El sofá es uno de los muebles fundamentales de una casa. Primero, porque llena espacio; eso es indudable, a veces, incluso, demasiado. También porque en él descansamos nuestro cuerpo derrotado tras una dura jornada de trabajo. Porque es de donde vemos las mentiras de la ventana tonta (ya, por su aspecto, no podemos llamarla caja).  Donde nos reunimos cuando viene exceso de visita a casa y todos se pelean por un hueco para no levantarse a por las cervezas. Asimismo es el lugar idóneo para hacer el amor de urgencia cuando la necesidad y la pasión aprietan. El sitio donde nos quedamos dormidos irremediablemente después de comer. Y muchas más cosas. Es resumidas cuentas, no hay casa que se precie sin un sofá de calidad y confort suficientes.

Pero, cuando ese sofá lo ocupa una sola persona, y no habla, y se pasa allí las horas muertas, sin hablar, sin leer, casi sin moverse y, de repente se percata de la inmensidad del espacio, entonces se da cuenta de que no tiene nada. Que esa persona está sola, sola, sola.

Entonces le darán ganas de cantar, como a Gisela Novais, que Desde el sofá, puesto ahí por Emmanuel de Martino, y nos contará sus confidencias. Nos desvelará sus temores, nos gritará que está desesperada. Y ella misma se planteará qué es lo que busca.

Desde el sofá seguirá pensando en él, e imaginando a otro él, en la desesperación, en el silencio, en las palabras que se dirían, en las promesas incumplidas, en el deseo sexual,… porque hay tristeza en un sofá de dos plazas (o tres) cuando solo lo ocupa uno.

 Y a Ana, el personaje sensiblemente interpretado por Gisela, le hará plantearse quién es. Y nos lo canta, y nos lo escupe, y nos lo confiesa.

Hasta tiene la suerte, o la imaginación, nunca se sabe, de poder comunicar directamente con Dios para cuestionarse para qué estamos vivos, y que si la paz, que si la alegría, que si el amor.

Aunque, tal vez haya de todo y tal vez no haya nada.

Intérprete, y dirección, crean un espacio personal, pero para todos, (¿quién no ha utilizado como micrófono una lámpara sin pantalla?), nos invitan a sentarnos en el sofá para compartir desvelos, risas, cosas positivas y soledades. Acomódense para verlo en primera persona, desde el sofá.

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