Vemos La Llamada y luego hacemos…

Alberto Morate

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Para alguien tan neófito como yo en brújulas, estas son simples agujas que tiemblan en la esfera. Las estrellas son lucecitas a las que, de vez en cuando, se le piden deseos secretos. Los campamentos de verano son excusas para estar con los amigos. El concepto de Dios se nos escapa del entendimiento. Pues con toda esta amalgama de premisas, los autores de La Llamada, Javier Ambrossi y Javier Calvo, consiguen montar un espectáculo músico-teatral, ágil, divertido, no exento de ternura, de adolescencia con ideales, de fe sin consistencia, de frágil amistad que se va consolidando, de recuerdos que no se han vivivido suficientemente, de amores ocultos, de necesidad de vivir por encima de todo. ver más