Puede que usted haya sido testigo de un crimen y lo llamen a declarar en cualquier momento. O que sea seleccionado como parte integrante de un jurado popular para determinar la culpabilidad o inocencia de ciertos acusados o sospechosos. Puede, simplemente, que le gusten las historias de misterio, las novelas de suspense donde hay asesinatos y un investigador que de forma sorprendente da con el asesino. Puede, aún más sencillamente, que le guste el teatro, más concretamente la comedia, y quiera ser partícipe, al menos indirectamente, de uno de esos montajes.

Pues en Por los pelos de Paul Pörtner tendrá de todo eso. Usted puede ser investigador, colaborador con la policía, jurado que dictamine su veredicto,… pero ¡ojo!, que también lo pueden declarar sospechoso e, incluso, Usted puede ser el asesino (¿recuerdan la comedia de Alfonso Paso?)

Con un guion suficientemente solvente como para ser la comedia más representada de la historia de Estados Unidos, eso dicen, pero, a la par, con los flecos abiertos para que los actores puedan improvisar en función de las opiniones, preguntas y comentarios de los espectadores, hilan esta comedia de Cluedo, este argumento tipo Agatha Christie humorístico, este texto de misterio, adaptado y versionado por Santiago Sánchez, donde nada es lo que parece, donde todos ocultan algo y donde cualquier personaje puede ser el asesino. Eso dependerá del público que vaya esa tarde. Bien pensado. Así nadie puede desvelar el final.

El elenco, encabezados por Juan Gea, como inspector, que también resulta sospechoso, no por cómo lo interpreta sino porque ya vemos motivos hasta en sus gestos, pasando por su ayudante, y las cuatro almas cándidas que, aunque no tienen perfecta cara de asesinos psicópatas, harán que con sus acciones y palabras, nos estemos preguntando quién ha sido o, incluso, si hasta habrá víctima. Carles Castillo, Marta Chiner, Rafa Alarcón, Lola Moltó y Carles Montoliu, que se integran con el público o se enfrentan a él. Y eso los hace cercanos y como consecuencia querramos perdonarles la condena. Tan solo no me agradaron ciertas alusiones políticas que no venían al caso, aunque el personaje se preste a ello. Hay que cuidar ciertas formas, pues los espectadores somos muy variados y alguien puede sentirse ofendido. Al fin y al cabo, lo que queremos es diversión, cultura, entretenimiento, ingenio, tolerancia, libertad. Y una buena comedia para pasar un rato y reírnos.

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