Ir al teatro para disfrutar con una comedia de enredo, de tríos, de parejas, de “capullos” sin remedio, de ególatras y de enamoramientos, de damas y vasallos, de amos y criados que hacen la vista gorda a sus empleadores funestos. De guapos y de feos, de viajes y posadas con cuartos secretos, de insistencia y perseverancia, de celos, de dineros, de fingimientos.

Llevado todo con hilaridad y ritmo sin freno. Como en un juego. Un divertimento. Personajes de aspavientos, grotescos, divertidos, bobos, exagerados, al fin y al cabo, nuestros.

Entre bobos anda el juego, repetido y sin entendimiento, de Francisco de Rojas Zorrilla, que fue escritor áureo y discreto, y divertía a la corte con su ingenio.

Hoy la Compañía Nacional de Teatro Clásico con Noviembre Compañía de Teatro nos la trae de nuevo de la mano de Eduardo Vasco en versión de Yolanda Pallín, en un montaje fresco y rápido, introduciendo toda la esencia del texto, adornando al figurón con todos los merecimientos, y el público desternillándose de ver tales despropósitos y desentendimientos.

El elenco, soberbio. Arturo Querejeta, que ya arranca las primeras risotadas con la descripción de su jefe, don Lucas del Cigarral, al que imaginamos un adefesio. José Ramón Iglesias que hace acopio de su desmedido personaje con un gran tino y acierto. Daniel Albadalejo, Antonio de Cos, Isabel Rodes, Elena Rayos,… que entre versos de serventesios, décimas y sonetos, nos van diciendo, a la postre, que no hay marido bueno.

Lo que sí resulta bueno es la interpretación, la puesta en escena, sobria y sencilla, pero suficiente, el vestuario acorde al momento, las canciones igual de divertidas para, al final, acabar el público, de pie, aplaudiendo.

Que no falten estos bobos ni este juego, porque verlos no sé si nos hará más cultos y doctos, no olvidemos que hablamos de nuestro patrimonio literario, pero desde luego,  pasaremos un rato estupendo.

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