Maldita Locura

Alberto Morate

Uno se vuelve loco sin saber por qué exactamente. Si lo supiéramos sería más fácil curarnos o, al menos, sabríamos el origen de muchos de nuestros males psicológicos. Pero como no lo sabemos, tenemos que recurrir a doctores doctos y sesudos, que experimentan con nosotros a base de dar palos de ciego.

En Maldita locura de Jesús Sanz-Sebastián, que también la dirige, el eminente doctor es doctora, y bien guapa, que prefiere como terapia de su paciente, unas cuantas canciones, mucho cariño o algo más, nada de pastillas, y llegar al meollo de tan mala dolencia que hace que su paciente, con trastorno de personalidad múltiple no sepa ni quien es con los lógicos perjuicios.

Pero la historia pasada se va desgranando, con esas canciones bien interpretadas que hacen ameno y distinto el argumento. Hay, como hemos dicho, ternura, sentimiento, atracción física, coherencia y humor, guiños, frescura, y ritmo. Y se va consiguiendo poco a poco, hasta hacer que los personajes sean, entre nosotros y para nosotros, casi amigos.

Eduardo Tato y Allende Blanco interpretan bien, se compenetran, se ajustan a estos dos seres humanos, que en el fondo, son dos seres desvalidos, solitarios, necesitados de afecto que se buscan en un mundo ficticio. Alberto Torres en el piano en directo acompaña las canciones con tino.

Al final una sorpresa nos espera, aunque ya lo intuimos. Buen texto, buena puesta en escena, buena interpretación, buena producción que se sigue con cariño. El que le hace falta al protagonista para salir de su abismo.

YERMA, ¡ay!

Alberto Morate

Yerma. ¡Ay, Yerma! Lorca. Mi Lorca. Federico. Tragedia de drama rural. Tragedia de dramaturgo. Tragedia de quien quiere tener vida y encuentra la muerte. Encuentra la sequedad de su cuerpo. Encuentra que los campos y los olivos florecen y dan fruto y ella se queda seca. Tragedia que no pasa de tiempo, aunque podamos pensar que el tema está obsoleto. Nada más lejos. ¡Ay!

Se puede decir, “ya nadie suspira por no poder tener hijos propios”, pero no es así. Las clínicas de fertilidad están cada vez más llenas de mujeres que buscan desesperadamente engendrar sus propios vástagos. Pero Lorca no se queda ahí.

Yerma es la paradoja de quien busca la libertad entregándose por completo. Crear. Aunque se sufra, ¡ay!, y los pechos se agrieten por dar de mamar. Pero de esa forma ella misma se alimenta. Lo necesita. Y si no lo tiene, se irá empobreciendo. Y más.
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ROCKY HORROR BURLESQUE SHOW

Alberto Morate

En la noche siempre surgen sombras inesperadas. Sorpresas. También sueños, lo prohibido, lo escabroso en muchas ocasiones. Quizá el terror, pero también lo cómico. Lo transgresor, los vampiros que no pueden ver la luz del sol, la luna desnuda e impúdica ante las miradas obscenas. La noche destapa lo que oculta el día. Y se burla de ese mismo día pacato y rutinario, sin alicientes ni riesgos emocionales. En la noche puedes toparte con una casa o mansión o castillo habitado por fantasmas.

Fantasmas transilvanos que cantan y bailan. Que ejecutan las mejores canciones de rock de todos los tiempos, que trastocarán su aspecto, que buscarán sexo y placer, que intentarán crear al ser humano perfecto, aunque solo sepa decir banana. Para eso es la noche y está la imaginación desbordada.

Para ofrecernos este show en tono burlesco, como su propio título indica, en tono de horror que se ríe de sí mismo, en performances, en participación implicada del público que grita cuando hace falta. En ciencia ficción de andar por casa, pero que divierte y que se celebra con las buenas interpretaciones de las canciones y las coreografías.
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DON GIL DE LAS CALZAS VERDES, un enredo muy verde y muy gordo

Alberto Morate

Los clásicos traídos a nuestros días. A ver si deja de dar miedo hablar de clásicos. Porque así, de esta manera representado, nos produce una sensación de frescor y divertimento bien llevado. Y admiramos el ingenio de estos autores barrocos que jugaban con el enredo y la intriga, con el honor y los celos, con las mudanzas de mujer a hombre, con el lenguaje como instrumento, con las equivocaciones y las referencias a los momentos que corrían por aquel entonces.

