El Plan

Alberto Morate

Los planes casi siempre, o muchas veces, se desbaratan si poder hacer nada por remediarlo. Uno se monta sus pájaros en la cabeza, es una especie de renacimiento personal, sabiendo o creyendo que uno es el centro de sí mismo. Pero, sin olerlo ni comerlo, de repente, o muy poco a poco, casi porque el camino trazado nos ha impedido salirnos de la trayectoria marcada, todo se viene abajo. La meta siempre queda muy lejos. Sí, es verdad que se van consiguiendo pequeños logros, pero por alguna oscura razón, nunca es como lo habíamos imaginado. Y entonces solo queda tomar dos opciones: o aceptarlo y conformarnos, aunque sea protestando, o lamentarse e intentar cambiar los designios previstos, aunque no sepamos cómo.

Es como un juego de las tres en raya, que unas veces se gana y otras se pierde, pero cuesta un horror que las tres fichas se alineen ni siquiera en golpes de suerte porque, a la postre, la partida dura poco.

En El Plan de Ignasi Vidal, el autor y director vuelve a sorprendernos con un golpe de efecto en un texto trabajadísimo, popular, cercano, nuestro. Lo que parece más o menos cómico, intrascendente, cotidiano, vulgar incluso, lo que nos pasa a todos, el paro, los engaños de pareja, la amistad a pesar de todo, las ilusiones truncadas,… de pronto se convierte en algo terrible, impensable, fuera de lógica, dramáticamente posible.

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La esfera que nos contiene, justa memoria

Alberto Morate

La memoria. Que no se pierda nunca la memoria, esa memoria que nos cuenta de los horrores, de la precariedad del oficio de algunos hombres y mujeres que creían en la cultura, la educación, en la grandeza de las palabras, del conocimiento como salvación personal, a pesar de tener que hacerlo contra elementos toscos y hoscos que pensaban que educar en libertad era estar poco menos que al servicio de los demonios.

La esfera que nos contiene somos todos. Nadie está por encima o por debajo, nos dicen, y es verdad, siempre hay algo nuevo, distinto, que tenemos que descubrir, arriba o abajo, o en los lados.

Aunque se sigan empeñando en cerrar los ojos y en hacer oídos sordos.

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La colonia de vacaciones

Alberto Morate

El mundo da vueltas y gira alrededor de sí mismo y dentro de él, nosotros también giramos y giramos hasta toparnos con una realidad diferente o vista desde otros ángulos.

Y salen elementos de los que estamos insatisfechos, aunque queramos disimularlos yéndonos a La colonia de vacaciones, pero allí saldrán nuestros más escondidos y recónditos fantasmas, nuestros miedos, nuestras represiones y nuestros deseos más ocultos. Veremos cadáveres viviendo. O una confusión entre yoes y túes, entre nosotros y vuestros.

Podremos convertirnos en ratas o asesinar a martillazos a nuestros congéneres. Y obtendremos desprecio. E insatisfacción, lucha de poder, represión,… aunque parezca que estamos coordinados, que todos pretendemos lo mismo, que buscamos el descanso de lo eterno.

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¿FIN? o empezar de nuevo

Alberto Morate

El final de algo siempre es el inicio de otra cosa. Empezar de cero. A cada momento hay un final, un acabose, un término. Pero construimos sobre lo que ya teníamos, sobre lo que conocemos. ¿Y si hubiera un final auténtico? Es cierto que algo quedaría, suponemos. Y sobre esa base tendremos que hacernos de nuevo.

Esa es la premisa original de ¿FIN? de Nacho Redondo. Algo va a terminar, una relación, un periodo de tiempo que ya se ha hecho demasiado costumbrista, o violento, o lleno de desencuentros. Y el “fin” viene dado por otra circunstancia que nos sorprende de pleno. Un argumento en plan Saramago que lleva al límite a la pareja protagonista, hay que empezar de cero. Pero de cero rotundo. Como si no hubiera nadie más en el mundo entero. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Seguimos como antes? ¿Cada uno coge un sendero? ¿Lo intentamos de nuevo?

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El encuentro, entre la actriz y el poeta

Alberto Morate

La memoria inmediata, la memoria a corto plazo. La memoria de recuerdos olvidados. La memoria de lo que se pretende construir, la memoria histórica. La memoria de quien no quiere olvidarse, pero tampoco recordarlo a todas horas.

Los poetas no tienen memoria, solo sienten lo que han pasado y lo transmiten en poemas que, más tarde, serán recordados.

Montse Simón quiere recordar a su abuelo, a su maestra, a su Antígona, a sus compañeros de teatro, a su poeta. Montse Simón siente también como poeta y quiere acercarse a uno, a Marcos Ana, el preso de la guerra civil que más tiempo pasó encarcelado, y quiere que le cuente sus penas, que no se olvide, que la haga parte de su historia, o viceversa.

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FRIDA, huesos rotos

Alberto Morate

Frida multiplicada por ocho. Frida viento. Frida movimiento. Frida baile, Frida canción, Frida boleros.

