primitials
Me enfrento casi puro a ver The Primitals en el Teatro Alfil. Casi puro, casi virgen. Porque no sé con lo que me voy a encontrar, aunque sí sé que la Compañía está avalada por Yllana y porque ya vi un espectáculo de ellos no hace mucho: El Experimento. Eso me da garantías. Ese montaje de voces a capela me gustó muchísimo.

Pero ahora me olvido de todo. Voy a poner el ojo crítico, y el oído. Y mi oído lo agradece, y mis ojos se entusiasman, y mis manos dan palmas, y mi emoción se desboca, y mi boca no borra su sonrisa. Magníficos. Espléndidos. Fabulosos. Y lo bueno es que todos los que asistimos pensamos lo mismo. No hay controversia, “a mí me ha gustado,… a mí no mucho,… tiene momentos,…” ¡NO! Están enormes desde el principio. Se entregan y, por tanto, nosotros también. Caemos rendidos ante el jefe de esta tribu primitiva que habla cantando sin música. Que quiere detentar el poder y una corona de luces y un manto de armiño. Pero, ¡ay!, sus súbditos se rebelan, quieren conseguir lo mismo. Y así, nos van enseñando su idioma y sus gestos, que no es otro que cantar canciones que todos sabemos, que incluso nos amenazan y nos hacen partícipes, formamos a ser parte de su mundo.
Aunque el jefe sin maquillaje está escondido, Santi Ibarretxe, el que adapta las músicas, el que los mueve, el que los quiere. Como Joe O’Curneen (Yllana) que asume la producción y la dirección. Y el grupo, muy disciplinado, les da gusto y al público también, son generosos. Pedro Herrero, Íñigo García, Adrián García y Manu Pilas. Se dejan la voz, la moldean, la caldean, la manejan, la ensalzan, la veneran, la usan como si fuera fácil, la guardan, la proyectan, y además y por si fuera poco, dominan el gesto, la expresión corporal, llegado el caso, hasta los silencios.
No hemos parado de reírnos. De disfrutar sin parangón, de sentirnos cien por cien a gusto. Creo que voy a ir otro día a estudiar más de cerca la antropología de los personajes de esta peculiar compañía de canciones a capela y sonidos.

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