Como si de un menú degustación se tratara, nos ofrecen estos tres platos suculentos, que nos dejarán diversas sensaciones en el paladar y en las emociones.

En el texto de Neil Labute, hay un primer plato que ellos denominan Entrante Romance, y ya ahí empezamos a darnos cuenta de que los dos personajes ni se dijeron todo lo que debieran, ni se lo van a decir ahora, aunque sí es verdad que algo cuentan. No hay maridaje en estos personajes. Él quiere ser la salsa, pero ella es una especia picante.

Podría parecer que el segundo plato es el principal, el nudo, el que nos va a acabar de llenar. Y, es cierto que se deja comer de forma sabrosa, con elementos sorpresa, y distendidamente, aunque lo que ocurre nada tiene de fiesta. Este sí que es un plato a compartir entre tres, aunque hay un personaje que lo que quiere todo. Lógicamente, la comida acabará desparramada al igual que los sentimientos de los personajes.

Pero, en el postre, lo que debiera ser dulce, en realidad es amargo, se quitan las ganas de comer, el estómago está lleno y el corazón acelerado, es insostenible mantener la buena educación y las formas, se producirá el auténtico clímax de la obra, y además aderezado con una sorpresa que nos deja a todos anonadados porque no lo esperábamos y, definitivamente, el almuerzo será para siempre inolvidable.

Cosas que dijimos hoy, pero cosas que nos hemos callado, cosas que no debieron decirse, cosas que pensamos y después de decirlas nos arrepentimos, cosas que cuesta decir, cosas que cuesta más escuchar. ¡Qué cosas!

Los tres actores, Alba Sánchez, la única que repite en las tres historias y, desde luego, mostrando tres registros muy diferentes. Agustín Mateo y Llorenç Miralles, excelentes comensales, ajustados, intensos, bien condimentados en su interpretación, bajo la dirección de Chema Coloma, que marca los ritmos de cocción para que el menú de esta historia nos llegue bien caliente.

Acomodémonos en esta mesa teatral, ellos serán los magníficos maîtres.

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