La apacibilidad de una vida tranquila puede verse debilitada, si no de repente, sí por un cambio que no habíamos imaginado ni previsto tiempo atrás.
Las hermanas Rivas no son rivales. Cada una tiene su carácter, su forma de vivir, aunque compartida, y de ver las cosas, de sentirlas.
Hasta que un “potro” desbocado y sin arnés irrumpa en la existencia de ellas y, también sin proponérselo, tenga que verse forzado a tomar una decisión que no quiere. Él también busca una vida apacible, sin complicaciones. Pero tendrá que enfrentarse a su peor combate, (él es boxeador), y para eso no le valdrá estar entrenado.

Adriana Roffi y Mariano Rochman escriben y presentan este texto, ella además como directora, él también como protagonista, y es un texto fresco, sencillo, natural, lleno de matices cuya acción, aparentemente, transcurrirá según lo previsto, como lo pensamos, como sería lo lógico, hasta que la resolución del conflicto nos sorprenda inesperadamente.
Las actrices, Luciana Drago y Regina Ferrando, interpretan sus personajes fraternos, Dolores y Angustias, con una credibilidad sensible y compenetrada, marcando perfectamente los matices diferenciadores de cada una, necesitándose y complementándose. Y Mariano Rochman dibuja a un boxeador, simple, acomodaticio, sin ganas de pelea sentimental, solo obsesionado con un triunfo que puede convertirse en derrota.
Vuelve a demostrar esta producción de Doble Sentido que se puede hacer buen teatro con un buen texto, con unos buenos actores, con una buena dirección, sin necesidad de alharacas y enrevesadas tramas psicológicas.
 
 

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