Situación de los personajes: un hombre y una mujer que ya se conocían, se reencuentran. Todos suponemos a dónde llegarán, más conociendo que el marco es una habitación de hotel. Nadie imaginábamos lo que nos contarán más adelante.

En Dos días de Miguel Ángel Cárcano y María Inés González hay realidad pura y dura. A pesar de las acotaciones de los propios personajes situándonos en los ambientes previos, respiramos credibilidad desde el primer momento. En la situación en sí, en lo que nos cuentan, en cómo se expresan, en la relación que tienen, en la facilidad para expresar lo que están sintiendo.

Tanto Guillermo Barrientos como Eva Marciel en sus personajes de Jorge y Silvia se nos hacen cercanos, los entendemos, tanto a uno como a otra, los dos tienen sus razones, los dos tienen sus secretos, sus soledades que los acercan, su educación y el respeto por el otro, su deseo.

También gestionan de maravilla los silencios. Lo que no se han dicho, lo que quieren decirse, lo que, finalmente, se dirán, lo que acabaremos sabiendo.

El diálogo es impecable. Lleno de matices, sugerente, real, medido, mil veces ensayado, estoy seguro, pero con la frescura de quien se encuentra de repente y van surgiendo propuestas casi sin proponérselo.

Dos días

En Dos días hay sensibilidad y realidad. Conocimiento de causa, cotidianeidad y sorpresa. Ecuanimidad y comprensión. ¿De qué parte nos ponemos? Los dos tienen su parte de razón, los dos nos caen bien, los dos consiguen hacerse nuestros amigos, los dos se ve que han estado sufriendo.  Los dos mienten, los dos se confiesan, los dos se siguen queriendo.

El lugar es aséptico. No podrán tirarse los trastos a la cabeza ni apelar a sentimientos pretéritos.  Es el aquí y ahora, el momento preciso, aunque previamente haya habido cortejo, dos días, que deben ser suficientes para no volverse a ver o para empezar de cero.

Estupendo texto hecho teatro con gran acierto.

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