Cyrano de Bergerac, palabras de poeta

Alberto Morate

Tres personajes conforman mi bagaje literario. Tres personajes que están en mi itinerario narrativo, teatral y poético, que llevo siempre en mi fuselaje.

El primero, don Quijote, inefable Alonso Quijano, al que admiro con fervor de poeta torpe y escritor de tres al cuarto al lado de su padre, el gran Miguel de Cervantes de Alcalá de Henares, y eso que yo no soy manco.

El siguiente, una mujer, Carmen de Merimée. Gitana sevillana, libre y por mí amada. Yo también caí con sus armas de seducción y belleza, de riesgo y pasión frenética.

Y el tercero, este Cyrano de Bergerac, capaz de desenfundar la palabra para enamorar y engrandecer a la luna poética y al alma.

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La Comedia de las Mentiras, al clásico estilo

Alberto Morate

Que el teatro es mentira lo tenemos asumido como verdad intrínseca. Que es verdad que vamos al teatro a que nos cuenten mentiras disfrazadas de verdad que muchas veces son más reales y verdaderas que la mentira de la vida.

Vemos decorados de cartón piedra y lo damos por buenos. Vemos actores disfrazados asumiendo roles que no corresponden con su forma de ser y decimos que son buenos. Las historias siempre son supuestos. Y cada vez nos gusta más ese teatro de falsedades bien disimuladas de verdad que nos hacen creernos lo que no es cierto.

En La Comedia de las Mentiras de Pep Antón y Sergi Pompermayer juegan con todo esto. Nos trasladan a una época pretérita del teatro latino y griego, pero situando la acción como si estuviéramos en los años sesenta del pasado siglo,  y un argumento barroco ciento por ciento.

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Bang, Bang! y somos historia

Alberto Morate

¡Arriba las manos!, o mejor, métanlas en los bolsillos y saquen todo lo que tengan dentro. ¡Esto es un atraco en un teatro!

Un actor en el escenario, declamando. De repente, hombres de negro, pistolas en mano, teatro de acción y de secuestros, tres hermanos. Los hermanos Dalton no, los Martínez que vendrá a ser lo mismo, para el caso. Amenazas, disparos, gritos, golpes, y el monólogo del actor se queda esperando. Ahí están el hipocondriaco, el líder que quiere pasar a la historia pero se queda pensando demasiado rato, el niño grande al que le gustan los dibujos animados. Y una sorpresa, el héroe disfrazado de policía municipal, que es un hombre como tantos.

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Óscar, emoción a raudales, la felicidad de existir

Alberto Morate

No es cómo se entra en el teatro. Es cómo se sale. Si la obra en cuestión ha conseguido removerte las tripas, el corazón, la sangre, el sentimiento,… entonces puedes creer en Dios como empieza a creer Óscar, como empieza a creer Mami Rosa, de forma escéptica y un tanto reservada, pero que te envuelve y te deja tocado, con una lágrima en los ojos, con una sonrisa de ternura en la comisura de los labios, con el corazón encogido pero más grande, como nos cuenta Juan Carlos Pérez de la Fuente, director de esta gran obra, de este maravilloso texto sensible, cargado de paz, de sinceridad, de imaginación, de realidad, de silencios y de palabras hermosas.

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5 regalos para el día del padre que no puedes dejar pasar

entradas.com

Hacer un buen regalo no es tarea fácil, cada celebración que se nos presenta va unida a elegir algo adecuado para esa persona, algo especial que no se quede en el cajón de “regalos que pasan desapercibidos”.

El próximo 19 de marzo se celebra el día del padre, nuestra siguiente cita en el calendario. Un día muy especial en el que los padres son los protagonistas y una de las maneras para demostrárselo es haciéndoles regalos que puedan recordar siempre.

Pasar más tiempo con ellos seguramente sea uno de los mejores regalos para el día del padre. Ver un concierto, ir al cine, visitar una exposición, comer en su restaurante favorito, etc. La taza, que pone que es “el mejor padre del mundo” ya la tiene, sólo le falta que ese día lo pases con él y le puedas regalar momentos para todos los demás días.

Desde entradas.com queremos ayudarte a estar en el podium de los mejores hijos del mundo, así que, deja de comprarle calcetines o corbatas a tu padre y apunta estas ideas de regalos para el día del padre:

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Desatadas del todo

Alberto Morate

Desatadas y sin sentido. Desatadas del coco y de todo. Desatadas de guion. Una sucesión de monólogos con un supuesto hilo conductor para enlazar unos largos chistes y facecias con otros diálogos poco cuerdos, muchos de ellos obvios, blancos, supuestamente irónicos, trasnochados, y totalmente tópicos. Basándose en ocasiones en tacos, en el gesto de las actrices y en los gritos, entran y salen contando diferentes historias donde mencionan situaciones histriónicas de cuernos, odios, locuras.

La excusa del manicomio siempre es fácil para soltar lo que se le ocurra al autor y director de la obra, Félix Sabroso, sobre mujeres vacuas y vacías de seso, sobre conductas exacerbadas para darle hilaridad a las historias, sobre relaciones cotidianas, envidias, competitividad, incluso deseos de matar, o episodios desastrosos.

Gran parte del espectáculo se basa en la comicidad de Paz Padilla, a la que no se le niega la vis cómica y el desparpajo, pero cuyo contenido textual de sus monólogos y el de sus acompañantes, Natalie Pinot y Rocío Marín, juegan con la exageración, pero no hay acidez ni crítica social como tal, solo guiños a personajes, creo, televisivos, a mostrarnos una mujer más preocupada de su aspecto físico que de sus logros.

