Tres elementos hay que destacar de este sensible y cuidado montaje sobre una novela de Stefan Zweig, cuya adaptación y dirección corresponden a Ignacio García. Hablaremos de ellos.

El primero, el carácter musical de la puesta en escena. Primordial y protagonista desde el inicio, desde el primer momento. El piano, el violín y el chelo entablan un diálogo entre ellos, acompañan constantemente a los personajes y a las escenas, poniendo el énfasis en la emoción, en los silencios, en los sentimientos. Son los auténticos artífices de la historia. Son los que nos la cuentan, aunque haya un multipersonaje introductorio y conductor, que con sus intervenciones nos hace partícipes del argumento.

El segundo elemento es el romanticismo descarnado de la representación. Aunque Zweig es bastante posterior a este movimiento literario, las circunstancias de su vida primero y, después, del tema que está tratando, junto con la visión del director, nos da ese ambiente romántico de tenebrosidad, de luces cerradas y oscuridad, de humo y niebla, de cortinajes que se mueven con el viento, de drama y sufrimiento, de suicido, de desolación, de cierto misterio.

Y el tercero, y no menos importante, la actriz, Silvia Marsó, que sensibiliza en su interpretación los hechos y sensaciones de un personaje que vive del recuerdo. Porque ha conseguido subsistir gracias a esas 24 horas en la vida de una mujer, que ya quedarán marcadas para siempre en su forma de vivir, en todo lo que acontece luego. Silvia Marsó, canta, interpreta, siente, sufre, revive, existe en su personaje, y nos lo hace llegar íntegro y humano, emocional y sincero.

Sus dos compañeros de reparto no le van a la zaga en sus cometidos de actores cantantes, bien dispuestos. Felipe Ansola y Gonzalo Trujillo, asépticos, entregados, completos.

La pasión puede durar poco tiempo, pero se mantiene en el recuerdo. Los personajes principales se la juegan a una carta, un día en su vida, solo un momento, ´hagan sus apuestas, señores´, ´no va más´, tendrán que decidir qué hacer luego cuando vean que se pierde el juego, que es muy difícil mantener un amor ante el quiero y no puedo.

Hemos hablado de tres elementos principales, pero que no se nos olvide el resto: texto, iluminación, ambientación, movimiento, teatro bien hecho.

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