entre cuatro paredes.

Cada intérprete maneja a su personaje dotándolo de los tics adecuados y encerrados en sus mentes diferentes. Lo hacen no sin esfuerzo considerable, con la soltura de quien ha estudiado cada gesto, cada matiz de la voz, cada mirada, cada silencio.

Alejandro Tous nos trae un McMurphy transgresor, pero simpático, valiente y, también, emocionalmente humano. Sonia Castelo consigue con su tiesa enfermera Ratched ofrecernos esa moral estricta y represora; desde luego el público no se pondrá de su parte. Excelente.

Todos los demás también impecables. Quince intérpretes en total, nada fácil coordinarlos, hacer grupo y esencia, ser todos notables. Niko Verona, con su disfemia perfectamente trabajada, junto con sus temores e inocencia. Quim Ramos y su jefe indio que, además, teatralmente, nos ofrece su poesía en forma de pensamientos y reflexiones. Fernando Tielve, Sergio Pozo, Jesús Vidal,… cada uno de ellos desnudos y asustados, fuertes y diferentes.

Que alguien se atreva a volar sobre el nido del cuco y que no se quede. Que todos vengan y sepan lo que se siente.

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