Cuatro corazones con freno y marcha atrás, para seguir viviendo

Alberto Morate

Jardiel Poncela, don Enrique, siempre es revisitable, en cualquiera de sus comedias.

Con cualquiera de sus títulos. No pasan de moda sus ideas, ni su humor, ni su sagacidad, ni su chispa irónica, ni su ingenio. Tuvo, tiene, la habilidad de adelantarse a su tiempo y llegar a ser inmortal, como los personajes de Cuatro corazones con freno y marcha atrás. Aunque en ciertas épocas haya estado un tanto denostado. Jardiel era un hombre pleno de teatro y, con su humor, supo tratar ciertas ideas casi visionarias, principalmente sociales, saliéndose del naturalismo y realismo imperante en la época.

Representar a Jardiel casi siempre es signo de garantía para quien lo afronta.

Si lo hace bien, claro. Porque hay que tratarlo con sumo respeto, y captar esa esencia inteligente del absurdo, no exagerando los chistes, sino diciéndolos de forma natural, como parte intrínseca de los personajes. Ahí está la crítica a esa sociedad que lo ensalzó y lo repudió también, porque la envidia es muy cochina y porque, como dijo él, “si buscáis los máximos elogios, moríos”, ya que en vida no se acepta el éxito por méritos propios.
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Los amores oscuros, poesía en vivo

Alberto Morate

“Esta noche te pido

agua para mis ojos,

sombra para mis gritos.”  F.G.L.

 

La claridad de Lorca ante Los amores oscuros. El poeta luminoso, alegre, vivaz, musical, dicharachero,… frente a la ocultación de sus amores.

En este caso de su amor, Juan Ramírez de Lucas, 19 años más joven que él, que calló su relación hasta su muerte. En medio de ellos, la poesía viva. Y el escarnio de los demás. Los tiempos convulsos.

Podría hablar mucho sobre este amor y los sentimientos que conllevan. Pero quiero centrarme sobre el montaje que he visto. Sensibilidad exquisita. Como dijo el propio Federico: “El teatro es poesía que sale del libro para hacerse humana”. Aquí se demuestra con creces. Desde el principio, desde el sueño pesadilla de Juan, interpretado por Antonio Campos, pasando por lo que sucedió y sucede, hasta el final que es una vuelta al principio.
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El Festival de Mérida presenta La Orestíada: la obra clásica para “el hombre de hoy”

entradas.com

El teatro clásico es para todos ¿te vienes al Festival de Mérida? 

El Festival Internacional de Teatro Clásico, festejado en Mérida, abre sus puertas un año más haciendo memoria al evento más antiguo celebrado en España con este motivo.

Como bien sabéis las representaciones de las obras tienen lugar en los meses de julio y agosto en el Teatro Romano de Mérida, en el cual se citan decenas de miles de espectadores, convirtiendo este evento en uno de los más representativos de España.

Para esta 63º Edición del Festival de Mérida, aparte de las adaptaciones existentes para personas con movilidad reducida del Teatro, volverá a ser accesible para personas con diversidad funcional sensorial, habilitando el Palco 3 con un sistema de bucle magnético. También se mantendrá los domingos el servicio de subtitulado en directo y audiodescripción.

 En el Festival de Teatro Clásico de Mérida de Regina, Medellín y Caparra también se podrá disfrutar del bucle magnético y autodescripción en las representaciones de las obras en días señalados.

La Orestíada de Esquilo abre las representaciones teatrales en la 63 Edición del Festival de Mérida 

Como no podría ser de otra forma, esta sesentaitresava edición vuelve a levantar el telón de su teatro emeritense con actrices y actores actuales de la mano de los más reconocidos desde hace años como son Ricardo Gómez, Amaia Salamanca, Alberto Berzal, Felipe García Vélez, etc. Dirigidos por Jesús Cimarro, el director del Festival junto con Plaza y García Moreno.
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Iberian Gangsters, las verdades del barquero

Alberto Morate

Lo cierto es que el dicho “cantarle las verdades del barquero” viene aquí como pintiparado. Bueno, en realidad, no sé si es cantárselas o decírselas, pero, en cualquier caso, en Iberian Gangsters las dicen y las cantan. Y muy bien, de hecho.

