Un Shock nos produce este montaje. Tremendo. Desgarrador, real, impresionante. Unos hechos acaecidos no hace tanto tiempo. Un tiempo no muy lejano. Yo los recuerdo. Recuerdo y hay imágenes para recordarlo. Hay sentimientos todavía a flor de herida. Hay testimonios, hay experiencias, vivencias, desapariciones que nunca debieran haber sucedido. Y, lo peor de todo, es que puede seguir sucediendo, sigue pasando, sigue existiendo ese nivel de intolerancia, esa violencia, ese miedo, esa persecución, esos fantasmas que se ciernen sobre los pensamientos. Los pensamientos de aquellos que no pensamos como ellos.

Ellos, los prebostes de la economía y la política. Los que se creen que pueden decidir cómo gobernar un país, a quién poner o quitar, los que siguen pensando que estás conmigo o estás contra mí.

La palabra Libertad les da miedo. No es el subterfugio de los comunistas, los obreros, la igualdad de clases, el derecho a la dignidad,… no, es el temor a la libertad. Si somos libres, podemos pensar y, lo que es peor, actuar, equilibrar la balanza, ser más justos y solidarios, más humanos, estar menos sometidos, y eso, no lo quieren ellos.

En Shock, el cóndor y el puma se relatan unos aciagos hechos que aún colean, creando otros, reviviendo un extremismo no permisivo porque les impedirá crecer en sus cuentas bancarias y en su poder omnímodo de manejarnos a su antojo.

Andrés Lima dirige un gran testimonio. Con textos de Albert Boronat, Juan Cavestany, Juan Mayorga y el propio Lima, nos presenta un trepidante hecho histórico. Partiendo de una teoría, “neoliberalista” que da miedo de por sí, nos lleva al pasado de un golpe de estado en Chile, de una represión inhumana de desaparecidos y muertos, de torturados y falsos estados de bienestar y prosperidad, como un mundial de fútbol, de encuentros entre mandatarios sin escrúpulos, de una operación urdida entre estados para tenerlo todo bajo control, El cóndor y el puma, agazapados esperando su presa para dejarnos exhaustos y que tengamos miedo de protestar y de que no pensemos solos. Que no seamos libres de sentimientos.

El elenco, Ernesto Alterio, Ramón Barea, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa y Juan Vinuesa, se dejan la piel, el alma, el espíritu, utilizan todas sus armas interpretativas para salir y entrar de situaciones y personajes, para hacernos temblar de pánico, de emoción, de credibilidad, de denuncia, de deseo porque nunca se repitan estos desmanes de unos pocos. Luchemos para la libertad, la memoria, el conocimiento. “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”. No más Shock, ni físicos ni psicológicos. Que el teatro también sirva para eso.

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