El Corazón entre ortigas, teatro y poesía.

Alberto Morate

“Asesinado por el cielo”, escribió Lorca sintiendo, quizás, lo que se le venía encima. Pero no fue el cielo. Ni mucho menos la poesía. Ni siquiera sus ideas políticas. Le asesinaron, como a tantos otros, en el camino de la envidia. En el trayecto de la incomprensión, del odio, de la intolerancia, de la incultura cainita.

Un amigo suyo, uno entre muchos otros, quiso salvarlo, le instó a que abandonara España en tiempos convulsos y que protegiera su vida. Lorca no supo ver las fatídicas rencillas, pensó, ingenuo, que todo era una rabieta de gente molesta que protestaba con energía. Pero se ensañaron con él, y su amigo no se lo perdonó a sí mismo. Y, entonces, Carlos Morla Lynch, a la sazón embajador de Chile en este país convulsionado, se propuso ayudar a todo aquel que lo necesitara, que eran muchos.


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