Porque con nada venimos y con nada deberíamos irnos. Todo lo que sucede en medio puede ser producto del azar, del trabajo, de los intereses, de lo que nos encontramos, de lo que dejamos, de lo que sentimos, de cómo nos relacionamos.

Y ahí entra el texto de Borja Ortíz de Gondra, donde, utilizando su propia experiencia y su propia familia, nos plantea, teatralmente, esas dudas (siempre las dudas), los temores, los fracasos, las palabras mal dichas a destiempo o las bien dichas que nos consuelan, los silencios, lo que se hizo y lo que pudo ser, lo que se desconoce y lo que pasó realmente.

Los otros Gondra, desgrana una historia de rivalidades pasadas, de puntos de mira en el objetivo letal, de si no estás conmigo estás contra mí, de perdones y de recuerdos y de olvidos.

El propio autor hace de narrador y protagonista de los hechos. Se desnuda emocionalmente en el texto, quizás huyó, pero nunca se marchó del todo y entonces se implica para contarnos este relato vasco de sangre y odios, de miedos y de dolor.

¿Qué pasó? ¿Cómo lo vivieron? ¿Cómo lo interpreta cada miembro de la familia? La madre que considera que ya todo ha pasado, que las cosas es mejor dejarlas como están, que no sirve de nada conocer, porque solo llevará al sufrimiento. O el hermano, que vive en un constante miedo, que aún se cuestiona por qué y grita que no hay derecho. La prima, que mantiene el misterio, el silencio, pero también el arrepentimiento, ese pedir perdón que quizás llegue tarde, pero que siempre es bueno. Y la niña, que quiere sentirse ajena, pero no lo consigue, está implicada sin quererlo.

Dirigidos con sensibilidad poética por Josep María Mestres, e interpretada por Sonsoles Benedicto, Jesús Noguero, Lander Otaola, Cecilia Solaguren, Fenda Drame y el propio Gondra.

Una grieta inmensa en la pared del frontón, por donde se escapan los sentimientos. Y nos llegan hasta los espectadores, teatro dentro del teatro, mezcla de ficción y realidad. Y es que no hay nada más puro que el mestizaje de cualquier género. Al fin y al cabo, con la amalgama de experiencias sufridas a lo largo de la vida, lo mejor, quizás, sea volver siempre con las manos vacías y quemar las cartas del recuerdo.

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