Julio Salvatierra es el autor del texto, donde de forma concisa y resumiendo, nos pone en la trayectoria de un político que, si se vuelve corrupto, es por mor de las circunstancias que tuvo que experimentar en sus propias carnes durante cuarenta años.

La realidad como la vida misma actual. No es para menos. ¡Cómo si no, va ese señor político a mantenerse en diversos cargos, ofreciendo todo lo que está  en su mano, a la sociedad, qué ingrata, que no ve con buenos ojos que cambie de partido y de ideas, que se quede unos pellizcos de los tributos que todos pagamos, y que, encima, se sienta amenazado por la incomprensión inusitada de sus actos! ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Desde luego…!

Álvaro Lavín dirige con sabiduría, ritmo y acierto a la compañía Meridional Producciones, de manera ágil y divertida, sin conceder un ápice de benevolencia, porque está toda la ironía, toda la crítica, toda la denuncia de lo que está ocurriendo.

Pero nos lo presentan de la única manera que no resulte sangrante, cantando y dialogando, no es un panfleto, es una comedia donde, realmente, se cantan las verdades del barquero.

Porque el teatro tiene que ser eso. El reflejo de lo que sucede en la sociedad, aunque se diga riendo, o cantando, que el arte y la cultura no están reñidas con lo verdadero.

Todo el elenco se muestra altamente activo, con unas voces estupendas, con un juego corporal acorde a las situaciones y a los momentos.

Clara Alvarado, Miguel Ángel Gamero, Chani Martín, Eva Martín, Xavi Melero e Iván Villanueva, coordinan sus cantos, sus miradas, su diversos personajes, ellos sí, al servicio de los agradecidos espectadores que estamos viéndolos. No como esos políticos que solo piensan en ellos y solo en ellos.

Si algunos de esos políticos van a ver la función, posiblemente, aguanten el envite de la crítica escenificada porque están preparados para ello y no saldrán corriendo. Pero se escudarán en la oscuridad de la sala para que no les veamos los colores de sus rostros avergonzados. Aunque quizá ni eso. Y, con una sonrisa displicente, digan a la salida: “Está muy bien traído este montaje”. Y luego en voz más baja: “¿No les habremos dado subvención a estos?”.

Si Goya levantara la cabeza, pintaba los aquelarres y las brujas con traje y corbata en un hemiciclo de infierno.

La vida rota de NINA

Alberto Morate

Llueve. Y cuando llueve siempre trae el agua algo de nostalgia.

En esta ocasión también viene con la lluvia Nina, después de diez años. Aunque eso da lo mismo. Podían haber sido veinte o cinco o dos.

Nina es la vida rota. Y llega a un sitio del que se fue porque estaba más rota todavía. O porque no supo cómo construirla. Es un lugar donde se hacen las cosas por inercia, por costumbre, incluso donde salirse de la rutina es rutinario.

A través de esa vuelta de Nina nos enteramos de la insatisfacción de los personajes que un día formaron parte de la vida de ella.

La vida no es una película. No está llena de frases perennes que sentencian una forma de ser. Porque en muchas ocasiones ni siquiera se es.

No sabemos por qué vuelve Nina. No sabemos a ciencia cierta por qué se fue. Nos pasa como a los personajes, que no pueden (o no quieren) cambiar las cosas, porque, posiblemente todo daría lo mismo. Hay fatalidad, recuerdos que no liberan, intentos, amagos de querer vivir esa vida que, en alguna parte, nos está esperando.

José Ramón Fernández vuelve a poner sobre el escenario un texto potente y sutil al mismo tiempo. Cargado de poética y realidad prosaica. De soledades y encuentros. Donde se espera algo sin olvidar que habrá nada.

Diego Bagnera en la dirección no necesita especificar acciones. Se centra en el trabajo intenso e inmenso de los personajes, de los actores. Los dota de sensibilidad y la frialdad suficiente para asumir tanto dolor interno.

Y los actores responden a la perfección. Muriel Sánchez muestra esa fragilidad de la mujer que necesita que la abracen, pero que será capaz de aguantar durante horas sola en la playa bajo la lluvia. Para tomar una decisión y volver a marcharse. Ha comprobado que todo sigue como antes aunque ya nada es igual. Y José Bustos, muestra ese laconismo de la inacción, de asumirlas cosas como vengan dadas, y cuya presencia de Nina hará tambalearse sus principios, pero sabiendo que no es una película con final feliz. Y Jesús Hierónides, muestra su amargura contenida, su resquemor, dentro de un hieratismo premeditado. Si hay tormenta, ya escampará.

