Pares y Nines, un juego con la vecina

Alberto Morate

Siempre Pares, porque cuando son Nones, es que la cosa es un poco complicada. Aun así, solamente Pares también se complica. Y, claro, si en un par se cuela un tercero ya son Nones, pero si ese impar, se llama Nines, y es la vecina que encandila, acabaremos hablando de números primos y no naturales. Además, uno de los protagonistas es profesor de matemáticas, hiperactivo, y el más afectado de este juego dramático y perfectamente construido por José Luis Alonso de Santos, que ya estrenó la obra en 1988. Y no han pasado los años por ella, sino que, además, ha mejorado.

Un juego. Pares o Nones no deja de ser un juego de manos donde el azar y la probabilidad es una baza importante. En Pares y Nines también hay juego, pero de corazón enamorado. Y la suerte también es un factor importantísimo, pues dependerá de las relaciones posteriores.

En este texto de comedia y singularidad argumentativa, se dan situaciones cotidianas y habituales, el pan nuestro de cada día y, al mismo tiempo, situaciones impensables, que solo un fuerte lazo de amistad es capaz de soportar entre los personajes. Sin embargo, esas mismas situaciones no son ridículas. Es de lo más normal que una pareja de amigos, sigan siéndolo después de que uno le quita la mujer al otro. Entre comillas, algo que sucede todos los días. También es una situación nada increíble que una chica de 22 años vaya buscando compañía y pruebe cuál le cuadra para demostrar su valía. Pero si todo se sostiene y aparece con naturalidad pretendida, es porque el texto de Alonso de Santos, es fresco y divertido, lleno de ritmo, bien medido, escrito con pasmosa facilidad en los diálogos y en escenas jocosas que uno se imagina. Y la dirección de Miguel Murga (¿por qué no se especifica en el programa de mano?) que lo versiona para nuestros días y dirige con esa esencia de comedia, si no de enredo, sí de comedia de caracteres o de figurón y un poco satírica.

Los actores están sobresalientes y en su justa medida. Sobre todo, Carlos Chamarro que interpreta con gran simpatía a su personaje todo dudas, todo hiperactividad, todo con una visión tan pesimista de la vida, que arranca las risas más aplaudidas. Y Josep Linuesa le da la réplica con sabiduría y paciencia, y amistad infinita. Mónica Corral la Nines de la discordia, pero que no tiene la culpa, sino que incentiva.

Un rato de teatro más que agradable, y mejor verlo en buena compañía.