Pontencialmente Haydée, el grito

Alberto Morate

“El llanto está a una lágrima del grito”, dice Haydée mientras acuna a su hijo (¿imaginario?), después de haberle amamantado sin ganas. Algo huele mal. Eso la obsesiona. Eso, y que alguien la observa. Alguien real, no es dios, con minúsculas, es alguien que la mira desde el infinito de su pasado. El pasado que nos cuenta y nos grita ella misma. Con potencia, como un aullido de gato que se lamenta porque tiene hambre, y ya se confunde si es un maullido o el llanto de su hijo.

Haydée es una mujer solitaria obcecada con las palabras. Las palabras dicen mucho, no solo por su significado, también por su sonoridad y morfología. Hay palabras que se atragantan y palabras que fluyen. Palabras que se entregan y palabras malditas. Palabras mal dichas en personajes engreídos. La profesora, el marido, el padre, el primo,… las palabras que pronuncian son como gritos al oído de Haydée. Son balidos. Balidos de chivos de plásticos duros y tóxicos que retrotraen a la infancia pero no la alivian. Y ese olor penetrante y fétido, olor a muerto, olor a plástico derretido.
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Inmersos

Alberto Morate

Ya es tarde. Siempre es tarde. Aunque también es cierto que siempre estamos empezando, que cada día hay que hacerlo nuevo, distinto, especial. Para no convertirlo en rutina. Para no hacer siempre lo mismo, que no nos puedan reprochar nada. Es tarde porque, en verdad,  ya no se puede respirar, porque hay que buscar otro oxígeno, para que ninguno de los dos en la pareja se sienta culpable.

Inmersos es un texto de Laura Garmo que nos retrata la relación de una pareja. Real, como la vida misma, dura, también divertida, amada, en algunos momentos intensamente poética, esperando que alguien nos quiera, y queriendo que nos comprendan.


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Diosas PECADORAS

Alberto Morate

Mujeres, diosas, cotidianas o no. Extraordinarias. Siempre prestas a tener que luchar, a hacerse oír. A callar. A observar. A sufrir. A ofrecer y ofrecerse. A cuidar a los hijos. Y al padre. Y al marido. Y al amante, si lo tuvieran. Mujeres que sangran, que ríen, que sufren, que soportan, omnipresentes. Mujeres cautivas dentro de su propia placenta. Mujeres que resucitan, que pelean, que se enfrentan a la muerte, y a la vida. Mujeres que piden, que gritan, que aman, que se sacrifican. Mujeres que se quieren vengar, fértiles, estériles, dóciles, objetos, amazonas, luchadoras, confidentes, nodrizas, reinas. Pecadoras.

Joaquín Gómez compone un montaje de ninfas secas, de mujeres guerreras, de blancas novias, de irremediables madres, de princesas.
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75 puñaladas, dadas sin saña

Alberto Morate

Un mayordomo y un inspector. Un asesinato y la búsqueda de un motivo. Una coartada y muchos misterios por resolver. Una noche de tormenta. Velas encendidas por si se va la luz. Coñac francés. Un gran ventanal. El té. Un cuchillo jamonero. Ingredientes para componer una trama de intriga y misterio, terrible y escabrosa.

Y, sin embargo, Martín Giner, el autor, de modo sarcástico y divertido, le saca la punta al cuchillo de asesinar y convierte el argumento en una parodia del género policíaco. Y a través de unos diálogos ingeniosos y unos personajes aparentemente capacitados, nos resultan incongruentes y un tanto torpes, sobre todo el inspector.
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¡ARREA!, el musical punk-rock de Mamá Ladilla

Alberto Morate

Asistimos a un espectáculo completo. Por un lado, un concierto del grupo punk-rock “Mamá Ladilla”, que nos deleita, nos pone en órbita, nos encandila. Por otro (lado), una historia, una comedia, una sátira, una crítica, la actualidad actual, (redundancia porque me da la gana), mucho humor, los políticos corruptos al paredón, las noticias absurdas no tan alocadas, televisión, teatro, música, interpretación, enredo, disparate, el dedo en la llaga, la risa floja y la risa sarcástica, reminiscencias del pasado que aún impera a sus anchas, riesgo de subir por lo alto como Carrero aunque este baje, la mecha encendida, la batería atronando, los gestos de Abel del Fresno y sus baquetas irrefrenables, el bajo gigante y grande de Sergio González, la guitarra eléctrica y nada ecléctica de Juan Abarca y las letras y los estribillos, (lástima que no se entendieran del todo), pero lo que sí se entendía era la trama, cazar elefantes y delfines blancos, los alemanes que nos gobiernan, las tarjetas descoloridas pero negras, las becarias que sueñan, el secretario explotado, el preboste excedido, el pasado que no se marcha; todo ello en el cuerpo y voz de Lourdes Martínez, qué guapa, qué sensible, qué manera de explotarla, y de Erik Gatby que no para, puro nervio, servilismo, venganza no preparada, y Diego Pizarro, apoltronado en su gobierno sin ser político, no le hace falta, la sociedad de nuestra España, nuestra querida España, dada la vuelta, despellejada, pero divertida, así somos, así nos lo presentan la compañía Teatraco a las doce, con un ritmo que no ceja ni un instante, Nacho Bonacho y Juan Expósito dirigiendo tan alocado musical, tan extraño concierto, tan hilarante comedia, tan completo espectáculo como ya hemos dicho antes, que empieza como acaba, y acaba como se espera y el público enganchado a canciones y personajes, a carcajadas y disparos, a suplantaciones y desmanes.
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SÉNECA o el beneficio de la duda