Magnífico trabajo de texto, dirección, interpretación. La vida desasida.

NIGHT, mujeres malditas

Alberto Morate

Tres colores predominan en el escenario: blanco, negro y rojo.

Está claro que el rojo es la sangre, es la pasión, puede ser el sufrimiento, el fuego, el erotismo, la atracción, la fuerza, el vigor. El blanco es la pureza, la paz de la lectura, el color de las hojas de los libros que nos rodean, que se abren a un mundo de imaginación y sentimientos, que nos alivia de la soledad y del tedio, es la libertad, la sinceridad, la virginidad, el optimismo. Y el color negro es la noche, el misterio, la elegancia, la sensualidad, en algún caso también la muerte, es cierto, la nostalgia, puede ser el mal, la negatividad.

En Night, los tres colores se mezclan, se fusionan, se complementan. Y se respira en el escenario un ambiente de romanticismo tenebroso, de movimientos lentos, de golpes de corazón.

En Night nos vienen a contar la necesidad del poder de la palabra a través de las historias que se encuentran en los libros. Árboles que dan hojas escritas, alcorques regados con títulos, la cama con el abrigo de la lectura. Y ahí nace la leyenda de los poetas malditos, de la vindicación de la mujer por ser algo más que un objeto, de la creatividad de la imaginación y de los símbolos que nos emocionan.

Una música penetrante y viva nos traslada hasta las noches en las que Sherezade le contaba cuentos al gran sultán. Y las mujeres malditas, las ninfas, las geishas, las gracias, las sirenas, las ondinas, náyades,… todas, bailan y se mueven cadenciosamente y con una gran armonía. A golpe de corazón, de pulso de la sangre. Y despiertan y sueñan. Aunque nunca hay sensación de peligro. Al contrario, hay sensualidad, deseo, provocación, libertad, locura.

El espectáculo se mueve con ese vaivén de olas del mar, con el lenguaje del viento que mueve las ramas de los árboles y los brazos de las bailarinas, con el ritmo suave de una pasión contenida.

Myriam Soler y Cristiane Azem han inoculado el veneno de la expresión corporal en su cuerpo de baile. Y han coreografiado con gestos las palabras y los versos, los han hecho realidad a través del movimiento.

Teatro, literatura e historia; belleza, elegancia y sentimientos; música, poesía y danza. Eso es este espectáculo. Ni más ni menos.

“Las nueve y cuarenta y tres”, hora de pasarlo bien

Alberto Morate

Nunca me han gustado los números redondos, ni las horas en punto, ni los númerus clausus. Por eso, ya el atrayente título de Las nueve cuarenta y tres me parecía sugerente.

En alguna ocasión he dicho en este mismo medio que, si no conozco la obra previamente, me gusta enfrentarme a las obras sin saber con qué voy a encontrarme, porque me apasiona que me sorprendan.

Eso me ha sucedido con este teatro musical donde los actores interpretan a la perfección, con una gran vis cómica, como se decía antes, pero también cantan de maravilla e incluso hacen sus pequeñas coreografías salerosísimas y pizpiretas.

Andrés Alemán, el autor y, a la sazón, también director de este montaje, pergeña una hilarante comedia entre intriga, misterio, musical, enredo, inocencia, hilvanando una disparatada historia de intereses personales, codicia, erotismo, confusiones, sospechas, y dotándola de ritmo, buenas voces, musicalidad, divertimento, sorpresas. A ello contribuyen unas canciones dialogadas y resolutivas de Manuel Soler Tenorio.

Los actores están que se salen, en estado de gracia humorística y cercanos a la complicidad entre ellos y a los propios espectadores. Todo el elenco vive y se desvive con sus personajes. Todos con unas voces extraordinarias y bien afinadas.

Natxo Núñez, el señor Jiménez, a modo de un Paco Martínez Soria inocentón y buena persona. María Cobos, la chacha española en territorio ruso, con el gracejo que se le presupone a las españolas que hacen valer sus intereses pero sin acritud ni malas intenciones.

Las dos hermanas rusas, opuestas y divergentes, Aránzazu Zárate, una sobriedad y maneras frías que agudizan su humor, así como Gemma García Maciá, desmadrada, sensual, desesperada.

