El intercambio, nada es lo que parece

Alberto Morate

Lo inesperado. Lo que uno se monta en su cabeza y luego se tuerce. Nada es igual a lo imaginado. Intentar controlar la situación y que la situación se desborde y te descontrole a ti.

Y además, de forma disparatada, cómica, fresca, chispeante, con ingenio. Al principio, incluso con la música inicial, me recordaba a las comedias al uso de antes de la democracia. No por el tema, (en aquella época un intercambio de parejas era impensable), al menos de forma explícita y artística. Pero sí en cuanto a los personajes principales. El marido que manipula sutilmente a la mujer fiel y terriblemente enamorada, que tiene miedos, que se siente protegida por su hombre y que le admira porque siempre tiene argumentos para todo. Aunque sea un pobre infeliz. Pero ninguno de los dos lo saben. O no quieren darse cuenta. Ella se deja llevar, él tiene en mente algo muy claro y encima considerará un triunfo conseguir su objetivo con el beneplácito de ella. Después las cosas irán cambiando. Nada será lo que parece.

Con un texto ágil, chispeante, cargado de gags gestuales, llevando al límite lo que pudiera ser normal, hasta casi el absurdo, Ignacio Nacho, que también interpreta un personaje, nos hace pasar un rato más que divertido, en algunas ocasiones de auténticas carcajadas, y en otros provocándonos una ternura que entronca con las obras más sensibles de Mihura o de Llopis.

Juan José Afonso maneja las escenas con soltura, sin que merme el ritmo, pendientes todo el tiempo de ese personaje anodino y un poco mequetrefe, pero entrañable, al que comprendemos cómo se siente. Y más, porque lo interpreta magistralmente Gabino Diego, que llena el escenario con voz, gestos y silencios, dándole al personaje una verosimilitud cómica indeleble. Le acompaña no con menos entrega y desparpajo, Teté Delgado, un personaje que va creciendo a pesar de estar a la sombra de su partenere. El resto del elenco no desmerece. El propio Ignacio Nacho, con una soltura divertidísima, como si improvisara, hace que todos estemos de él pendientes. Y Rodrigo Poisón, Juanma Lara y Natalia Roig, se crecen en sus intervenciones, y envuelven este regalo sorpresa de la forma más eficiente.

Intercambien sus risas con ellos, que se las devolverán con creces.

Cosas de papá y mamá, vuelta al pasado

Alberto Morate

Entrar a ver Cosas de papá y mamá de Alfonso Paso es entrar en el túnel del tiempo. Es viajar al pasado cincuenta y cinco años y aprestarse a contemplar una historia de los años 60 en cuanto a texto, situación, trama,… porque sí es verdad que utilizan nuevas tecnologías para el decorado, con cromas en los que proyectan el ambiente adecuado, pero mantienen el teléfono de rueda, nombrar las pesetas y el hecho de que por quedarse (supuestamente) embarazada la mujer tenga que casarse.

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No voy a poner en duda la calidad teatral de Alfonso Paso, que en su época tuvo un gran éxito popular, pero también es cierto que de tan prolífico que fue tienen guiones acertadísimos y muy divertidos y otros que, sin perder su impronta, bajan más en cuanto a enredo argumental.

Creo que Cosas de papá y mamá es de estos últimos. Al menos, para representarlo hoy en día. Ya nadie cuestiona que una pareja de jubilados, con más o menos achaques reales o inventados, puedan sentir algo especial entre ellos, que se enamoren o incluso que sientan atracción física. Lo que es menos creíble es que a toda costa tengan la necesidad de casarse porque, entre otras cosas, perderían una de las pensiones.

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