De príncipes y coristas está el mundo lleno

Alberto Morate

Desde tiempos inmemoriales. Grandes políticos, regidores, gobernantes, financieros, empresarios, simplemente millonarios, quieren divertirse, pasar una noche loca, entretenerse, buscar una salida a su soledad.

Y habrá una corista, o una secretaria, una actriz, una empleada cualquiera, una dependienta, que halagada por los fastos que le presentan, caerá en la trampa. Lo que pasa es que se trocarán las expectativas. Y la mujer no será tan tonta como parecía ni el hombre tan prepotente como se le suponía.

Así es El príncipe y la corista, de Terence Rattigan, dramaturgo inglés del siglo XX, que suele retratar una sociedad burguesa y apolillada.

Con temas como la soledad, los desengaños amorosos, la incomunicación, infidelidades,… En este caso además hay intriga política, humor, enredos en las relaciones.
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Wenses y Lala, una historia de corazón

Alberto Morate

Cuando vas al teatro y ves una función come esta, de ternura, de amor, de corazón, de amistad, de amor, de penurias, de sentimientos,… y se te pone un nudo en la garganta y en el pecho y agua en los ojos, como dicen en el texto, y quieres saber más de esos personajes humanos, `fieramente humanos’, sensibles, cariñosos, tímidos, reales, sencillos, cercanos,… entonces, crees en la puesta en escena, en las virtudes del teatro en sí mismo, te haces mejor persona, crees en la necesidad de comunicarnos, en conocernos, en la emoción que produce en el corazón lo que estamos viendo, en el arte de la interpretación.

Con una historia de Adrián Vázquez, la actriz y directora Elena Olivieri, nos coge de la mano y nos entrega una bellísima representación que no tiene fronteras, que es un canto de amor, una lumbre encendida, el sabor de la sangre en dos personas que son árboles, que primero unirán sus ramas/brazos para enraizarse en su cariño eterno.
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Los amores oscuros, poesía en vivo

Alberto Morate

“Esta noche te pido

agua para mis ojos,

sombra para mis gritos.”  F.G.L.

 

La claridad de Lorca ante Los amores oscuros. El poeta luminoso, alegre, vivaz, musical, dicharachero,… frente a la ocultación de sus amores.

En este caso de su amor, Juan Ramírez de Lucas, 19 años más joven que él, que calló su relación hasta su muerte. En medio de ellos, la poesía viva. Y el escarnio de los demás. Los tiempos convulsos.

Podría hablar mucho sobre este amor y los sentimientos que conllevan. Pero quiero centrarme sobre el montaje que he visto. Sensibilidad exquisita. Como dijo el propio Federico: “El teatro es poesía que sale del libro para hacerse humana”. Aquí se demuestra con creces. Desde el principio, desde el sueño pesadilla de Juan, interpretado por Antonio Campos, pasando por lo que sucedió y sucede, hasta el final que es una vuelta al principio.
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