La esfera que nos contiene, justa memoria

Alberto Morate

La memoria. Que no se pierda nunca la memoria, esa memoria que nos cuenta de los horrores, de la precariedad del oficio de algunos hombres y mujeres que creían en la cultura, la educación, en la grandeza de las palabras, del conocimiento como salvación personal, a pesar de tener que hacerlo contra elementos toscos y hoscos que pensaban que educar en libertad era estar poco menos que al servicio de los demonios.

La esfera que nos contiene somos todos. Nadie está por encima o por debajo, nos dicen, y es verdad, siempre hay algo nuevo, distinto, que tenemos que descubrir, arriba o abajo, o en los lados.

Aunque se sigan empeñando en cerrar los ojos y en hacer oídos sordos.

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¿FIN? o empezar de nuevo

Alberto Morate

El final de algo siempre es el inicio de otra cosa. Empezar de cero. A cada momento hay un final, un acabose, un término. Pero construimos sobre lo que ya teníamos, sobre lo que conocemos. ¿Y si hubiera un final auténtico? Es cierto que algo quedaría, suponemos. Y sobre esa base tendremos que hacernos de nuevo.

Esa es la premisa original de ¿FIN? de Nacho Redondo. Algo va a terminar, una relación, un periodo de tiempo que ya se ha hecho demasiado costumbrista, o violento, o lleno de desencuentros. Y el “fin” viene dado por otra circunstancia que nos sorprende de pleno. Un argumento en plan Saramago que lleva al límite a la pareja protagonista, hay que empezar de cero. Pero de cero rotundo. Como si no hubiera nadie más en el mundo entero. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Seguimos como antes? ¿Cada uno coge un sendero? ¿Lo intentamos de nuevo?

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Aire Siempre de Viaje

Alberto Morate

 

Si estás porque piensas en irte y si estás fuera porque te pienso. Desde que te conozco, desde que nos conocemos, la atracción y el desencuentro. Te necesito y quiero estar solo. Si estoy solo te busco, no sé por qué me pasa esto.

Hay algo más que amor, porque amar es la ausencia. Hay querer queriendo, pero lo que no hay es vuelta atrás, aunque en el texto haya saltos al pasado todo el tiempo. Pero no son saltos al recuerdo exactamente, son vivencias, son sentimientos que nunca pasan del todo porque quedan dentro.

Nadia y Fer, viven y sienten, en uno y lejos. Fer y Nadia dando vueltas en bicicleta al universo interno, círculos amarillos y azules para no llegar al verde que da la calma, nada es como antes, nada fue como supusieron. Pedaleando uno llega donde no se espera, y el viento, a veces, nos impide avanzar y nos frena, porque el viento es Aire siempre de viaje, y tiene envidia del que se queda, y tiene celos del que avanza porque quiere ser su compañero.

¡Qué buen texto! De Sara García Pereda. Y Pablo Canosales que lo asume como poema hecho teatro, al que hay que hacerlo de carne y hueso, emanando emociones, volviendo, siempre volviendo. Tanto el que se marcha, como la que se queda, que quizás ha ido más lejos, como el director que se busca a sí mismo y quiere que lo encontremos, como el texto que fluye en sus versos, en su ritmo interno.

Y Violeta Orgaz y Juan Caballero que se compenetran incluso cuando no se miran. Que cuando se miran, se besan, que se les nota el abismo en el medio. Que aportan su propia sensibilidad y un enorme esfuerzo. El esfuerzo de creérnoslos. Lo consiguen. Uno disfruta con esta amalgama de colores, de pensamientos, de buena interpretación, de palabras, de silencios, de fuego, de pasión, de emociones, de recuerdos, de teatro sincero. Que el Aire siempre de viaje se quede con ellos.

El candidato

Alberto Morate

Escena de la obra de teatro El candidato, en la que aparece una protagonista con una gran capa al lado de una estatua.

