Toc Toc, ¡adelante!

Alberto Morate

Vivir con un TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo, no debe ser nada fácil. Ni para quien lo padece ni para quien está cerca del mismo. Sin embargo, Laurent Baffie escribe una comedia hilarante, llena de ritmo, de diálogos ágiles y frescos,… agrupando en una sola sesión y en una única sala a seis individuos que dejados solos, aparentemente, por su psiquiatra, deberán intentar comprenderse y se intentan ayudar de una forma muy peculiar. Tan peculiar como lo son ellos.

La versión española la firma Julián Quintanilla, y la dirige Esteve Ferrer, que también interpreta al personaje obsesionado con el cálculo y los números. Será el alma de ese grupo que se mueve por impulsos repetitivos. El que se le escapan los insultos, la beata que tiene que comprobar cada acción que hace y nunca está segura, la que lo repite todo dos veces, el que no puede pisar ninguna línea y la que tiene aversión a bacterias y bichitos y necesita lavarse constantemente y no admite contacto físico.
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La Casa de Bernarda Alba, ¡silencio!

Alberto Morate

 

Cuando es el final, el culmen de esta gran obra, de esta gran tragedia de Lorca, nuestro Lorca, los espectadores miran al suelo. O al infinito. O a su interior. Es tan dura la escena, de tanto dramatismo, que nos da apuro mirar la desgracia cara a cara. Soberbio. Pero las actrices que están en el escenario tienen el corazón roto como una granada que ha estallado. Hecho pedazos. Hay tensión, tragedia, silencio. El silencio que pide Bernarda para ocultar lo que estaba sucediendo. No quería verlo. Y mira que Poncia lo estaba advirtiendo. Pero se va mascando el dolor, los sentimientos que quieren manifestarse a toca costa; no es el potro garañón el que da coces, es la palabra, es el amor, es el sufrimiento.
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Cuento de Navidad, siempre

Alberto Morate

 

Hay cosas que se repiten periódicamente y no importa que suceda. Al contrario, si en una época faltan, se echan de menos y se recuerdan con nostalgia. En el período de Navidad es también lógico que se arraiguen ciertas tradiciones.

Entre ellas está recordar el gran argumento del insigne y estupendo escritor Charles Dickens con su Cuento de Navidad. Esencia pura de ese espíritu benevolente que nos acompaña en estas fechas de reencuentros, de deseos de felicidad, de regalos, de ayudas a los necesitados, de villancicos y de nieve, de balance de todo un año, de propósitos nobles y de mejora,…. En definitiva, la Navidad con todos sus alicientes.

Y, por tradición, poner en pie esta historia de una manera o de otra, nos hace reflexionar sobre las relaciones sociales, sobre penurias y soledades, sobre necesidades, arrepentimientos y quereres.
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Aire Siempre de Viaje

Alberto Morate

 

Si estás porque piensas en irte y si estás fuera porque te pienso. Desde que te conozco, desde que nos conocemos, la atracción y el desencuentro. Te necesito y quiero estar solo. Si estoy solo te busco, no sé por qué me pasa esto.

Hay algo más que amor, porque amar es la ausencia. Hay querer queriendo, pero lo que no hay es vuelta atrás, aunque en el texto haya saltos al pasado todo el tiempo. Pero no son saltos al recuerdo exactamente, son vivencias, son sentimientos que nunca pasan del todo porque quedan dentro.

Nadia y Fer, viven y sienten, en uno y lejos. Fer y Nadia dando vueltas en bicicleta al universo interno, círculos amarillos y azules para no llegar al verde que da la calma, nada es como antes, nada fue como supusieron. Pedaleando uno llega donde no se espera, y el viento, a veces, nos impide avanzar y nos frena, porque el viento es Aire siempre de viaje, y tiene envidia del que se queda, y tiene celos del que avanza porque quiere ser su compañero.

¡Qué buen texto! De Sara García Pereda. Y Pablo Canosales que lo asume como poema hecho teatro, al que hay que hacerlo de carne y hueso, emanando emociones, volviendo, siempre volviendo. Tanto el que se marcha, como la que se queda, que quizás ha ido más lejos, como el director que se busca a sí mismo y quiere que lo encontremos, como el texto que fluye en sus versos, en su ritmo interno.

Y Violeta Orgaz y Juan Caballero que se compenetran incluso cuando no se miran. Que cuando se miran, se besan, que se les nota el abismo en el medio. Que aportan su propia sensibilidad y un enorme esfuerzo. El esfuerzo de creérnoslos. Lo consiguen. Uno disfruta con esta amalgama de colores, de pensamientos, de buena interpretación, de palabras, de silencios, de fuego, de pasión, de emociones, de recuerdos, de teatro sincero. Que el Aire siempre de viaje se quede con ellos.

Bodas de sangre, la oscura raíz del grito

Alberto Morate

Con un cuchillo, con un cuchillito, se puede rasgar la carne de un hombre. Con ese mismo cuchillo se puede tentar a la muerte. A Lorca no lo mató un cuchillo, pero también habla en Bodas de sangre de pistolas y venganzas. De vaticinios de muerte. De enfrentamientos sin sentido. Y el agua que corre por el río está manchada de sangre, de barbas granate. Esta tragedia rural es un modelo de construcción dramatúrgica. De personajes heridos, de soledades,… Es también la voz del pueblo, el qué dirán, los dimes y diretes, unos contra otros, y el suelo que tiene sed, como los cuerpos tienen hambre de amor y sexo.

Pablo Messiez, en su lectura para el Centro Dramático Nacional, le ha quitado dramatismo. Tragedia. Rudeza. Lo ha trasladado a nuestros días, pero no es lo mismo. La fiesta de la boda no es una fiesta premonitoria. Los personajes parece que no se encuentran previamente. Es como si todo surgiera de repente. Y no. La muerte debe mascarse desde el principio. Sí, la muerte anda desnuda por los caminos, pero no es suficiente. No es necesario acercar esta tragedia a nuestros días, porque todos los días está ocurriendo. Y lo sabemos. Y queremos mascar el polvo de una tierra yerma, que hay que sacar adelante con mucho esfuerzo. Y de una madre sola que ve cómo su hijo camina hacia al abismo. Y cómo Leonardo no puede gritar de repente, “esta canción me encanta” y bailar como si no estuviera urdiendo convertir las bodas en sexo primero, es sangre después. En los bailes no hay un macho y una hembra hambrientos de cuerpos. Una madre que sufre por dentro. Una mujer desolada y que intuye un destino más sola todavía. No hay una navaja de plata afilándose y brillando al rayo de la luna desnuda. No hay un grito, una tierra de sangre y lágrimas, donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Menos mal que tenemos el texto, la poesía, el argumento imperecedero de Lorca y su cuchillo. También Gloria Muñoz, en una madre rota por dentro y por fuera nos conmueve. Lola Membrives y Margarita Xirgú representaron Bodas de sangre. María Guerrero no lo hizo, pero ya que estamos en su teatro, que resuene ese grito trágico es magnífico.