Albert y Boadella y El Sermón del Bufón

Alberto Morate

Que Albert Boadella es un hombre de teatro, un cómico, un actor, un juglar, un titiritero, un payaso escénico, un burlón, un poco pícaro, un histrión, algo de mimo, ancestral arlequín, un albardán, un descarado,… nadie tiene dudas.

Que se ha dejado la piel, pero sobre todo, el alma, el ingenio, el intelecto, la pasión, que ha derrochado talento, perspicacia, sagacidad, gracejo, comicidad, sarcasmo, ironía, lucidez, crítica,… tampoco hay que ponerlo en entredicho.

Aunque tenga sus defensores y sus detractores. Lógico. Todo aquel que destaca de alguna manera tendrá sus seguidores y sus enemigos acérrimos.

Por eso hay que alabarle que, después de varios años, coja otra vez el escenario por el mango de la concha del apuntador, y nos cuente su trayectoria, sus ideas, sus opiniones, sus percepciones, sus planteamientos, (no tanto de sus emociones y de sus sentimientos)… si bien estemos o no de acuerdo con él o difiramos en su criterio.

Mas con alarde de buen teatrero, se pone en la piel de un joven Albert que se mantiene en su fuero interno. Y también nos hablará Boadella, que aunque inseparable de Albert, tiene la serenidad y el sosiego de un hombre hecho y derecho. Y también está el bufón, que subido en el púlpito de su sagrado templo teatral, nos relatará lo bueno y lo menos malo, lo que fue y lo que sigue siendo.
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Terapia BAJO TERAPIA

Alberto Morate

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Nada es lo que parece. Ni en el teatro ni en la vida. En el teatro lo aceptamos como un engaño pactado y mutuo y aplaudimos si la mentira está bien pergeñada. En la vida, nos comportamos de diferentes formas según con quién estemos y cuando. Por eso muchas veces necesitamos terapia. Y no necesariamente con un psicólogo.

Para mí es terapéutico escribir y asistir al teatro, como en este caso. Para otros es estar solos, para muchos confesarse con los amigos, y los casos más difíciles hay que dejárselos a un profesional que nos escuche, que indague, que vaya al final (o al principio) del asunto.

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La Puerta de al Lado, el descansillo de la comunicación

Alberto Morate

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Desde el colegio ya se estudia La Comunicación como un proceso donde un emisor lanza un mensaje a un receptor a través de un código y un canal, en un contexto determinado. Si algunos de los elementos de la Comunicación falla, el proceso se rompe y ya no puede haber comunicación satisfactoria.

En La Puerta de al Lado de Fabrice Roger-Lacan, que se representa en el  Teatro Marquina, hay dos personajes que intentan comunicarse porque están solos, porque necesitan amar y ser amados o, por lo menos, medianamente comprendidos, ser tenidos en cuenta. Pero la comunicación desde el principio falla.

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