Hoy, esta producción de Ensamble Bufo hace lo mismo. Recoge ese espíritu, y con Tirso de Molina, uno de nuestros dramaturgos más prolíficos y creativos del siglo XVII, nos traen Don Gil de las Calzas Verdes, con el afán de que se nos haga cercano, divertido, con ritmo, dicharachero, teatral, hermoso. Y lo pasamos estupendo.
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Corta el Cable Rojo, para que estalle en risas

Alberto Morate

Las clases de teatro y dramatización saltan al escenario profesional. Es una manera de formación del actor muy extendida, pero cuyas técnicas también se usan mucho en grupos de creatividad, desinhibición, control de emociones, trabajo de grupo,y observación, expresividad gestual y corporal, terapia teatral, comunicación, trastornos de déficit de atención e hiperactividad, logopedia, integración,…

Parece esto una sesión de psicología. Pero no. Es teatro. Porque el teatro sirve para todo lo mencionado anteriormente, y mucho más. Y si digo que sale de las aulas de teatro, es porque todas esas técnicas de improvisación se manejan constantemente en grupos que, de una manera o de otra, más profesional o pedagógica, quieren hacer teatro.
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En Ocasiones Veo A Umberto, y nosotros también lo vemos

Alberto Morate

El tema de los muertos, ¡hummm!, siempre es escabroso y hay que tratarlo con respeto. Pero, hete aquí, que Álvaro Carrero en En ocasiones veo a Umberto, con todo el respeto del mundo, trata el tema con un humor desbordante y dicharachero. Bebiendo de las fuentes de Carlos LLopis, y su magistral Más acá del más allá, el autor y, a la sazón, director y actor de esta comedia de espíritus tremendos, nos ofrece una pieza teatral ágil de ritmo, perfectamente estructurada en sus escenas y diálogos, y chocarreramente interpretada con gran acierto.

Hay gestos, pausas, miradas, texto alusivo a lo que sucede en estos momentos, algo de intriga, mucho enredo, mayor complicidad entre actores y espectadores, reales personajes a los que comprendemos, y humor. Mucho humor. Del bueno. Del que te  hace reír porque es sincero. Y eso que estamos hablando de que alguien se ha muerto.

Esa es su grandeza. No hay chistes fáciles, ni humor negro, aunque algunas de las situaciones se vean venir, estamos expectantes de qué sucederá luego. Porque nos implicamos en el juego y la imaginación es un portento. Así, vemos un vaso flotando en el aire o un traspaso de cuerpo a cuerpo. De risa, ¡qué mejor calificativo se puede hacer a una comedia que pretende eso!

Los intérpretes se entregan ciento por ciento. El propio Álvaro Carrero, ausente en ocasiones, porque en ocasiones se ve a sí mismo, muerto. No ausente en cuanto su buen posicionamiento en el escenario, por supuesto. Virginia Muñoz, todo pasión, gestos, inocencia, sinceridad, la amiga loca pero con gran corazón, desde luego. Salva Reina, llevando al límite ese personaje con más miedo que vergüenza, pero infinitamente tierno. Y Mara Guil, en su rol de viuda desconsolada, ilusionada, con carácter, pero humano y de hermosos sentimientos.

Vayan a ver a Umberto, no en ocasiones, sino mientras estén en el escenario del Muñoz Seca, porque son casi dos horas de buen entretenimiento.

 

Pares y Nines, un juego con la vecina

Alberto Morate

Siempre Pares, porque cuando son Nones, es que la cosa es un poco complicada. Aun así, solamente Pares también se complica. Y, claro, si en un par se cuela un tercero ya son Nones, pero si ese impar, se llama Nines, y es la vecina que encandila, acabaremos hablando de números primos y no naturales. Además, uno de los protagonistas es profesor de matemáticas, hiperactivo, y el más afectado de este juego dramático y perfectamente construido por José Luis Alonso de Santos, que ya estrenó la obra en 1988. Y no han pasado los años por ella, sino que, además, ha mejorado.

Un juego. Pares o Nones no deja de ser un juego de manos donde el azar y la probabilidad es una baza importante. En Pares y Nines también hay juego, pero de corazón enamorado. Y la suerte también es un factor importantísimo, pues dependerá de las relaciones posteriores.

