Aire Siempre de Viaje

Alberto Morate

 

Si estás porque piensas en irte y si estás fuera porque te pienso. Desde que te conozco, desde que nos conocemos, la atracción y el desencuentro. Te necesito y quiero estar solo. Si estoy solo te busco, no sé por qué me pasa esto.

Hay algo más que amor, porque amar es la ausencia. Hay querer queriendo, pero lo que no hay es vuelta atrás, aunque en el texto haya saltos al pasado todo el tiempo. Pero no son saltos al recuerdo exactamente, son vivencias, son sentimientos que nunca pasan del todo porque quedan dentro.

Nadia y Fer, viven y sienten, en uno y lejos. Fer y Nadia dando vueltas en bicicleta al universo interno, círculos amarillos y azules para no llegar al verde que da la calma, nada es como antes, nada fue como supusieron. Pedaleando uno llega donde no se espera, y el viento, a veces, nos impide avanzar y nos frena, porque el viento es Aire siempre de viaje, y tiene envidia del que se queda, y tiene celos del que avanza porque quiere ser su compañero.

¡Qué buen texto! De Sara García Pereda. Y Pablo Canosales que lo asume como poema hecho teatro, al que hay que hacerlo de carne y hueso, emanando emociones, volviendo, siempre volviendo. Tanto el que se marcha, como la que se queda, que quizás ha ido más lejos, como el director que se busca a sí mismo y quiere que lo encontremos, como el texto que fluye en sus versos, en su ritmo interno.

Y Violeta Orgaz y Juan Caballero que se compenetran incluso cuando no se miran. Que cuando se miran, se besan, que se les nota el abismo en el medio. Que aportan su propia sensibilidad y un enorme esfuerzo. El esfuerzo de creérnoslos. Lo consiguen. Uno disfruta con esta amalgama de colores, de pensamientos, de buena interpretación, de palabras, de silencios, de fuego, de pasión, de emociones, de recuerdos, de teatro sincero. Que el Aire siempre de viaje se quede con ellos.

El candidato

Alberto Morate

Escena de la obra de teatro El candidato, en la que aparece una protagonista con una gran capa al lado de una estatua.

 

Que todos somos candidatos, tarde o temprano. Desde que nacemos. Candidatos a un puesto de trabajo. Candidatos a una forma de vida. Candidatos a un pensamiento, o varios. Candidatos a sufrir, candidatos a amar, candidatos a perdernos por los caminos insondables de la suerte que nos ha tocado, de los laberintos, de la familia, de los sentimientos.

El Candidato de Miguel Ribagorda, en este caso, es un monje que aspira a ser santo. Mañana será un político no corrupto (si es que quedaran), pasado podemos ser nosotros mismos. La cuestión es que nos espera la gloria efímera o el más absoluto de los obstracismos. ¿Qué es en realidad lo que queremos?

Lo dirige David Ojeda pero, en realidad, es un ángel cabaretero. Se suceden imágenes fantasmales y recuerdos. La tentación y el pundonor. Los remordimientos. El deseo. Es un cúmulo de palabras, situaciones, texto, canciones, gárgolas, misterios. Y todo dependerá de responder bien a una sola pregunta.

Pero esa pregunta es una pregunta sobre la vida. Sobre lo que uno siente por dentro. Sobre los miedos y las frustraciones, sobre las pasiones, sobre el querer seguir siendo.

El propio Miguel Ribagorda lo interpreta junto con Fran García Y Virginia Hernández. Arriesgan, gritan, se arrastran, rezan, bailan, seducen, sufren,… tan real como la vida misma, aunque en el escenario sea una farsa. ¿O es en la vida dónde es una farsa? ¡Cuidado!, porque el próximo candidato puede que sea usted, aun sin saberlo.

Bodas de sangre, la oscura raíz del grito

Alberto Morate

Con un cuchillo, con un cuchillito, se puede rasgar la carne de un hombre. Con ese mismo cuchillo se puede tentar a la muerte. A Lorca no lo mató un cuchillo, pero también habla en Bodas de sangre de pistolas y venganzas. De vaticinios de muerte. De enfrentamientos sin sentido. Y el agua que corre por el río está manchada de sangre, de barbas granate. Esta tragedia rural es un modelo de construcción dramatúrgica. De personajes heridos, de soledades,… Es también la voz del pueblo, el qué dirán, los dimes y diretes, unos contra otros, y el suelo que tiene sed, como los cuerpos tienen hambre de amor y sexo.

