Federico y Lola, el desencuentro

Alberto Morate

“Respetable público… (Pausa)… El poeta no pide benevolencia, sino atención,…”

Miren, pongan atención, vayan a ver Federico y Lola. Los esperan en el camerino. Les oirán discutir, discrepar de ciertas cosas, pero Federico García Lorca Y Lola Membrives hablan el mismo idioma. Se quieren, se adoran. Se necesitan, se comprenden. Aunque en algún momento de la obra sus opiniones sean dispares. Pero Lola adora a Federico y Federico está a gusto con Lola. Podrían pasarse noches enteras charlando, se idolatran, se conocen, saben sus debilidades. Se sienten, se reconocen. Están heridos y felices. Saben lo que quieren. Quizás haya desencuentro, pero no es tal, solo se duelen uno del otro.

Y cada vez que se miran, se acercan. Son un mundo aparte, un mundo solo de ellos. Son frágiles. No importa que, en un momento, se griten, se encierren en sí mismos, porque sí se importan. Aunque ella no pueda hacer Yerma.

El poeta y la actriz. El dramaturgo y su musa. Así, paralelísticamente, con la fuerza de las palabras, con el sentir de sus corazones.
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Últimamente estoy muy fervoroso, pero lo que realmente quiero es estar enamorado

Alberto Morate

Pablo Canosales indaga en este texto sobre las diferentes circunstancias del amor. Como un periodista que debe realizarse las preguntas base en todo texto periodístico, ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, ¿quién? y ¿dónde?

Pero lo hace, no desde la perspectiva del curioso reportero que no quiere implicarse, sino desde la visión de un muchacho homosexual y artista, sensible y dicharachero, cantante y reivindicativo. Nos lo trae como presentador de cabaret, intérprete de cuplés, enamorado de la vida.

Juando Martínez, con una sensibilidad exquisita, nos lo presenta, cercano, divertido, sensual,… pero tremendamente emotivo. Inmensamente humano. Con la coquetería de quien se quiere, pero con la amargura de quien quiere que le quieran.
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Inestables, in extremis

Alberto Morate

No nos conocemos ni a nosotros mismos. Creemos que sí, pero ante situaciones límites o especiales, posiblemente nos autosorprendiéramos con reacciones impensables. Pero, si nos dan un tiempo para meditar, para tomar una decisión, ¿actuaríamos también como realmente creemos?

En Inestables de Carlos Zamarriego, que también la dirige, una pareja que no se conoce y que, por motivos profesionales, tienen que tomar una determinación drástica para el resto de sus vidas, nos vendrán a decir que no existe la seguridad perpetua, la actitud encomiable que nos pone por encima de los otros, la rectitud de los principios que tenemos como modelo.
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666, sí, sí, sí, Yllana, Yllana, Yllana

Alberto Morate

Yllana, Yllana, Yllana. Podríamos pronunciar su nombre 666 veces, o seis mil seiscientas sesenta y seis, y siempre lo haríamos con una sonrisa en los labios (¿en dónde si no?), con una carcajada en la garganta, con una mueca en el rictus, con un sonido en cualquier sitio.

Yllana, Yllana, Yllana son el poder del teatro cómico gestual irreverente y mal encarado con las normas convencionales. Les gusta sacar partido a lo entero. Llegar al límite del centro, bordear los precipicios por debajo. Es decir, por los bajos fondos, por lo inesperado, por lo tabú, por lo truculento de lo apacible, por la casquería de lo humano.

Sí, sí, sí, seis, seis, seis, siendo cuatro. El número del diablo, del maligno, del pobre pecador que se queda sin adeptos cuando transgrede su espacio. En esta ocasión, Yllana, Yllana, Yllana, se meten en el pellejo de cuatro condenados. Y como ya no tienen nada que perder, arman la de “dios es cristo” sin invocarlo. Son capaces de hacer salir huyendo al mismo Pedro Botero del infierno, al carcelero más musculado de la prisión del condado, al asesino a sueldo que los anda buscando.
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La autora de Las Meninas

Alberto Morate

Pocos cuadros como el de Las Meninas tienen tantas lecturas, interpretaciones, visiones diferentes, adaptaciones, versiones, re-creaciones, ensayos, estudios, hipótesis, reflejos,… yo diría que casi tantos o a la par que la esencial figura de nuestro don Quijote. De tal manera que se convierte en mito y todos tienen derecho y opción a hablar de ellos. Y, en concreto, sobre el cuadro de Las Meninas, visitado diariamente por miles de personas que se quedan admirados de la prodigiosa obra de arte.