Frida a pecho descubierto. Frida niña, Frida universo. Frida autorretratos, Frida sufrimiento.

Frida y Diego. Caminar de quebrantos y lamentos. No se pueden dar grandes pasos con tan solo una pierna, pero se puede llegar muy lejos. Así lo demostró Frida Kahlo en todo momento. “Pies para qué los quiero si tengo alas pa’volar”.

Eso hacen El Curro DT y Marcela Aguilar. Vuelan, bailan, pelean, se buscan, se encuentran, se quedan estáticos. Se visten, se desnudan, nos cuentan un cuento. Partes biográficas de esta mexicana que sufrió, pero no quiso hacerlo en silencio. Frida encuentro consigo misma. Frida expuesta y vulnerable, Frida misterio.

Su vida pasa en un instante. Es una vida de escenario y huesos rotos. Y la compañía asume todos los riesgos. En un juego simbólico y etéreo, se contorsionan y nos recitan los versos de Frida, y la recomponen y la traen con todos sus iconos. Agrupándose todos, en la reivindicación final, alzando con valor su recuerdo, por la internacional Frida Khalo, para que no se nos vaya a olvidar.

Federico y Lola, el desencuentro

Alberto Morate

“Respetable público… (Pausa)… El poeta no pide benevolencia, sino atención,…”

Miren, pongan atención, vayan a ver Federico y Lola. Los esperan en el camerino. Les oirán discutir, discrepar de ciertas cosas, pero Federico García Lorca Y Lola Membrives hablan el mismo idioma. Se quieren, se adoran. Se necesitan, se comprenden. Aunque en algún momento de la obra sus opiniones sean dispares. Pero Lola adora a Federico y Federico está a gusto con Lola. Podrían pasarse noches enteras charlando, se idolatran, se conocen, saben sus debilidades. Se sienten, se reconocen. Están heridos y felices. Saben lo que quieren. Quizás haya desencuentro, pero no es tal, solo se duelen uno del otro.

Y cada vez que se miran, se acercan. Son un mundo aparte, un mundo solo de ellos. Son frágiles. No importa que, en un momento, se griten, se encierren en sí mismos, porque sí se importan. Aunque ella no pueda hacer Yerma.

El poeta y la actriz. El dramaturgo y su musa. Así, paralelísticamente, con la fuerza de las palabras, con el sentir de sus corazones.
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Últimamente estoy muy fervoroso, pero lo que realmente quiero es estar enamorado

Alberto Morate

Pablo Canosales indaga en este texto sobre las diferentes circunstancias del amor. Como un periodista que debe realizarse las preguntas base en todo texto periodístico, ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, ¿quién? y ¿dónde?

Pero lo hace, no desde la perspectiva del curioso reportero que no quiere implicarse, sino desde la visión de un muchacho homosexual y artista, sensible y dicharachero, cantante y reivindicativo. Nos lo trae como presentador de cabaret, intérprete de cuplés, enamorado de la vida.

Juando Martínez, con una sensibilidad exquisita, nos lo presenta, cercano, divertido, sensual,… pero tremendamente emotivo. Inmensamente humano. Con la coquetería de quien se quiere, pero con la amargura de quien quiere que le quieran.
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Inestables, in extremis

Alberto Morate

No nos conocemos ni a nosotros mismos. Creemos que sí, pero ante situaciones límites o especiales, posiblemente nos autosorprendiéramos con reacciones impensables. Pero, si nos dan un tiempo para meditar, para tomar una decisión, ¿actuaríamos también como realmente creemos?

En Inestables de Carlos Zamarriego, que también la dirige, una pareja que no se conoce y que, por motivos profesionales, tienen que tomar una determinación drástica para el resto de sus vidas, nos vendrán a decir que no existe la seguridad perpetua, la actitud encomiable que nos pone por encima de los otros, la rectitud de los principios que tenemos como modelo.
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La autora de Las Meninas

Alberto Morate

Pocos cuadros como el de Las Meninas tienen tantas lecturas, interpretaciones, visiones diferentes, adaptaciones, versiones, re-creaciones, ensayos, estudios, hipótesis, reflejos,… yo diría que casi tantos o a la par que la esencial figura de nuestro don Quijote. De tal manera que se convierte en mito y todos tienen derecho y opción a hablar de ellos. Y, en concreto, sobre el cuadro de Las Meninas, visitado diariamente por miles de personas que se quedan admirados de la prodigiosa obra de arte.

Pero, hete aquí, que Ernesto Caballero, a la sazón, director del Centro Dramático Nacional, dramaturgo, director de escena, profesor,… y ante todo hombre cabal y coherente, se le ocurre que qué pasaría si se hiciera una copia exacta del famoso cuadro de Velázquez. Lo que debiera ser algo anodino e intrascendente, porque no dejaría de ser una copia por muy bien que se haga, se convierte en un texto teatral de grandes dimensiones, como el lienzo. Como en él, con claroscuros, con personajes enigmáticos, con rostros bien definidos y otros a los que solo se les ve a través de espejos y una atmósfera inquietante y sugerente. Las Meninas que cobran vida de forma diferente.
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