Pablo Messiez, en su lectura para el Centro Dramático Nacional, le ha quitado dramatismo. Tragedia. Rudeza. Lo ha trasladado a nuestros días, pero no es lo mismo. La fiesta de la boda no es una fiesta premonitoria. Los personajes parece que no se encuentran previamente. Es como si todo surgiera de repente. Y no. La muerte debe mascarse desde el principio. Sí, la muerte anda desnuda por los caminos, pero no es suficiente. No es necesario acercar esta tragedia a nuestros días, porque todos los días está ocurriendo. Y lo sabemos. Y queremos mascar el polvo de una tierra yerma, que hay que sacar adelante con mucho esfuerzo. Y de una madre sola que ve cómo su hijo camina hacia al abismo. Y cómo Leonardo no puede gritar de repente, “esta canción me encanta” y bailar como si no estuviera urdiendo convertir las bodas en sexo primero, es sangre después. En los bailes no hay un macho y una hembra hambrientos de cuerpos. Una madre que sufre por dentro. Una mujer desolada y que intuye un destino más sola todavía. No hay una navaja de plata afilándose y brillando al rayo de la luna desnuda. No hay un grito, una tierra de sangre y lágrimas, donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Menos mal que tenemos el texto, la poesía, el argumento imperecedero de Lorca y su cuchillo. También Gloria Muñoz, en una madre rota por dentro y por fuera nos conmueve. Lola Membrives y Margarita Xirgú representaron Bodas de sangre. María Guerrero no lo hizo, pero ya que estamos en su teatro, que resuene ese grito trágico es magnífico.

Bodas de Sangre coagulada

Alberto Morate

Teatro de La Encina, y al frente Paco Sáenz, comenzó una nueva etapa en Madrid en el mes de marzo apostando por montajes arriesgados, con autores poco conocidos y actores  de aquí y de allá, sirviendo de puente entre montajes de Uruguay y producciones españolas o de cualquier ámbito hispanoamericano. Pero eso no quita para que obvien el teatro de otros grandes autores por todos conocidos.

Es el caso, en esta ocasión, de Bodas de Sangre, de nuestro querido Federico García Lorca. Quizás el autor después de asistir a este montaje se sintiera halagado de ver cómo, igual que en tiempos de La Barraca, se pueden hacer buenas representaciones con cuatro elementos, y buena disposición e interpretación y muchas ganas.
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De hombre a hombre

Alberto Morate

Los entiendo. Entiendo al profesor y al alumno. Entiendo los miedos y las reticencias. Entiendo la pasión y las ganas de uno y otro. Entiendo lo difícil del caso. Entiendo la ilusión también. Entiendo que no haya tiempo para los dos. Que uno quiera salir huyendo. Que el otro vea su esperanza como cielo abierto. Entiendo la falta de libertad y la necesidad de esconderse, de hablar en metáforas, de ocultar y, al mismo tiempo, vocearlo al viento.

Entiendo las palabras que se lanzan, la dialéctica, los ejemplos, que el alumno se convierta en maestro, que el docente quiera volver a correr ciertos riesgos.

Esta es una obra valiente. Difícil. Sensible. Real. Íntima. Donde se tornan los roles de los personajes y el más joven enseñará al adulto a enfrentarse a sus sentimientos. Donde el enseñante verá sus esquemas rompiéndose.

De hombre a hombre es un texto de Mariano Moro Lorente, donde afronta el tema de una atracción no solo sexual, sino también intelectual y, sobre todo, de sentimientos. Lo dirige Lioba Herrera con gran acierto. Con la sensibilidad de quien también comprende lo que les pasa a los personajes por dentro, lo que no se dicen, el futuro imperfecto. Y César Yanes y Leandro González defienden sus personajes con la conciencia de actores que creen en lo que están haciendo. Y así lo transmiten, así lo viven, así lo están sufriendo.

Suenan canciones. Música que ilustra este poema desgarrador, este drama de pensamientos inquietos, de búsqueda, de futuro, de miedos. La compañía canaria Insularia trae un bagaje de buen hacer y algunos premios. Se presentan en la sala Tarambana y van girando la obra desde su texto primigenio en Argentina, pasando por el archipiélago, hasta recalar en Madrid, en Oropesa (Toledo), en Bolivia, y en todos aquellos escenarios con un aforo que esté dispuesto a presenciar una obra de buena temática y excelente texto.

Orgasmos, me debes uno… o cuatro

Alberto Morate

“No te lo pierdas en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía”

Una vez más nos ponen en el escenario la visión, más o menos cómica, más o menos original, de las relaciones entre la pareja.

Que si el hombre, que si la mujer. Que si uno es de una forma, que si la otra es de una manera distinta, que si patatín que si patatán. Son muchas ya las lecturas que se han hecho sobre este tema.

Cada una de ellas pretende ironizar, reírse de sí mismos, poner la puntilla, crear expectativa, llevar a cada sexo al terreno que le corresponde. Por alusiones. Los hombres sonríen y se identifican con el macho, las mujeres asienten y corroboran las afirmaciones de la fémina.

Dan Israely, el autor, nos trae a colación en forma de exposición abierta y coloquial, los dos puntos de vista de mujer y hombre. Comienza con un supuesto jardín del Edén, y un Adán un poco pánfilo que se complementa, como no podía ser de otra forma, con una Eva sagaz y manipuladora. Pero lo que parece que será una historia de las relaciones de pareja, salta a nuestros días dejando la historia para otro momento.