Pero, hete aquí, que Ernesto Caballero, a la sazón, director del Centro Dramático Nacional, dramaturgo, director de escena, profesor,… y ante todo hombre cabal y coherente, se le ocurre que qué pasaría si se hiciera una copia exacta del famoso cuadro de Velázquez. Lo que debiera ser algo anodino e intrascendente, porque no dejaría de ser una copia por muy bien que se haga, se convierte en un texto teatral de grandes dimensiones, como el lienzo. Como en él, con claroscuros, con personajes enigmáticos, con rostros bien definidos y otros a los que solo se les ve a través de espejos y una atmósfera inquietante y sugerente. Las Meninas que cobran vida de forma diferente.
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Circo Mágico, mágico circo

Alberto Morate

Ya desde el inicio te envuelve una atmósfera de encanto, de cierto misterio, de magia blanca. Un recinto muy bien acondicionado. Una biblioteca te saluda ¡hola!, ¿hay algo más mágico que un libro? Un bosque encantado de acogerte con una sonrisa y un ambiente plácido. Un grupo de música para hacer que el sonido también sea parte de los sentidos. Mercadillos, paseos, la gente perpetuándose con fotos.

Dentro de la carpa circense, la luna presidiendo este espacio maravilloso. Y Saturno, con sus anillos dispuestos a bailar el hula hoop si hiciera falta. Ruinas, un laboratorio, una escalera de sabiduría, un telescopio, y un árbol sabio que nos habla deseándonos lo mejor para todos, para este año y para no quedarnos anquilosados.
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Diarios de Adolescencia

Alberto Morate

¿Quién no ha escrito un Diario de Adolescencia? ¿Quién, en algún momento de su vida, no plasmó en palabras sus sentimientos? Y después las hemos roto, o no. Las hemos guardado y nos hemos avergonzado después, o no. Pero lo que sí es importante es que nos hemos expresado, hemos contado tanto sentimiento que llevábamos dentro y que pugna por salir como viento encerrado.

María José Guisado y Maribel Bayona, basándose en sus recuerdos, en su experiencia, en sus emociones no tan lejanas, preparan un hermoso texto. Una dramaturgia poética, teatral, sensible, también de silencio. Y al frente, dirigiendo con buen criterio, Rafa Palomares que también tiene algo que decir al respecto.
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Play Out, muriendo de éxito

Alberto Morate

Acabar, o nunca darlo por terminado. Éxito y fracaso. Tan íntimamente unidos, tan entrelazados a veces que se confunden. Un paso puede diferenciarlos. Una opinión, un punto de vista, un acto fortuito o premeditado.

Uno se pasa la vida buscando la aprobación de los demás. Es verdad que cuando se empieza, se hace por satisfacción propia. Pero luego, más adelante, nos creemos algo. Y necesitamos alimentar el ego con los halagos.

Un escritor de éxito relativo, de repente, con su desaparición, se convertirá en intelectual de culto. Pero no es él que lo provoca, son sus allegados. Y la mentira va creciendo. Porque es agradable ver cómo, a través de lo que se ha forjado, otros empiezan a ser considerados. Un mundo de apariencias y andamios. Pero detrás de la fachada, el edificio está hueco y desahuciado.
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Toc Toc, ¡adelante!

Alberto Morate

Vivir con un TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo, no debe ser nada fácil. Ni para quien lo padece ni para quien está cerca del mismo. Sin embargo, Laurent Baffie escribe una comedia hilarante, llena de ritmo, de diálogos ágiles y frescos,… agrupando en una sola sesión y en una única sala a seis individuos que dejados solos, aparentemente, por su psiquiatra, deberán intentar comprenderse y se intentan ayudar de una forma muy peculiar. Tan peculiar como lo son ellos.

La versión española la firma Julián Quintanilla, y la dirige Esteve Ferrer, que también interpreta al personaje obsesionado con el cálculo y los números. Será el alma de ese grupo que se mueve por impulsos repetitivos. El que se le escapan los insultos, la beata que tiene que comprobar cada acción que hace y nunca está segura, la que lo repite todo dos veces, el que no puede pisar ninguna línea y la que tiene aversión a bacterias y bichitos y necesita lavarse constantemente y no admite contacto físico.
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La Casa de Bernarda Alba, ¡silencio!

Alberto Morate

 

Cuando es el final, el culmen de esta gran obra, de esta gran tragedia de Lorca, nuestro Lorca, los espectadores miran al suelo. O al infinito. O a su interior. Es tan dura la escena, de tanto dramatismo, que nos da apuro mirar la desgracia cara a cara. Soberbio. Pero las actrices que están en el escenario tienen el corazón roto como una granada que ha estallado. Hecho pedazos. Hay tensión, tragedia, silencio. El silencio que pide Bernarda para ocultar lo que estaba sucediendo. No quería verlo. Y mira que Poncia lo estaba advirtiendo. Pero se va mascando el dolor, los sentimientos que quieren manifestarse a toca costa; no es el potro garañón el que da coces, es la palabra, es el amor, es el sufrimiento.
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