Sara Baras, voces y versos

Alberto Morate

Sara Baras ha vuelto dando “Voces”, pero sin hacer aspavientos ni ser estridente. Al contrario, ha salido al escenario y en homenaje a unos cuantos maestros, ha sabido “distinguir las voces de los ecos” y nos ha dado un recital de poesía, de auténticos versos de baile y flamenco.

Sara Baras, con José Serrano, nos ha descrito el fuego, la sangre, la pena negra, los espejos. En Sara Baras hemos leído mariposas, la espuma del océano, el viento.

Los bailaores y músicos de Sara Baras son las voces que cantan y las voces que callan, y nosotros, privilegiados testigos, con nuestros aplausos hemos correspondido poniendo el acento.

Sara Baras es el poema entero. Es el luto, es el misterio, es el aliento. Es el corazón latiendo. Es el amor y el enfrentamiento entre hombre y mujer, es el universo pleno, es flamenco.

Es la guitarra rompiendo “las copas de la madrugada. Es inútil callarla. Es imposible callarla”. Es una letra bailando en un cuerpo bello, es un movimiento sísmico del corazón galopante a través del taconeo.

Son fuegos artificiales estallando en sonido, es una tormenta en el suelo.

Es una gota de agua erosionando el sentimiento. Es un meteorito cayendo. Es bailar en silencio, es el tiempo detenido en un momento.
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El duende de La Pepa es Sara Baras

Alberto Morate

SARA-BARAS

Desde que se apagan las luces y se empiezan a escuchar los primeros acordes musicales algo se nos mete en la sensibilidad de la piel y en el sentimiento del alma. Un duende recorre el teatro Compac Gran Vía y sube al escenario y baila con pasión y emite “quejíos” y proclama libertad y reclama sus derechos. Hay un duende en cada uno de los pasos, en cada taconeo, en cada palmada, en cada movimiento de las manos, en cada rasgueo de las guitarras, en cada coreografía, en cada gesto, en todos los aplausos.

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