Cosas de papá y mamá, vuelta al pasado

Alberto Morate

Entrar a ver Cosas de papá y mamá de Alfonso Paso es entrar en el túnel del tiempo. Es viajar al pasado cincuenta y cinco años y aprestarse a contemplar una historia de los años 60 en cuanto a texto, situación, trama,… porque sí es verdad que utilizan nuevas tecnologías para el decorado, con cromas en los que proyectan el ambiente adecuado, pero mantienen el teléfono de rueda, nombrar las pesetas y el hecho de que por quedarse (supuestamente) embarazada la mujer tenga que casarse.

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No voy a poner en duda la calidad teatral de Alfonso Paso, que en su época tuvo un gran éxito popular, pero también es cierto que de tan prolífico que fue tienen guiones acertadísimos y muy divertidos y otros que, sin perder su impronta, bajan más en cuanto a enredo argumental.

Creo que Cosas de papá y mamá es de estos últimos. Al menos, para representarlo hoy en día. Ya nadie cuestiona que una pareja de jubilados, con más o menos achaques reales o inventados, puedan sentir algo especial entre ellos, que se enamoren o incluso que sientan atracción física. Lo que es menos creíble es que a toda costa tengan la necesidad de casarse porque, entre otras cosas, perderían una de las pensiones.

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