 

Que todos somos candidatos, tarde o temprano. Desde que nacemos. Candidatos a un puesto de trabajo. Candidatos a una forma de vida. Candidatos a un pensamiento, o varios. Candidatos a sufrir, candidatos a amar, candidatos a perdernos por los caminos insondables de la suerte que nos ha tocado, de los laberintos, de la familia, de los sentimientos.

El Candidato de Miguel Ribagorda, en este caso, es un monje que aspira a ser santo. Mañana será un político no corrupto (si es que quedaran), pasado podemos ser nosotros mismos. La cuestión es que nos espera la gloria efímera o el más absoluto de los obstracismos. ¿Qué es en realidad lo que queremos?

Lo dirige David Ojeda pero, en realidad, es un ángel cabaretero. Se suceden imágenes fantasmales y recuerdos. La tentación y el pundonor. Los remordimientos. El deseo. Es un cúmulo de palabras, situaciones, texto, canciones, gárgolas, misterios. Y todo dependerá de responder bien a una sola pregunta.

Pero esa pregunta es una pregunta sobre la vida. Sobre lo que uno siente por dentro. Sobre los miedos y las frustraciones, sobre las pasiones, sobre el querer seguir siendo.

El propio Miguel Ribagorda lo interpreta junto con Fran García Y Virginia Hernández. Arriesgan, gritan, se arrastran, rezan, bailan, seducen, sufren,… tan real como la vida misma, aunque en el escenario sea una farsa. ¿O es en la vida dónde es una farsa? ¡Cuidado!, porque el próximo candidato puede que sea usted, aun sin saberlo.

Bodas de sangre, la oscura raíz del grito

Alberto Morate

Con un cuchillo, con un cuchillito, se puede rasgar la carne de un hombre. Con ese mismo cuchillo se puede tentar a la muerte. A Lorca no lo mató un cuchillo, pero también habla en Bodas de sangre de pistolas y venganzas. De vaticinios de muerte. De enfrentamientos sin sentido. Y el agua que corre por el río está manchada de sangre, de barbas granate. Esta tragedia rural es un modelo de construcción dramatúrgica. De personajes heridos, de soledades,… Es también la voz del pueblo, el qué dirán, los dimes y diretes, unos contra otros, y el suelo que tiene sed, como los cuerpos tienen hambre de amor y sexo.

Pablo Messiez, en su lectura para el Centro Dramático Nacional, le ha quitado dramatismo. Tragedia. Rudeza. Lo ha trasladado a nuestros días, pero no es lo mismo. La fiesta de la boda no es una fiesta premonitoria. Los personajes parece que no se encuentran previamente. Es como si todo surgiera de repente. Y no. La muerte debe mascarse desde el principio. Sí, la muerte anda desnuda por los caminos, pero no es suficiente. No es necesario acercar esta tragedia a nuestros días, porque todos los días está ocurriendo. Y lo sabemos. Y queremos mascar el polvo de una tierra yerma, que hay que sacar adelante con mucho esfuerzo. Y de una madre sola que ve cómo su hijo camina hacia al abismo. Y cómo Leonardo no puede gritar de repente, “esta canción me encanta” y bailar como si no estuviera urdiendo convertir las bodas en sexo primero, es sangre después. En los bailes no hay un macho y una hembra hambrientos de cuerpos. Una madre que sufre por dentro. Una mujer desolada y que intuye un destino más sola todavía. No hay una navaja de plata afilándose y brillando al rayo de la luna desnuda. No hay un grito, una tierra de sangre y lágrimas, donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Menos mal que tenemos el texto, la poesía, el argumento imperecedero de Lorca y su cuchillo. También Gloria Muñoz, en una madre rota por dentro y por fuera nos conmueve. Lola Membrives y Margarita Xirgú representaron Bodas de sangre. María Guerrero no lo hizo, pero ya que estamos en su teatro, que resuene ese grito trágico es magnífico.

