SÉNECA o el beneficio de la duda

Alberto Morate

Luci Anneo Séneca, o el estoicismo personificado. Hierático, filósofo y escritor, también fue tutor de Nerón. Había que ganarse las habichuelas, aunque, supuestamente, despreciara el valor del dinero.

Antonio Gala nos lo rescató como personaje teatral allá por el año 1987. Reconozco que no vi aquel montaje. Por lo tanto, no puedo contrastar las diferencias o similitudes con este otro que dirige Emilio Hernández en el Centro Dramático Nacional. En definitiva, también daría lo mismo.


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62 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

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Clásico, moderno e intemporal

El teatro romano emeritense acogerá un verano más el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. El acontecimiento cultural tendrá lugar entre el 6 de julio y el 28 de agosto con 7 montajes teatrales, todos ellos estrenos absolutos y jamás representados en la capital extremeña, y un concierto sinfónico. A este escenario, además, hay que sumar los teatros romanos de Medellín y Regina y otros espacios de la ciudad que contarán con actividades paralelas de la Programación Off.

Esta 62 edición apuesta claramente por la nueva creación, con textos inéditos y originales, por la conquista de nuevos públicos y por nuevos éxitos de asistencia y repercusión.

¿Qué nos espera en esta nueva edición?

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El Cabaret de los Hombres Perdidos

Alberto Morate

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Hay veces que al autor se le escapan los personajes, como escribió en su día Pirandello, y deja de tener control sobre ellos. Hay veces que el autor cree tener el destino de las vidas de sus personajes en las manos y en el pensamiento, pero algo en ellos les hace rebelarse. Hay veces que los personajes son tan reales que quisieran estar vivos siempre.

Pero, ¿qué pasa cuando esos personajes se pierden en el laberinto de la duda o pretenden cambiar el destino de lo que el autor había pensado para ellos?

En El cabaret de los hombres perdidos se parte de un mundo miserable, escondido, fuera del circuito de lo convencional y las buenas maneras. Hay otras vidas, otras realidades, otros sentimientos, y no son peores (ni mejores) que los correctamente establecidos.

Los personajes creen que pueden salir de esa miseria, de ese inframundo, de la sordidez, de la soledad, del desamparo, de la angustia vital de lo que les está permitido.

Hay, en el libreto de Christian Simeón y en su adaptación a la realidad ibérica de Jorge Roelas, un mundo neblinoso, unas luces oscuras, una desnudez en carne viva. Pero también muchos guiños de humor, de juego, de complicidad con el espectador, de musical desgarrador, de teatro cruel, de parodia, de vodevil, de transgresión y de esperanza, pero no a partes iguales, porque pesa más lo dramático, aunque le quiten el hierro candente necesario para no quemarse en las emociones.

Poco a poco la obra va ganando en ritmo y en sensaciones. Vamos tomando cariño a los personajes a medida que los vamos conociendo, que se nos hacen familiares, que comprendemos sus penurias. Se nos van grabando en la piel al igual que al muchacho que solo quería ser cantante de éxito y triunfar como persona. Y los actores contribuyen, a pesar de sus intentos de distanciamiento y acercamiento, de sus provocaciones veladas y directas, a que la historia sea dura por su texto, complaciente en sus canciones, distinta por su forma de presentarla. Ignasi Vidal, Cayetano Fernández, Armando Pita y Ferrán González los interpretan creíbles e irónicos, divertidos y tremendos, atroces y humanos.

Grande este musical no al uso, excelentemente acompañado al piano por Germán Kucich. El director, Víctor Conde, nos relata esta historia amarga con guindas de frescor que proporcionan efectos secundarios, como los pintalabios que dejan manchas de carmín delatoras.

Nadie elige su destino, nadie puede cambiarlo, a no ser que entremos en un lugar siempre abierto donde se encuentran seres humanos perdidos que buscan ser comprendidos.