Palabras Encadenadas, vidas torturadas

Alberto Morate

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Confieso que había leído el texto Palabras Encadenadas hacía varios años y ya entonces anoté a lápiz al final del mismo: “Dura. Fuerte. Muy bien construida. Nos va metiendo en la tela de araña y cuando creemos poder salir estamos aún más inmersos. Muy interesante”. Y después la fecha que ahora no viene al caso.

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El Crédito, con un alto interés teatral

Alberto Morate

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La duda. La duda y la inseguridad. La gran metáfora de El Crédito es la duda que se genera en una persona cuando alquien se enfrenta a él de foma pacífica, pero con todas las armas de la dialéctica, la confianza y, sobre todo, la desesperación, el no tengo nada que perder, pero me vas a soñar, me vas a tener presente y detrás, como una sombra, como una mala conciencia que no te dejará dormir.

Al principio el hombre que parece más seguro no dará crédito. Ni económico ni psicológico ni social. Se creerá invencible, superior, el que rige los destinos. Pero el otro personaje habrá sabido inyectar una dosis de duda suficiente para que sus cimientos se tambaleen. Posiblemente esté jugando con unas malas cartas, pero el “envite” que han lanzado se lo han creído y ha hecho mella.

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Viaje a Cancún teatral

Alberto Morate

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Si te despertaras una mañana como otra cualquiera y toda la gente de alrededor fueran los mismos de siempre, pero no así la relación que tienes con ellos, y pensaras que has pasado una noche toledana y la resaca no te dejara ver las cosas como realmente crees, o creías, que son, o supieras que te están tomando el pelo, que no es más que una broma bien pergeñada, o que aquello que deseaste una vez se ha cumplido de repente y por más que te esfuerces no consigues volver a enderezarlo, entonces, los demás te tomaran por loco, o convendrán que les estás tomando el pelo, o te pellizcarás para ver si es que estás viviendo un sueño.

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El Nombre, siempre es importante

Alberto Morate

En la vida cotidiana hay ciertas cosas, estamentos, figuras inamovibles que se respetan hasta que se descubre que hacen aguas. Una de esas instituciones sagradas es la familia. Desde ella se protege, se perdona, se bromea, se consiente, se aguanta, se silencia,…pero también, de vez en vez, se dicen las verdades a la cara, y de broma o sin querer, salen los trapos sucios a relucir y nada vuelve a ser como antes, hasta que todo se cubre con el velo del tiempo y las aguas vuelven a su cauce.

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