La Comedia de los Enredos, bien enredados

Alberto Morate

Ya en el título empiezan a enredarnos. Que si La comedia de los enredos o La comedia de las equivocaciones o La comedia de los errores. Creo que el enredo está bien traído y mejor servido por esta compañía dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer con adaptación de Carlota Pérez-Reverte Mañas.

Comedia con todo el rigor del concepto. Enredo con todos los intríngulis necesarios para hacerla dinámica, divertida, con ritmo, llena de guiños a la actualidad, magníficamente interpretada, con una escenografía sencilla pero recurrente, con aproximaciones al espectador, Shakespeare en plenitud de creatividad. Y todo bien enredado para desenredarlo con risas e imaginación sorprendentes.

Con un tono claramente identificativo con la comedia del arte, máscaras, gestos, apartes al público, exageraciones, anacronismos… la obra se desarrolla en un ambiente distendido pero riguroso en la encarnación de los personajes. Aunque tengan que doblar los actores. Pero es que resulta que el teatro se hace más teatro que nunca, y donde hay dos personas distintas vemos gemelos y donde hay gemelos solo lo interpreta un único actor y nos da lo mismo y lo comprendemos.  Y algunas actrices son hombres y algunos hombres hacen de señoras. Y esto es teatro, señores.

Y lo hacen de forma singular y altamente cómica, como corresponde. Rafa Blanca, J.J. Sánchez, Julián Ortega, Silvia de Pé, Antonia Paso, Javier Ortiz, Irene Aguilar y Angelo Crotti. A cada cual más divertido y más entregado.

Teníamos en mente un trágico suceso acaecido el mismo día que vi la función, y ellos con su arte de la comedia y su buen hacer consiguieron que nos evadiéramos por un rato de hechos tan dramáticos, y no precisamente teatrales. Si hubiera radicales más aficionados al arte escénico, seguro que no se les ocurriría otras ideas terroristas e intolerantes. El teatro, como viajar, abre la mente, abre el espíritu, abre la confraternización entre la gente. Perdonen, pero tenía que decirlo, arte frente a muerte. Creatividad frente a odio. Cultura frente a mentes obtusas y creencias sin sentido.

¡Viva Shakespeare! ¡Viva el teatro! ¡Que vivan por siempre!

Orgasmos, me debes uno… o cuatro

Alberto Morate

“No te lo pierdas en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía”

Una vez más nos ponen en el escenario la visión, más o menos cómica, más o menos original, de las relaciones entre la pareja.

Que si el hombre, que si la mujer. Que si uno es de una forma, que si la otra es de una manera distinta, que si patatín que si patatán. Son muchas ya las lecturas que se han hecho sobre este tema.

Cada una de ellas pretende ironizar, reírse de sí mismos, poner la puntilla, crear expectativa, llevar a cada sexo al terreno que le corresponde. Por alusiones. Los hombres sonríen y se identifican con el macho, las mujeres asienten y corroboran las afirmaciones de la fémina.

Dan Israely, el autor, nos trae a colación en forma de exposición abierta y coloquial, los dos puntos de vista de mujer y hombre. Comienza con un supuesto jardín del Edén, y un Adán un poco pánfilo que se complementa, como no podía ser de otra forma, con una Eva sagaz y manipuladora. Pero lo que parece que será una historia de las relaciones de pareja, salta a nuestros días dejando la historia para otro momento.

Y ahí ya entran en escena los elementos típicos y tópicos de dicho argumento. Que si la curiosidad de ellas es mayor que la de ellos, que si ellas hablan mucho y ellos no dicen nada, que si las decisiones vienen en forma masculina, que el sentido de culpabilidad también está más arraigado en los pobrecitos sometidos, la ropa ingente en el armario femenino, y… lo que parece ser más original, los orgasmos de ambos. Ellos, que llegan primero y casi sin esperarlo, ellas que se quedan a verlas venir y esperando. Y sin llevar la cuenta, que no es para tanto.

