Acercar a los clásicos a nuestros días. O que nosotros nos acerquemos a los clásicos. Son 400 años, pero no estamos tan lejos. En realidad, nada queda lejos ni cerca si nos aproximamos con ternura, con asombro, con decisión, con el cariño necesario. Es verdad, que algunos temas podrían quedar un poco distantes y obsoletos, pero seguro que encontramos puntos en común, asuntos no tan trasnochados.

En el caso de El desdén con el desdén de Agustín Moreto, se trata un tema de rabiosa actualidad, como dirían en un telediario. El tema de las relaciones de parejas, el de intentar conseguir el amor y el favor de otra persona, pero, en esta ocasión, desde el desdén, desde el desprecio, el no hacer caso para que me haga caso, el llamar su atención provocando celos, negando lo que estoy sintiendo, fingiendo, disimulando, haciéndose el interesante, sin suplicar para encontrarnos.

Y Moreto lo hace con una habilidad en el lenguaje y en las situaciones desbordantes de ingenio. Retruécanos, décimas, sonetos, se suceden con la naturalidad de quien hablara en prosa cuando lo hace en verso.

Y Carolina África en la versión e Iñaki Rikarte en la dirección nos trasladan a un tiempo mucho más cercano, aunque también, quizás, indeterminado. Y no chirría ni está desajustado. Al contrario, con una habilidad de artífice contemporáneo, juega, que es en definitiva lo que hacen los personajes. Juegan entre ellos con los sentimientos, pero, al fin y al cabo, saldrán bien parados. De esta manera, se nos hacen cercanos. Y nos reímos y nos identificamos.

Ritmo acompasado de frescura mediática, el texto casi se mantiene intacto, aparecen esos elementos humanos de pasión y desenfreno, de comedimiento y engaño, de soledad y necesidad de estar acompañado, de atención y desdén al mismo tiempo. Que te den, en lenguaje cotidiano.

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico en sus jóvenes actores van tomando el relevo, hacen del verso algo cotidiano, del barroco algo contemporáneo, de asistir al teatro algo lúdico y necesario.

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