sin-anestesia
Urdir una situación complicada y escabrosa requiere ensayo. Implica tenerlo todo bien medido, y tener previsto un plan B en caso de que las cosas no salgan según lo planeado. Y más cuando lo que se está planificando es montárselo con la mujer del amigo, estando el amigo de acuerdo. Es decir, que el engaño sea recíproco.

Pero, en realidad, lo que vemos en el escenario es una doble automentira. Dos amigos de toda la vida, que se conocen bien, desean a sus mujeres ajenas. Desde un punto de vista totalmente machista y chabacanamente sexual, los dos hombres hablan de obtener beneficio corporal con la cónyuge del otro. No hablan de conquistarlas o hacer un intercambio consentido de parejas. Por eso, al principio, esos personajes se vuelven antipáticos, groseros, simples, vacíos. Sin embargo, cuando se ponen a ensayar previendo todos los detalles, empiezan a resultar caricaturescos, divertidos y hasta simpáticos. En todo momento intuimos que el plan perfecto hace aguas, que tiene que fallar, porque, indudablemente, no cuentan con la aquiescencia de ellas.
El texto de Mariano Rochman es ágil, coloquial, ameno. Podía haber dado un par de vueltas de tuerca más y haber llevado a situaciones aún más límites el resultado de tal escarceo amoroso. Pero se nota que ha cogido cariño a sus personajes y los trata con benevolencia, dentro de que, por lógica, al final, las cosas tienen que tergiversarse.
Aitana Galán mueve con soltura a sus actores, el texto y el espacio escénico, y también se muestra condescendiente con ellos, pues nos los traza cercanos, nada odiosos y muy simpáticos aunque un poco necios.
Los intérpretes, Carles Moreu y Sergio Otegui, cumplen a la perfección con sus crápulas personajes, se muestran naturales sin tapujos y nos conquistan sin tener la necesidad de desearnos.
El título de la obra, Sin anestesia, acaba siendo también un engaño, pues aunque uno de los protagonistas lo repite varias veces, mientras preparan el hecho a consumar para recalcar que hay que atreverse y afrontar la situación con decisión, en realidad sí quieren anestesiar a esas mujeres que son simples objetos de apetitos primarios para ellos. Posiblemente, ellas sí se hayan dado cuenta, posiblemente ellas no estén tan borrachas ni dormidas en el intercambio, posiblemente ellas también estén jugando y les apetezca probar a ver hasta cuán lejos llegan sus parejas. En fin, para afirmarlo rotundamente tendríamos que tener la visión de ellas. Y para que ustedes comprueben y corroboren (o no) todo lo dicho anteriormente, deberán acudir al teatro a presenciarlo.

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