Fausto infausto

Alberto Morate

El mundo tenebroso, individualista, subjetivo, nocturno, sórdido, del romanticismo se nos presenta en la obra de Goethe con toda la siniestralidad que sería de esperar. En la versión de Tomaz Pandur, un gigantesco muro parece tener atrapado a nuestro protagonista Fausto. A pesar de eso, en esa gran pizarra no cabe todo lo que él quiere saber, sentir y experimentar. Su ilimitado conocimiento también necesita ir más allá, está al borde del inicio de nada. Por tanto, solo le quedará poner fin a su vida o pactar con el diablo o con Mefistóteles, o con quien sea necesario, para que le muestre misterios y placeres, pasiones y retos, que le saquen de esa insatisfacción que le impide su propia sabiduría.

FAUSTO

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