En este texto de comedia y singularidad argumentativa, se dan situaciones cotidianas y habituales, el pan nuestro de cada día y, al mismo tiempo, situaciones impensables, que solo un fuerte lazo de amistad es capaz de soportar entre los personajes. Sin embargo, esas mismas situaciones no son ridículas. Es de lo más normal que una pareja de amigos, sigan siéndolo después de que uno le quita la mujer al otro. Entre comillas, algo que sucede todos los días. También es una situación nada increíble que una chica de 22 años vaya buscando compañía y pruebe cuál le cuadra para demostrar su valía. Pero si todo se sostiene y aparece con naturalidad pretendida, es porque el texto de Alonso de Santos, es fresco y divertido, lleno de ritmo, bien medido, escrito con pasmosa facilidad en los diálogos y en escenas jocosas que uno se imagina. Y la dirección de Miguel Murga (¿por qué no se especifica en el programa de mano?) que lo versiona para nuestros días y dirige con esa esencia de comedia, si no de enredo, sí de comedia de caracteres o de figurón y un poco satírica.

Los actores están sobresalientes y en su justa medida. Sobre todo, Carlos Chamarro que interpreta con gran simpatía a su personaje todo dudas, todo hiperactividad, todo con una visión tan pesimista de la vida, que arranca las risas más aplaudidas. Y Josep Linuesa le da la réplica con sabiduría y paciencia, y amistad infinita. Mónica Corral la Nines de la discordia, pero que no tiene la culpa, sino que incentiva.

Un rato de teatro más que agradable, y mejor verlo en buena compañía.

La Comedia de los Enredos, bien enredados

Alberto Morate

Ya en el título empiezan a enredarnos. Que si La comedia de los enredos o La comedia de las equivocaciones o La comedia de los errores. Creo que el enredo está bien traído y mejor servido por esta compañía dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer con adaptación de Carlota Pérez-Reverte Mañas.

Comedia con todo el rigor del concepto. Enredo con todos los intríngulis necesarios para hacerla dinámica, divertida, con ritmo, llena de guiños a la actualidad, magníficamente interpretada, con una escenografía sencilla pero recurrente, con aproximaciones al espectador, Shakespeare en plenitud de creatividad. Y todo bien enredado para desenredarlo con risas e imaginación sorprendentes.

Con un tono claramente identificativo con la comedia del arte, máscaras, gestos, apartes al público, exageraciones, anacronismos… la obra se desarrolla en un ambiente distendido pero riguroso en la encarnación de los personajes. Aunque tengan que doblar los actores. Pero es que resulta que el teatro se hace más teatro que nunca, y donde hay dos personas distintas vemos gemelos y donde hay gemelos solo lo interpreta un único actor y nos da lo mismo y lo comprendemos.  Y algunas actrices son hombres y algunos hombres hacen de señoras. Y esto es teatro, señores.

Y lo hacen de forma singular y altamente cómica, como corresponde. Rafa Blanca, J.J. Sánchez, Julián Ortega, Silvia de Pé, Antonia Paso, Javier Ortiz, Irene Aguilar y Angelo Crotti. A cada cual más divertido y más entregado.

Teníamos en mente un trágico suceso acaecido el mismo día que vi la función, y ellos con su arte de la comedia y su buen hacer consiguieron que nos evadiéramos por un rato de hechos tan dramáticos, y no precisamente teatrales. Si hubiera radicales más aficionados al arte escénico, seguro que no se les ocurriría otras ideas terroristas e intolerantes. El teatro, como viajar, abre la mente, abre el espíritu, abre la confraternización entre la gente. Perdonen, pero tenía que decirlo, arte frente a muerte. Creatividad frente a odio. Cultura frente a mentes obtusas y creencias sin sentido.

¡Viva Shakespeare! ¡Viva el teatro! ¡Que vivan por siempre!

Orgasmos, me debes uno… o cuatro

Alberto Morate

“No te lo pierdas en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía”

Una vez más nos ponen en el escenario la visión, más o menos cómica, más o menos original, de las relaciones entre la pareja.

Que si el hombre, que si la mujer. Que si uno es de una forma, que si la otra es de una manera distinta, que si patatín que si patatán. Son muchas ya las lecturas que se han hecho sobre este tema.

