Maldita Locura

Alberto Morate

Uno se vuelve loco sin saber por qué exactamente. Si lo supiéramos sería más fácil curarnos o, al menos, sabríamos el origen de muchos de nuestros males psicológicos. Pero como no lo sabemos, tenemos que recurrir a doctores doctos y sesudos, que experimentan con nosotros a base de dar palos de ciego.

En Maldita locura de Jesús Sanz-Sebastián, que también la dirige, el eminente doctor es doctora, y bien guapa, que prefiere como terapia de su paciente, unas cuantas canciones, mucho cariño o algo más, nada de pastillas, y llegar al meollo de tan mala dolencia que hace que su paciente, con trastorno de personalidad múltiple no sepa ni quien es con los lógicos perjuicios.

Pero la historia pasada se va desgranando, con esas canciones bien interpretadas que hacen ameno y distinto el argumento. Hay, como hemos dicho, ternura, sentimiento, atracción física, coherencia y humor, guiños, frescura, y ritmo. Y se va consiguiendo poco a poco, hasta hacer que los personajes sean, entre nosotros y para nosotros, casi amigos.

Eduardo Tato y Allende Blanco interpretan bien, se compenetran, se ajustan a estos dos seres humanos, que en el fondo, son dos seres desvalidos, solitarios, necesitados de afecto que se buscan en un mundo ficticio. Alberto Torres en el piano en directo acompaña las canciones con tino.

Al final una sorpresa nos espera, aunque ya lo intuimos. Buen texto, buena puesta en escena, buena interpretación, buena producción que se sigue con cariño. El que le hace falta al protagonista para salir de su abismo.