Comienza esta delicada obra, este poético montaje, esta mágica puesta en escena, diciendo que el planeta Tierra debiera llamarse Mar porque el 75% de él es agua. Como los humanos. Somos altamente agua. El planeta, este planeta nuestro al que degradamos constantemente por nuestras malas acciones, debiera llamarse, en realidad, Agua.

Aunque el nombre, en este caso, es secundario. Agua, Tierra, Mar, Aire, Fuego, Viento, Tempestad, Lluvia, Noche, Catástrofe. Nos estamos asesinando el planeta. La Tierra que nos acoge, el Agua que nos hace vivir.

En este caso, Tarambana, Losótroh, Secac, se centran en el deterioro de los mares y océanos. Pero ese deterioro está también en el aire que contaminamos, en la propia tierra que vapuleamos, en nuestro comportamiento, que escondemos y excusamos.

Y no vale decir, “total, yo solo he tirado una botella de plástico, yo solo he lanzado un globo de plástico, yo solo he dejado caer una bolsa de plástico”. Uno más uno son millones y no nos damos cuenta de que nosotros mismos nos estamos perjudicando.

Tortuga y el mar

Tortuga y el mar, con guion de Salvador Leal, y dirección de Nacho Bonacho, nos trae esta conciencia, nos quiere abrir los ojos, nos apela al corazón y pretende alertar, sensibilizar, dar a conocer, resaltar la importancia de nuestras acciones y nuestros nimios gestos.

Pero es que encima lo hacen con una sensibilidad exquisita. Hablan de algo que se degrada con una elegancia extrema, nos representan una historia real y cruenta, de forma divertida, poética, magnética, mágica, relajante, emocional.

Utilizan para ello el Teatro Negro. Poco extendida en nuestra geografía esta técnica, se ven con dificultades para llevarlo a ciertos escenarios. Pero cuando lo consiguen, como en el escenario emblemático y sensible del Teatro San Pol, asistimos a un espectáculo de una belleza inusitada. Vemos el mar. Vemos la tortuga. Vemos la ballena y el delfín. Pero vemos también el plancton, vemos los colores de debajo del mar, vemos la música maravillosa compuesta por David G Bonacho, vemos la palabra, vemos el problema, vemos no un teatro negro, sino luminoso, lleno de esperanza, “todavía estamos a tiempo” dicen en el programa de mano, y por algo hay que empezar aunque sea un gesto pequeño: No tirar ese plástico, reciclar lo que podamos,

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