Y ahí ya entran en escena los elementos típicos y tópicos de dicho argumento. Que si la curiosidad de ellas es mayor que la de ellos, que si ellas hablan mucho y ellos no dicen nada, que si las decisiones vienen en forma masculina, que el sentido de culpabilidad también está más arraigado en los pobrecitos sometidos, la ropa ingente en el armario femenino, y… lo que parece ser más original, los orgasmos de ambos. Ellos, que llegan primero y casi sin esperarlo, ellas que se quedan a verlas venir y esperando. Y sin llevar la cuenta, que no es para tanto.

Eso sí, contando con la buena elección de Dulcinea Juárez y Leo Rivera en los relatores de tan escabrosas relaciones que, indefectiblemente, acabarán en la cama, hasta que el divorcio los separe. Se mueven, los intérpretes, con soltura y desparpajo, pasándolo bien y haciendo pasar un buen rato, pues de alguna manera implican a los espectadores con preguntas, comentarios, buscando aliados.

Dirige Óscar Contreras y la comedia se desarrolla fresca como anuncia el cartel publicitario. Para pasar el rato en la reconfortante sombra del teatro.

 

 

De Caperucita a Loba en solo seis tíos, del drama al humor

Alberto Morate

Marta González de Vega comienza directa y sin tapujos. Y lo deja bien clarito: hay que tomarse las cosas con humor. Porque no te llevas tantos berrinches, porque al final va a dar lo mismo, porque todo se ve desde otra perspectiva, porque un tío no merece la pena. ¿O sí?

La escritora y actriz hace un auténtico estudio (divertido) de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres. Para ello se apoya en las siempre científicas sentencias del gran Eduardo Punset, que corroborará cada una de las teorías del trabajo de campo realizado por la protagonista.

Ya desde el principio interactúa con el público y quiere enterarse de con cuánta frecuencia hacen el amor los espectadores. Sabiendo que mentirán descabelladamente. Pero Marta no se amilana, y pasará a relatar cuáles son las diferentes posibilidades de encontrarse en una relación de pareja. Y de convertirse en una ingenua y sencilla Caperucita querrá pasar a ser una Loba  que no está dispuesta a sufrir los envites del amor ni sus desatinos y sufrimientos.
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No hay mejor defensa que un buen tinte

Alberto Morate

Volvemos a la peluquería “Corta Cabezas”, con el riesgo de que vuelvan a secuestrarnos, pero a base de risas y despropósitos. En esta ocasión, el pulcro Fernando, interpretado por Mario Alberto Díez, ya es el dueño del establecimiento y, contra todo pronóstico, admite que su negocio se vea acrecentado y próspero por el empeño de sus dos nuevos empleados. Martha y Gustavo, los actores Carmen Navarro y Fran Arráez respectivamente, consiguen que acudan a cortarse el pelo, teñirse, hacerse rizos, o las mil y una posibilidades peludas del cuero cabelludo, desde el mindundi mayor de reino, hasta la mismísima Salma Hayek. Sin embargo, su empleada y socia guarda un secreto, un misterio que hará que sus dos hijos gemelos, después de varios años, quieran sacarle todo el dinero que atesora, no sabemos exactamente por qué. Pero la doble o triple personalidad de Gustavo se convertirá en el peor enemigo de estos ingenuos vástagos. Y de ir a extorsionar a su desvalida madre, acabaremos asistiendo a una comedia de locura y excentricidades, un poco gore sin recrearse en ello, con un algo de teatro policiaco y del absurdo, y un mucho de comedia de enredo.


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Esencia, poesía bailada del amor “Cortés”

Alberto Morate

Esencia es aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Es lo más importante y característico de algo. La Esencia de Joaquín Cortés es su arte. Es su baile, su música, su sentido del espectáculo.

Es su expresividad aérea y terrenal que retumba y hace acompasar los latidos del corazón. Es la música flamenca de guitarras y cajones peruanos, fusionados a la perfección con violonchelos, violines, trompetas, pianos, baterías, contrabajos, tambores y panderos. Y las palmas y los brazos de las bailaoras y las voces desgarradas de los cantaores.

Esencia es el rasgueo de la guitarra que produce el sonido del mar. “Corazón malherido por cinco espadas” que saca la esencia de todo su sonido con toda la fuerza.
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Sueño de sueño

Alberto Morate

Cuando uno llega a viejo le ocurren muchas más cosas que solamente estar pensando en morirse. Si uno tiene la vitalidad suficiente y, más o menos, el intelecto en su sitio, no se conforma con que lo cuiden. Quiere soñar. Quiere vivir intensamente, como si no se hubieran cumplido años.

Andrés Lima nos pone en escena un mundo geriátrico, sí. Pero también un mundo de ensoñación y, al mismo tiempo, real, tangible, de vindicación de los sentidos.

Cuando don Quijote está en el lecho de muerte se vuelve cuerdo, y los que están cerca de él se preguntan si no hubiera sido mejor que mantuviera su locura. En Sueño, el padre, interpretado por un gran actor como es Chema Adeva, no es que se vuelva loco sino que revive sus emociones, su pasado “bailado”, su juego de dobles matices, relaciones, ensoñaciones, lo que, posiblemente, le hubiera gustado vivir hasta las últimas consecuencias. Y también tiene a su fiel escudero, en este caso La loca, a la que da vida una excelente Laura Galán.
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