Mí, Me, Conmigo

Alberto Morate

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Hay muchas cosas que destacar en este musical de factura autóctona escrito y dirigido por Jesús Sanz-Sebastián que ahora se representa en el nuevo espacio Gran Teatro La Estación Príncipe Pío. Y otras cuantas de las que hay que hacer algunas salvedades.

En primer lugar, dar la bienvenida y darnos la enhorabuena por disponer de un nuevo escenario donde poder disfrutar de montajes con la calidad necesaria y la proximidad de la disposición del público. El Gran Teatro La Estación Príncipe Pío está diseñado como una gran carpa que recuerda los viejos circos de antaño, pero con mayor elegancia, con el encanto de los cabarets europeos o los cafés teatro españoles de los años 70 pero a lo grande. También podrás tomar tu consumición mientras ves la obra. Quizá debieran insonorizar mejor el interior pues no dejan de oírse sirenas y el intenso tráfico de la Cuesta de San Vicente cuando la escena es algo más íntima.

En segundo lugar, la obra Mí, Me, Conmigo. Nos encontramos con una buena historia. Un muchacho con trastorno de personalidad múltiple se enamora de su psiquiatra y viceversa, aunque a veces dudamos si es amor o es solo atracción física. Hay aquí un buen argumento. Si bien, los personajes que poseen al protagonista podían haber sido un poco menos prototipos o un poco más complicados en sí mismos. La interpretación de Claudia Molina y Eduardo Tato es correcta, aunque en algunas ocasiones se ve forzada por querer sacar el humor de situaciones un tanto escabrosas. Abusan, a mi modo de ver, de lo chabacano, de palabras malsonantes, que no por ser de común uso y del nivel coloquial, sobre un escenario suenan un poco estridentes. Como algunas veces los gritos a través de los micrófonos. Se echa de menos un texto algo más profundo que la cotidianeidad de los tacos. O unas situaciones más graciosas sin basarse solamente en el sexo.    

Hay que destacar, eso sí, la calidad de las voces e interpretación en las canciones. Bien acompañados al piano por Richie Salvador, hay una buena variedad de estilos en la música de Roberto Bazán. Es más, en algunas ocasiones, los diálogos se hacen excesivamente largos y estamos esperando la siguiente canción.

Mí, me, conmigo, posee aciertos, bastantes, la música, la interpretación, el argumento, el espacio, la sencillez,… pero puede mejorarse en el texto, en los personajes, en el humor, en el dramatismo psicológico, en la evolución del síndrome… Al final, el giro que da la obra también nos sorprende y eso también es un acierto. Pero lo mejor es que vaya usted al teatro y lo juzgue por sí mismo, tú, te, contigo.

Las luces de 50 Sombras, ¡el musical!

Alberto Morate

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Puede haber dos maneras de acercarse a la lectura en vivo (es decir, a este espectáculo teatral-musical) de 50 sombras de Grey: 1. Habiendo leído el libro y 2. Sin siquiera haberlo tenido entre las manos. Las dos son válidas. El musical proyectará su luz sobre cualquiera de los espectadores que la disfruten.

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