Y el mayordomo, que no podía faltar en una historia de intriga y apariciones, Joselu López, metódico pero enormemente sensible y lleno de emociones.

La historia hace referencia  a una España de tiempos pasados, pobre y sin alicientes. Poco culta y con hambre, pero que no pierde el orgullo ni el carácter.

Una Rusia de decaimiento zarista, donde hacen falta rublos y se mantienen las propiedades. Referencias también a los ladrones actuales de camisa blanca y corbata, a la homosexualidad, a las creencias sobrenaturales, a la inmigración, al poder adquisitivo y a lo que usted quiera leer entre líneas.

Porque lo mejor de todo es que es una comedia divertida, que no da tregua a la risa, que se ve con amabilidad y disfrute, que está muy bien construida y que pasas un rato muy agradable.

A las nueve, aunque a Las nueve y cuarenta y tres ya estamos totalmente entregados y no queremos que se acabe.

Pareja que se “Comprende”

Alberto Morate

Cada vez tengo más claro que somos individualizaciones con necesidad de compañía.

Es cierto que tenemos arraigada en esta sociedad la búsqueda y el encuentro de una pareja y  después vienen las dificultades que conlleva la convivencia.

Pero también las satisfacciones. Los buenos momentos, lo realmente compartido, lo común. Mas nunca, nunca, dejamos de ser personas independientes donde cada uno piensa y reacciona de una manera. Donde uno siente de una forma y el otro se emociona por otras cosas. Ahí radica la paciencia, el saberse llevar, el conocerse y el sorprenderse, el comprenderse e intentar entender al otro.
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Calígula, dirigida por Mario Gas, llega al Festival de Mérida del 12 al 16 de julio.

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¿Te gusta el teatro clásico? Si eres un enamorado/a de los textos dramáticos clásicos no dejes pasar la oportunidad. Entradas.com y el Festival de Mérida te traen siete obras teatrales que podrás ver en los meses de julio y agosto.

Disfruta de un verano lleno de teatro con la mejor compañía y en el mejor escenario, ¿a qué esperas para comprar las entradas?

Mérida, capital del Teatro Clásico 

Del próximo 5 de julio hasta el 27 de agosto la ciudad extremeña de Mérida acogerá la 63ª Edición del Festival Internacional de Teatro Clásico con la representación de siete obras teatrales.

Por el Teatro Romano de Mérida pasarán grandes artistas como Aitana Sánchez-Gijón, Ana Wagener, Ernesto Alterio, Pablo Derqui o Pepón Nieto, entre muchos otros.

Entre esas obras se encuentra Calígula, dirigida por Mario Gas y protagonizada por Pablo Derqui. El texto, original de Albert Camus, traerá al escenario romano la reflexión sobre el absurdo existencial, el sufrimiento y la lógica del poder. ¿Te lo vas a perder?

Calígula y la noción de lo absurdo 

La primera pieza de teatro del escritor y pensador francés, Albert Camus, vuelve a Mérida esta vez de la mano del director Mario Gas. Del 12 al 16 de julio, esta gran obra dramática, coproducida por el Festival de Mérida con el Teatre Romea y el Festival Grec de Barcelona, será representada en la 63ª Edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
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De Caperucita a Loba en solo seis tíos, del drama al humor

Alberto Morate

Marta González de Vega comienza directa y sin tapujos. Y lo deja bien clarito: hay que tomarse las cosas con humor. Porque no te llevas tantos berrinches, porque al final va a dar lo mismo, porque todo se ve desde otra perspectiva, porque un tío no merece la pena. ¿O sí?

La escritora y actriz hace un auténtico estudio (divertido) de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres. Para ello se apoya en las siempre científicas sentencias del gran Eduardo Punset, que corroborará cada una de las teorías del trabajo de campo realizado por la protagonista.

Ya desde el principio interactúa con el público y quiere enterarse de con cuánta frecuencia hacen el amor los espectadores. Sabiendo que mentirán descabelladamente. Pero Marta no se amilana, y pasará a relatar cuáles son las diferentes posibilidades de encontrarse en una relación de pareja. Y de convertirse en una ingenua y sencilla Caperucita querrá pasar a ser una Loba  que no está dispuesta a sufrir los envites del amor ni sus desatinos y sufrimientos.
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