Eso sí, contando con la buena elección de Dulcinea Juárez y Leo Rivera en los relatores de tan escabrosas relaciones que, indefectiblemente, acabarán en la cama, hasta que el divorcio los separe. Se mueven, los intérpretes, con soltura y desparpajo, pasándolo bien y haciendo pasar un buen rato, pues de alguna manera implican a los espectadores con preguntas, comentarios, buscando aliados.

Dirige Óscar Contreras y la comedia se desarrolla fresca como anuncia el cartel publicitario. Para pasar el rato en la reconfortante sombra del teatro.

 

 

Ejecución Imparable

Alberto Morate

Dentro de la Muestra de Nuevos Creadores Escénicos que se lleva a cabo en Nave 73, denominada Imparables, con propuestas surgidas desde grupos egresados de la RESAD, la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid y el estudio Juan Codina, podemos asistir a variados montajes innovadores y arriesgados que nos llevarán a las Antípodas, donde Nada se pierde ni puede perderse, o estaremos asistiendo a una Ejecución para a las 4:48 Desaparecer, por poner algunos ejemplos de los títulos.

Y, efectivamente, es “imparable”

No quieren pararse. Y uno de sus montajes, Ejecución, escrita y dirigida, podríamos decir ejecutada, por Xus de la Cruz, nos abre, o nos cierra, quién sabe, un punto de vista de ojos vacíos.

De ojos sangrantes, de ojos verdes traidores y de muerte, de milagros venidos a menos, de desolación, de eternidad, de culpa, de repetición, de vuelta al pasado, de futuro que no llegará nunca, de desgracia e infantilismo, de penitencia y no salvación, porque estamos abocados a una ejecución en toda regla, perpetrada por el propio padre y la desubicada madre, por la niña que no come que no será tan inocente, por la virgen preñada que habla con dios padre, por la mirada y por el silencio de los espectadores.

Esta función te descoloca, te pone en la picota del garrote vil, y te deja acogotado en la butaca, sin palabras, casi sin respiración por la tuerca que se va apretando, con los ojos bien abiertos, hasta que se salgan de sus órbitas.

Notable trabajo el de Yolanda de la Hoz, Beatriz Dávila, Xavier Artieda y Cristina Subirats, que se desviven en el empeño, porque así como sin querer, ya estaban muertos, en sus personajes, claro, que ellos los reviven con acierto.

Acróstico de Celestina, la tragicomedia

Alberto Morate

Como un torrente que se lleva por delante prejuicios y formas habituales de hacer teatro,…

Esta Celestina, se mueve al latido de un agua brava que empuja hacia el escenario

Lectura fervorosa y particular de Ricardo Iniesta, que nos la presenta con todos los respetos

En un montaje cargado de ritmo, imparable, soberbio…

Sintiendo casi los latidos del corazón de los actores que lo están interpretando

Teatro por los cuatro costados, teatro ancestral que viene de nuestros antiguos antepasados

Inmenso, impoluto, que imana arte y destreza desde un trabajo concienzudo y emocionado

Nos clava en la butaca, asombrados y sonrientes, porque seduce desde el primer momento

A pesar de que ya conocemos el texto, o precisamente por eso
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De príncipes y coristas está el mundo lleno

Alberto Morate

Desde tiempos inmemoriales. Grandes políticos, regidores, gobernantes, financieros, empresarios, simplemente millonarios, quieren divertirse, pasar una noche loca, entretenerse, buscar una salida a su soledad.

Y habrá una corista, o una secretaria, una actriz, una empleada cualquiera, una dependienta, que halagada por los fastos que le presentan, caerá en la trampa. Lo que pasa es que se trocarán las expectativas. Y la mujer no será tan tonta como parecía ni el hombre tan prepotente como se le suponía.

Así es El príncipe y la corista, de Terence Rattigan, dramaturgo inglés del siglo XX, que suele retratar una sociedad burguesa y apolillada.

Con temas como la soledad, los desengaños amorosos, la incomunicación, infidelidades,… En este caso además hay intriga política, humor, enredos en las relaciones.
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