Cada una de ellas pretende ironizar, reírse de sí mismos, poner la puntilla, crear expectativa, llevar a cada sexo al terreno que le corresponde. Por alusiones. Los hombres sonríen y se identifican con el macho, las mujeres asienten y corroboran las afirmaciones de la fémina.

Dan Israely, el autor, nos trae a colación en forma de exposición abierta y coloquial, los dos puntos de vista de mujer y hombre. Comienza con un supuesto jardín del Edén, y un Adán un poco pánfilo que se complementa, como no podía ser de otra forma, con una Eva sagaz y manipuladora. Pero lo que parece que será una historia de las relaciones de pareja, salta a nuestros días dejando la historia para otro momento.

Y ahí ya entran en escena los elementos típicos y tópicos de dicho argumento. Que si la curiosidad de ellas es mayor que la de ellos, que si ellas hablan mucho y ellos no dicen nada, que si las decisiones vienen en forma masculina, que el sentido de culpabilidad también está más arraigado en los pobrecitos sometidos, la ropa ingente en el armario femenino, y… lo que parece ser más original, los orgasmos de ambos. Ellos, que llegan primero y casi sin esperarlo, ellas que se quedan a verlas venir y esperando. Y sin llevar la cuenta, que no es para tanto.

Eso sí, contando con la buena elección de Dulcinea Juárez y Leo Rivera en los relatores de tan escabrosas relaciones que, indefectiblemente, acabarán en la cama, hasta que el divorcio los separe. Se mueven, los intérpretes, con soltura y desparpajo, pasándolo bien y haciendo pasar un buen rato, pues de alguna manera implican a los espectadores con preguntas, comentarios, buscando aliados.

Dirige Óscar Contreras y la comedia se desarrolla fresca como anuncia el cartel publicitario. Para pasar el rato en la reconfortante sombra del teatro.

 

 

CHEFS, ¡oído cocina!

Alberto Morate

Aunque aquí más que ¡oído cocina!, es ¡reído cocina! Yllana vuelve a coger un tema candente por los fogones y pone en la parrilla toda la asadura de los entresijos de los nuevos programas de televisión culinarios y las estrellas mediáticas y “michelínecas” que campan por nuestros medios comunicativos. Los Chefs de la pantalla plana, los platos hondos y los cuchillos relucientes.

Destripan, cortan, deshacen, deshuesan, cuecen, fríen,… y preparan diversos ‘esqueches’ en forma de platos preparados dispuestos a que los degustemos con diversión e hilaridad mayúscula. Y nos damos un atracón de carcajadas.

Como entrantes, tres cocineros a los que el ‘gran chef’ supervisará y dará su toque especial, casi mágico, para convertir un simple plato de verduras, en flamante cubo de Rubik, o en lo que se tercie. De primero, y ante la maldita competencia, el chef tiene que recurrir a su familia italiana para que le saque del apuro de su decadencia, y de ahí visitaremos Japón, Francia, y las grandes gastronomías internacionales. De segundo, no podía faltar la crítica al crítico, que el público deguste de exquisita boca unos espaguetis especiales, y que veamos qué se cuece en las cocinas, aunque sería mejor no saberlo en muchas ocasiones.

Todo ello aderezado con pimienta picante que le ponen los actores gestualmente, la sal necesaria para desternillarte y la dulzura proporcionada cuando la situación lo requiere.

David Ottone y Fidel Fernández en la dirección siguen dejando bastante libertad de improvisación a sus actores, aunque estos, disciplinados, sacan todos los platos a tiempo y bastante calientes. César Maroto, Carlos Jano, Antonio de la Fuente, Susana Cortés,… se divierten y nos lo hacen pasar de rechupete, sin pronunciar palabra coherente, hincándole el diente a ese espíritu culinario que tanto impera últimamente. Incluso ralentizan alguna escena para que podamos apreciar sin perder detalle, el proceso de creación del movimiento que los lleva a hacernos reír con el riesgo de que se nos revuelva la tripa de tanto moverla con nuestras carcajadas incesantes.

La cocina está preparada, los ingredientes bien mezclados, la mesa puesta, los comensales dispuestos,… la cena del teatro está servida. Siéntense y prueben.