Futilidad, frivolidad, intrascendencia, para espectadores que quieran resguardarse de la lluvia y pasar un rato un poco tonto.

Lulú

Alberto Morate

El oscurantismo, la superstición demoniaca, el fanatismo de unos preceptos religiosos, aderezado con la violencia y el machismo, la venganza, la incultura, el poder, el miedo,…

Al principio te piensas que encontrar una mujer semidesnuda en el bosque de manzanos puede resultar como un cuento de hadas. El fin de una pesadilla de soledad, la solución a todos los males, la recompensa a un accidente aciago. Pronto empiezas a darte cuenta, por el tono de las voces, por el movimiento ralentizado, por el dramatismo de la escena, por la oscuridad de la noche fría, que los lobos campan a sus anchas.

Esa mujer surgida de las raíces, del viento, de las nubes, que viene a traer placer y desmemoria, en realidad es una víctima a la que hay que disfrazar de serpiente, para justificar unas actitudes misóginas.

De nuevo el puritanismo, los espíritus malignos, la hechicería de creer que lo que no entendemos es malo y perjudicial. Pero lo que impera es una actitud violenta e injustificada, un abuso de poder, un desprecio, un delito por la fuerza, una sinrazón magnicida.

En Lulú, de Paco Bezerra, se nos narran unos hechos descarnados, terribles, para dar voz, de forma exagerada sí, pero necesaria, unos hechos imperantes en una sociedad que sigue padeciendo esta lacra. No es medieval, ni antigua, ni rural, ni aislada. Luis Luque dirige a María Adánez, con toda la crudeza necesaria. Sin omitir nada de esa tragedia que se masca. Y la actriz se muestra frágil, delicada, sensible, donde impera la rudeza y la falta de alma de sus ejecutores aunque parece que nunca han roto nada. Se puede respirar un aire espeso, una niebla que no ocultará nada, por más que los personajes masculinos quieran justificar unos hechos que no encuentran palabras de defensa ni disfrazándola de provocación sexual ni de seducción satánica.

Armando del Río, César Mateo, David Castillo y Chema León completan el elenco de esta obra tremenda, fatídica, nefasta. Una historia que pone los pelos de punta al escucharla.

Comedia Aquilana, comedia auténtica del renacimiento

Alberto Morate

El renacimiento humanista y teatral. El padre del teatro barroco y posterior. Bartolomé Torres Naharro, al que se estudia de pasada, casi solo por el nombre en 3º de la E.S.O.

Porque podemos preguntarnos que a quién le interesa hoy en día un dramaturgo que tiene sus textos en lengua vernácula del siglo XVI y que lo hace en clave de comedia con asuntos serios, que nos habla del ser humano y sus costumbres, que nos divierte con sus enredos, que crea personajes en conflicto y convierte al amo en criado y al siervo en rey, que lía con las tramas del amor y burla burlando, que nos trae desde Italia una nueva forma de interpretar para solaz no solo de nobles, sino también de vasallos, que nos muestra sentimientos y desengaños, que juega con el propio lenguaje y con los gestos, que habla de picaresca y vidas dispares de señores y labriegos, que entretiene y hay equívoco y misterio, diversión, realidad y deseo.

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Que hable La Voz Dormida

Alberto Morate

Hilos que entretejen una historia de persecución y distancia. De horror y soledad, y guerra, y penurias, incomprensión, injusticia, prisión, desesperanza.

Y aun así, nada impide que la vida intente brotar desde los vientres o desde las sonrisas. Desde el trabajo, desde la ilusión, desde una alegría escondida, pero que está ahí, agazapada.

Pepita, uno de los personajes de La voz dormida de Dulce Chacón, habla con el aire. Teje en su máquina de coser la historia de tela de araña que tendrá que romper para poder hacerle frente. Ya no puede estar por más tiempo callada. Hablar sirve para recordar, dice, y hay que sobrevivir para contarlo. Para que no se olvide, para que no haya más muertos sin que hayan hecho nada.

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La línea del horizonte, siempre queda lejos

Alberto Morate

Siempre los sueños. Siempre La línea del horizonte. Siempre la ilusión y el deseo. Siempre, hasta que alguien llega y nos intenta abrir los ojos. O nos dice que esa línea del horizonte nunca la alcanzaremos.

No es cierto. Se puede llegar. Pero hay que hacerlo paso a paso. Aunque también es cierto que muchos se han quedado en el intento. Y otros, cuando llegan, ha sido a base de sacrificar otras cosas, o de ceder, o de ir contra principios y sentimientos.

De eso va La línea del horizonte, de Carlos Atanes. Simplemente nos plantea que no todo es gratuito, que no nos engañemos. Y lo hace con un texto elegante y bien situado históricamente. Pero en un lugar de donde ya no se puede escapar. Un barco en medio del océano. No hay vuelta atrás. Y en una época de nuevas oportunidades, ya ha pasado una gran guerra, no saben que habrá otra, y otra, y eso sin contar las guerras internas y personales de cada uno, en las que nunca se sabrá quién venció y quién sale derrotado. Pero siempre será el más débil. En este caso, la artista ingenua e ilusionada, porque aunque abre bien los ojos, la línea del horizonte siempre quedará lejos.

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