Hace unos días tuve que agradecer, por su presencia en un acto literario, a dos mujeres con cargo político en un ayuntamiento. Me dirigí a ellas diciendo “las concejales”. Posteriormente me enteré que no les había sentado muy bien y que tenía que haber dicho “concejalas”. Es cierto que se va imponiendo un doble género en sustantivos y adjetivos por aquello de ser políticamente correctos, de vindicar el papel de la mujer en la sociedad y en sectores profesionales, por no discriminar a nadie por su sexo. Pero, ahí voy. Por su sexo. No por su género. Considero que el género lo tienen las palabras, no las personas. En ninguna instancia, documento, ficha, se pide el género. Se pide que se señale con una x en la casilla correspondiente el sexo. Y no me considero machista o menos feminista por decir “la concejal”, “la edil”, “la estudiante”, “la fiscal”,… por poner solo algunos ejemplos.  ¿Por qué no decir “tenisto” o “periodisto”? Nadie dice animala cuando se trata de un ejemplar hembra, pero bueno, sé que esto será motivo de debate sin fin. Creo que lo que se debe cuidar de las  actitudes machistas son las acciones y no tanto las palabras. No soy menos respetuoso o discrimino más si ante un auditorio digo solo bienvenidos. Durante años dirigí grupos de teatro donde solo había mujeres y, siendo yo “masculino”, decía sin reparos “nosotras”. 

En Optometría Violeta, hay un enfrentamiento hombre-mujer, que además fueron pareja y dejaron de serlo por estas acciones o comentarios. Y se debate en el texto que si una pintura, un cartel, un dibujo puede resultar machista. ¡Hombre!, ¡mujer!, según y cómo. Claro que sí puede serlo y, efectivamente, en este divertido montaje que no cae en el abismo, la situación se lleva al límite y nos llaman la atención sobre esos chistes, tan al uso, que denostan a la mujer, sobre costumbres mal asumidas, sobre roles asignados por tradición patriarcal.

Nos hacen poner unas gafas violetas, color que, por ser considerado un color femenino, es muy utilizado como símbolo del feminismo. Y sí, tiene razón ella, por más que él intente disimular con evasivas que el cartel del que se trata es machista, aunque su autor tenga el prestigio de un gran artista de moda.

Ana de la Hoz y Jorge Jimeno, con texto de este último, y dirigidos por Verónica Pérez, interpretan con desparpajo esa situación que aún hoy se da demasiado a menudo, y por ello nos quieren recordar que no está todo conseguido. Actualmente todos los jueves en la Sala Plot Point, él y ella, actor y actriz, discuten con veracidad, pero sin consecuencias fatales. Al contrario, espectadoras, y espectadores, todos y todas, público y… público, aplaudimos con energía esta controversia teatral de Optometría Violeta.

 

Bitnami