El Crédito, con un alto interés teatral

Alberto Morate

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La duda. La duda y la inseguridad. La gran metáfora de El Crédito es la duda que se genera en una persona cuando alquien se enfrenta a él de foma pacífica, pero con todas las armas de la dialéctica, la confianza y, sobre todo, la desesperación, el no tengo nada que perder, pero me vas a soñar, me vas a tener presente y detrás, como una sombra, como una mala conciencia que no te dejará dormir.

Al principio el hombre que parece más seguro no dará crédito. Ni económico ni psicológico ni social. Se creerá invencible, superior, el que rige los destinos. Pero el otro personaje habrá sabido inyectar una dosis de duda suficiente para que sus cimientos se tambaleen. Posiblemente esté jugando con unas malas cartas, pero el “envite” que han lanzado se lo han creído y ha hecho mella.

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Verónica, ¿estás ahí?

Alberto Morate

Verónica provoca tensión y desconcierto. Verónica juega con los elementos característicos del género de terror: ruidos, golpes, chirridos, cosas que se caen, voces, luces que se apagan, linternas, silencios, apariciones fugaces, miradas, visiones… un lugar semiabandonado o destartalado, (un viejo teatro o salón de actos de colegio, que es peor), y una platea en la que los espectadores se convierten en fantasmas. En Verónica hay sustos, intrigas, un pasado desconcertante que nadie quiere revelar, un retrato amable que resulta todo lo contrario, y te obligan a volver la cabeza hacia atrás para saber que ocurre a tus espaldas. Y a agudizar tus sentidos y a contener la respiración. Hasta a mi vecino de butaca se le oía respirar con dificultad (¿le habrían puesto ahí a propósito?). Algunas jovencitas en ciertos momentos de la obra se reían. Era una risa histérica, provocada por los nervios y el miedo. Mirabas los rostros del público y algunos no se atrevían a mover un solo músculo. Daba la impresión de estar en la casa del horror.

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El Nombre, siempre es importante

Alberto Morate

En la vida cotidiana hay ciertas cosas, estamentos, figuras inamovibles que se respetan hasta que se descubre que hacen aguas. Una de esas instituciones sagradas es la familia. Desde ella se protege, se perdona, se bromea, se consiente, se aguanta, se silencia,…pero también, de vez en vez, se dicen las verdades a la cara, y de broma o sin querer, salen los trapos sucios a relucir y nada vuelve a ser como antes, hasta que todo se cubre con el velo del tiempo y las aguas vuelven a su cauce.

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Nunca pedir un Crédito fue tan divertido

Borja Carril

La última joya del dramaturgo Jordi Galcerán, creador de El Método Grönholm o Burundanga,  llena semana a semana el Teatro Maravillas de Madrid.

Jaime pacios, nuestro amigo de la Revista Tarántula, nos explica cómo a partir de que te denieguen un crédito, situación tan común como indeseable hoy en día, surge una de las comedias del momento.

El Crédito

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