Alberto Morate

Luci Anneo Séneca, o el estoicismo personificado. Hierático, filósofo y escritor, también fue tutor de Nerón. Había que ganarse las habichuelas, aunque, supuestamente, despreciara el valor del dinero.

Antonio Gala nos lo rescató como personaje teatral allá por el año 1987. Reconozco que no vi aquel montaje. Por lo tanto, no puedo contrastar las diferencias o similitudes con este otro que dirige Emilio Hernández en el Centro Dramático Nacional. En definitiva, también daría lo mismo.


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Los esclavos de mis esclavos

Alberto Morate

Sometidos. Secuestrados. Quizás pagando con la misma moneda de cambio. Situación comprometida.

Al borde de la vida, al borde de la muerte.

Al otro lado de la tierra prometida y nunca conseguida.

El infierno en una cueva, buscando respuestas, haciendo preguntas, sintiéndose solos, queriendo comprender, pero hablando un idioma de sordos.

No necesariamente ininteligible, sí alejado de lo que unos y otros opinan.

Yanquis, franceses, españoles, rusos,… quién conoce realmente otras culturas.


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El Corazón entre ortigas, teatro y poesía.

Alberto Morate

“Asesinado por el cielo”, escribió Lorca sintiendo, quizás, lo que se le venía encima. Pero no fue el cielo. Ni mucho menos la poesía. Ni siquiera sus ideas políticas. Le asesinaron, como a tantos otros, en el camino de la envidia. En el trayecto de la incomprensión, del odio, de la intolerancia, de la incultura cainita.

Un amigo suyo, uno entre muchos otros, quiso salvarlo, le instó a que abandonara España en tiempos convulsos y que protegiera su vida. Lorca no supo ver las fatídicas rencillas, pensó, ingenuo, que todo era una rabieta de gente molesta que protestaba con energía. Pero se ensañaron con él, y su amigo no se lo perdonó a sí mismo. Y, entonces, Carlos Morla Lynch, a la sazón embajador de Chile en este país convulsionado, se propuso ayudar a todo aquel que lo necesitara, que eran muchos.


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Un Tonto En Una Caja, o dos o los que hagan falta

Alberto Morate

Nada más entrar, y según un criterio muy personal de quien revisa las entradas, te asignan una categoría: Pequeño, Grande o Notable.

Así ocurre también en nuestra sociedad. Si bien más por una cuestión de azar de donde naces que de manufacturación superior. Si te toca vivir en la pobreza, ganarse el pan con el sudor de la frente, o poder estudiar, emprender negocios y proyectos, o vivir del cuento porque te respaldan tus ancestros, es una cuestión de suerte. Ahora bien, ese destino ya no es el de las antiguas tragedias griegas cuyos protagonistas no podían hacer nada por evitarlo. Con esfuerzo, inteligencia, estratagema, trabajo, interés, vocación y, ¿por qué no?, algo de suerte, puedes hacer que tu futuro se parezca un poco a lo que quieres o deseas.


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Las Hermanas Rivas, vida apacible

Alberto Morate

La apacibilidad de una vida tranquila puede verse debilitada, si no de repente, sí por un cambio que no habíamos imaginado ni previsto tiempo atrás.

Las hermanas Rivas no son rivales. Cada una tiene su carácter, su forma de vivir, aunque compartida, y de ver las cosas, de sentirlas.

Hasta que un “potro” desbocado y sin arnés irrumpa en la existencia de ellas y, también sin proponérselo, tenga que verse forzado a tomar una decisión que no quiere. Él también busca una vida apacible, sin complicaciones. Pero tendrá que enfrentarse a su peor combate, (él es boxeador), y para eso no le valdrá estar entrenado.
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